Historia geológica Localidad Salas de los Infantes

Salas de los Infantes, huellas con casa

En Costalomo, un yacimiento de icnitas de dinosaurios sitúa a Salas de los Infantes en una historia escrita sobre el terreno. La trayectoria del Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense muestra cómo el patrimonio paleontológico llegó también a tener un lugar en la vida pública de la localidad.

La iglesia de Santa Cecilia, en Salas de los Infantes, forma parte del paisaje urbano donde hoy se divulga el patrimonio paleontológico local.

La iglesia de Santa Cecilia, en Salas de los Infantes, forma parte del paisaje urbano donde hoy se divulga el patrimonio paleontológico local.

Foto: Miguel. (respenda), CC BY 2.0 — commons.wikimedia.org

Costalomo es el nombre que orienta esta historia. En el término municipal de Salas de los Infantes se encuentra el yacimiento de icnitas de dinosaurios: una huella local que permite enlazar el terreno con una labor colectiva desarrollada durante décadas. El registro disponible no detalla aquí la forma de cada marca ni su antigüedad; sí permite seguir otro recorrido concreto: el del trabajo paleontológico del Colectivo Arqueológico-Paleontológico Salense (CAS), que terminó convirtiéndose en museo, jornadas y fundación.

Ese recorrido transcurre en un municipio de paisajes diversos. Salas de los Infantes reúne, además de la localidad principal, Arroyo de Salas, Castrovido, Hoyuelos de la Sierra y Terrazas. El río Arlanza entra por Castrovido, atraviesa el centro urbano y sale por el municipio de La Revilla y Ahedo. En el territorio municipal, el relieve va desde los 1.434 metros del pico Humarrero hasta los 940 metros a orillas del Arlanza; el núcleo de Salas se encuentra a 964 metros. No es un escenario uniforme, sino una sucesión de montañas, valle y cauces.

Costalomo pone las huellas en el mapa

La palabra icnita nombra una huella fósil. En Costalomo, ese nombre identifica un yacimiento de icnitas de dinosaurios y le da a Salas una referencia paleontológica singular. No es necesario convertir la huella en una escena imaginada: basta con reconocer qué cambia cuando un lugar se identifica como yacimiento. El terreno deja de ser solo el fondo del paisaje y se vuelve también un sitio vinculado a señales de vida antigua, objeto de estudio y parte del patrimonio de la localidad.

La geología que rodea esa historia se entiende primero a escala municipal. El estudio geotécnico de Salas agrupa los materiales del término en varias categorías: areniscas, conglomerados y flysch representan el 41,94 %; calizas, dolomías y mármoles, el 33,84 %; y gravas y arenas compactas, el 21,67 %. Son conjuntos distintos, no una única roca extendida por todo el municipio. La clasificación sitúa bajo el paisaje una diversidad de materiales, aunque no asigna cada grupo a Costalomo, a una calle o a un edificio concreto.

Las cifras cobran sentido junto al relieve: el río atraviesa el núcleo, mientras las pedanías se extienden entre cotas bastante diferentes. En Hoyuelos de la Sierra, el río Pedroso marca parte del límite municipal; el Arlanza acompaña el eje que pasa por Salas. Estos nombres permiten orientarse sobre el terreno y entender que el patrimonio paleontológico pertenece a un municipio más amplio que su centro urbano. La historia de Costalomo convive así con una geografía de valles, montañas y cursos de agua, y con un subsuelo que el estudio describe mediante grupos de materiales diversos.

El Arlanza reúne asentamientos distintos

Mucho antes de que el CAS trabajara por la paleontología, el territorio ya había sido ocupado por comunidades de distintas épocas. La historia local sitúa a los Pelendones, una tribu celtíbera, en un castro sobre una colina. Con la llegada de los romanos se estableció un asentamiento a orillas del río. Dentro del actual municipio, Castrovido contó también con otro asentamiento celtíbero. Colina y ribera aparecen, por tanto, como lugares diferentes dentro de una misma historia humana; las fuentes no atribuyen esa distribución a una causa geológica concreta.

La presencia del Arlanza ayuda a seguir el mapa de esos emplazamientos sin confundirlos. El río entra por Castrovido y pasa por el centro de Salas; la referencia al asentamiento romano a orillas del agua pertenece a la historia de la localidad, mientras que el castro de los Pelendones se describe en una colina. Son posiciones distintas sobre un paisaje de valle y montaña. La diferencia importa: en vez de imaginar un único asentamiento inmóvil, el lector encuentra huellas de ocupación en más de un punto del término.

Castrovido protege la fundación

En el año 974, García Fernández fundó la ciudad de Salas. Más tarde sería llamada Salas de los Infantes, en recuerdo de los Siete Infantes de Lara, conocidos por el cantar de gesta y por romances populares. En esa misma época se construyó el cercano castillo de Castrovido para proteger el asentamiento de Salas. La historia local vincula así fundación y defensa: junto a la nueva ciudad, un castillo debía amparar el núcleo. El sitio arqueológico de Castrovido y el castillo pertenecen a episodios diferentes; el nombre del lugar no los convierte en una sola etapa.

El relieve da escala a esta historia sin reemplazar sus hechos. El término combina la altura del Humarrero con la ribera del Arlanza y el núcleo urbano a 964 metros. En ese marco, las referencias a la colina, al río y al castillo cercano ayudan a imaginar una población vinculada a varios puntos del valle. Pero la explicación documentada de la fortificación es directa: se levantó para proteger el asentamiento. La geografía sitúa esa acción; no hace falta atribuir al terreno una decisión que corresponde a sus habitantes.

Muchos siglos después, Costalomo ofreció otro modo de relacionarse con el territorio: el estudio de las huellas de dinosaurios. La historia de ese trabajo no comienza con una fecha de hallazgo especificada en la información disponible, sino con la continuidad del colectivo salense. Para cuando se inauguró el Museo de Dinosaurios en 2001, el CAS llevaba 26 años trabajando en favor de la paleontología. Esa duración es el hilo humano más claro de la historia: una labor mantenida durante años hasta encontrar una institución donde sus fondos pudieran exponerse.

La plaza de Jesús Aparicio muestra un espacio del núcleo urbano de Salas de los Infantes, escenario actual de una historia que enlaza paisaje y patrimonio.

La plaza de Jesús Aparicio muestra un espacio del núcleo urbano de Salas de los Infantes, escenario actual de una historia que enlaza paisaje y patrimonio.

Foto: Zarateman, CC0 — commons.wikimedia.org

El CAS convierte el trabajo en museo

El museo abrió en 2001, y ese mismo año el colectivo donó todos sus fondos al Ayuntamiento de Salas de los Infantes para que se expusieran allí. El paso transforma el destino de la labor del CAS: los fondos dejan de pertenecer solo al ámbito de trabajo del colectivo y pasan a formar parte de una institución especializada en paleontología, abierta a la exposición pública. El resultado no es una afirmación abstracta sobre la importancia de las huellas, sino una acción concreta en Salas: reunir y mostrar fondos en un museo local.

La plaza de Jesús Aparicio ofrece otra imagen de la localidad actual: fachadas, soportales y edificios alrededor de un espacio urbano reconocible. No es una ilustración del yacimiento ni del trabajo del colectivo. Su lugar en este recorrido es más sencillo: recuerda que la historia geológica y paleontológica se cuenta desde una población habitada, con espacios propios y una trayectoria que va de los asentamientos antiguos a las instituciones contemporáneas.

El museo tampoco quedó como un episodio aislado. Desde 1999 Salas organiza las Jornadas Internacionales sobre Paleontología de Dinosaurios, de modo que esa cita precede a la inauguración del museo. En 2004 nació la Fundación para el Estudio de los Dinosaurios en Castilla y León, con el objetivo de promocionar, gestionar y divulgar el museo y el patrimonio de la zona. En la secuencia documentada, el trabajo del CAS, las jornadas, el museo y la fundación forman una continuidad institucional alrededor de la paleontología.

Ese desenlace devuelve la mirada a Costalomo. El yacimiento de icnitas de dinosaurios sigue siendo una referencia patrimonial del municipio; el museo proporciona un lugar para exponer los fondos donados por el colectivo, y las jornadas mantienen a Salas en el calendario de la paleontología. La historia comenzó con una huella nombrada en el paisaje y desembocó en una red local de estudio y divulgación. Entre el Arlanza, las montañas y los distintos materiales del término, Salas hizo sitio a ese pasado: no solo en el terreno, sino también en sus instituciones.

Tipos de terreno en Salas de los Infantes

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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