San Asensio, dos nombres sobre el cerro
Entre San Asensio y Davalillo hay una historia de nombres compartidos, traslados y permanencias. El cerro y el terreno que desciende hacia el Ebro y el Najerilla enmarcan un relato en el que no siempre es fácil separar una población de la otra.
Viñedos de San Asensio y, al fondo, el castillo de Davalillo: dos referencias del paisaje en el que se cruzan las historias de la villa y su antiguo vecino.
En San Asensio, la historia no se deja encerrar en una sola silueta. El pueblo se alza sobre un cerro; al norte del término está el conjunto de Davalillo, con su castillo medieval. A ambos lugares los unen documentos antiguos y una noticia persistente: que los habitantes de Davalillo fueron trasladados a San Asensio. Pero los registros posteriores vuelven a nombrar Davalillo, como si aquella mudanza no hubiera borrado el asentamiento anterior, o como si los nombres hubieran designado lugares distintos en momentos distintos. Seguir esa pista permite recorrer también el paisaje municipal: desde las elevaciones hasta la ribera del Ebro, en un territorio que incluye asimismo el valle del Najerilla.
El cerro entre el Ebro y el Najerilla
El relieve ayuda a situar la escena, aunque no resuelve por sí solo la historia de sus pobladores. San Asensio se encuentra a 535 metros sobre el nivel del mar. Dentro del municipio, las cotas descienden hasta 420 metros a orillas del Ebro y alcanzan 610 metros al sur. La ribera, las elevaciones y los páramos aislados componen un paisaje con diferencias visibles de altura; el Najerilla marca el límite oriental con Cenicero y Uruñuela. Davalillo y San Asensio forman parte de este mismo marco, pero los datos no permiten atribuir a una forma concreta del terreno la mudanza que se cuenta en la tradición.
El estudio geotécnico describe el subsuelo municipal mediante varias clases. La más extensa reúne areniscas, conglomerados y flysch, con un 62,81 %; aparecen también arenas finas y limos (17,35 %) y gravas y arenas compactas (11,90 %). Son nombres de materiales distintos, y el conjunto ofrece una imagen más variada que la de un suelo uniforme. La clasificación corresponde al término municipal: no identifica automáticamente la roca de un edificio ni la de una ladera determinada. Sí permite entender que bajo el paisaje de San Asensio no hay una única clase de sustrato en todas partes. Sobre esa diversidad se despliegan el cerro habitado, las tierras de cultivo y los descensos hacia los valles.
Davalillo entra en los documentos
La primera fecha que abre esta historia es 1052. La historia municipal relaciona con Davalillo una donación de García Sánchez, llamado el de Nájera, al monasterio de Santa María la Real de Nájera. En cambio, otra formulación del documento reproduce el nombre latino «Sanctum Salvarorem de Ascensio cum omnibus suis pertinentiis». Las fuentes vinculan así el comienzo documental de la villa con un territorio cuyos nombres no encajan siempre de manera sencilla. El recinto de Davalillo, según la historia local, fue amurallado en esa época; durante años, el castillo y el pueblo estuvieron en una línea fronteriza del antiguo reino de Navarra, al servicio de los reyes castellanos.
En ese paisaje de frontera, la relación entre los dos lugares se vuelve más que una cuestión de nombres. Davalillo aparece como comunidad y como fortaleza; San Asensio va quedando registrado también como villa. La historia local recoge que un privilegio de 1096, atribuido a Sancho el Bravo, hablaba del traslado de los habitantes de Davalillo a San Asensio. La noticia no permite afirmar que el pueblo quedara vacío: los testimonios posteriores vuelven a situar representantes bajo el nombre de Davalillo. Más que una marcha definitiva, los papeles conservan la huella de una relación persistente entre ambos asentamientos. El terreno compartido ofrece el escenario; los documentos muestran cómo las comunidades podían cambiar de nombre, de lugar o de vínculo sin desaparecer de golpe del relato.
La Iglesia de la Ascensión en San Asensio. Su construcción avanzó entre finales del siglo XV y el XVI, con reutilización de materiales románicos.
El nombre de Davalillo vuelve a aparecer
En 1315, Martín Pérez figura como procurador de «Davalillo» en las Cortes de Castilla celebradas en Burgos. Cuarenta y tres años después, el 6 de agosto de 1358, representantes de Davalillo asistieron en Haro a una reunión de pueblos próximos. Allí se acordó una hermandad para auxiliarse frente a malhechores o poderosos; la narración histórica municipal menciona también los pleitos sucesorios, las bandas de ladrones y las refriegas fronterizas que daban contexto a aquella iniciativa. En esa relación de participantes no aparece San Asensio.
La ausencia de un nombre no demuestra que sus habitantes hubieran dejado de vivir allí, y la presencia del otro tampoco explica por sí sola cuántas personas ocupaban cada lugar. Lo que sí queda claro es el resultado documental: en el siglo XIV, Davalillo seguía actuando como comunidad identificable y participaba en acuerdos de defensa mutua. El conflicto no concluyó en un traslado que podamos dar por definitivo. La historia conserva dos huellas paralelas: San Asensio figura como villa y Davalillo mantiene nombre y representación. Ese desenlace evita convertir una noticia de mudanza en una desaparición que los propios registros posteriores contradicen.
El castillo y la villa dejan huellas distintas
En el siglo XV, el castillo de Davalillo aparece citado en documentos relacionados con cesiones y pleitos. La fortaleza permanecía así en una historia de disputas y fronteras, mientras San Asensio seguía reuniendo su propia vida de villa. La diferencia entre ambos lugares queda inscrita en el paisaje y en la documentación: de un lado, el nombre de Davalillo unido a su castillo y a las actuaciones de sus representantes; del otro, San Asensio, asentado sobre el cerro y reconocido como localidad. No hace falta imaginar una población que se esfuma para comprender el cambio: el relato disponible muestra continuidad, pero también formas distintas de presencia.
El relieve municipal hace visible esa convivencia de niveles y escenarios. Desde la localidad elevada, el terreno se prolonga hacia el Ebro, mientras al este el Najerilla marca un límite entre municipios. Las diferencias de altura ayudan a leer el territorio como un conjunto de cerros, páramos y riberas, no como una superficie idéntica. La información geotécnica aporta otra escala: registra areniscas, conglomerados y flysch como clase dominante, además de depósitos descritos como arenas, limos y gravas. Ninguna de esas categorías explica por sí sola por qué una comunidad ocupó un lugar u otro. Juntas, sin embargo, sitúan bajo la historia humana un sustrato diverso que acompaña el paisaje en el que esos nombres perduraron.
La Ascensión consolida otra etapa
En el casco de San Asensio, la Iglesia de la Ascensión ofrece una huella material de una etapa posterior. Su construcción comenzó a finales del siglo XV. Hacia 1520 se había realizado casi toda la nave reutilizando materiales románicos; a mediados del siglo XVI se hicieron los muros de la nave y la escalera, se colocó la cúpula y se construyó el segundo cuerpo de la torre. El edificio no fue obra de un solo momento: avanzó por fases y volvió a emplear materiales de una construcción anterior. Esa reutilización vincula la nueva iglesia con un pasado arquitectónico que no desapareció del todo, sino que pasó a formar parte de otra estructura.
También las casas blasonadas de los siglos XVII y XVIII mantienen la piedra a la vista en el centro de la villa. No es posible asignarles, a partir de la clasificación municipal, una litología concreta; su importancia aquí es otra: muestran cómo el asentamiento siguió tomando forma con edificios que todavía reconocemos por sus fachadas, balcones y escudos. En 1790, San Asensio fue uno de los municipios fundadores de la Real Sociedad Económica de La Rioja. Para entonces, su nombre ya recorría una historia documentada de siglos, mientras Davalillo seguía presente como castillo, lugar y memoria compartida.
Al final, la mudanza de 1096 no borra a Davalillo del mapa de la historia. En los documentos posteriores reaparece su comunidad, y San Asensio continúa su propia trayectoria sobre el cerro. Entre ambos queda un paisaje de valles, alturas y materiales diversos; también una iglesia que reutilizó piezas antiguas para levantar una obra nueva. Dos nombres, dos huellas y un terreno común: esa es la forma en que el relato ha llegado hasta hoy.
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