Historia geológica Localidad Riola

Riola, hierro frente al Júcar

En Riola, un puente de hierro cruza el Júcar y sostiene también una conducción de agua. Su historia enlaza una llanura formada por sedimentos, las crecidas del río y la decisión de construir un paso más firme entre las dos orillas.

El Pont de Riola cruza el Júcar con sus arcos metálicos y sostiene la conducción de agua bajo el tablero.

El Pont de Riola cruza el Júcar con sus arcos metálicos y sostiene la conducción de agua bajo el tablero.

Foto: Vicenç Salvador Torres Guerola, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

El Pont de Riola se reconoce por sus arcos metálicos tendidos sobre el Júcar. Bajo el tablero, unos tubos de fibrocemento llevan agua; en los extremos, el puente descansa sobre pilares de sillares de piedra. No es solo una línea para pasar de una orilla a otra: reúne dos necesidades distintas, cruzar el río y conducir agua, en un lugar donde el cauce forma parte inseparable de la vida cotidiana.

Riola, una llanura hecha de sedimentos

Riola se asienta en la margen derecha del Júcar, que discurre por la parte septentrional del término. El relieve es una llanura de origen aluvial: un terreno construido por materiales que el agua transporta y deposita. La descripción geográfica local sitúa esos sedimentos en el Holoceno, la época más reciente del Cuaternario. Aquí, por tanto, el paisaje no está dominado por una montaña o un barranco, sino por una superficie llana junto a un río que riega la huerta y los arrozales.

Un suelo aluvial no equivale a una plataforma uniforme de roca. Los sedimentos pueden incluir materiales de distinto tamaño, acumulados en una llanura durante etapas sucesivas. El estudio geotécnico de Riola clasifica, para el término municipal, un predominio de arenas finas y limos: 82,18 %. También registra arcillas expansivas blancas o blandas (8,41 %), masas de agua (4,59 %) y gravas y arenas compactas (3,34 %). Son categorías que dibujan un terreno sedimentario; no identifican por sí solas el material preciso bajo cada estructura.

La variedad importa porque una llanura puede parecer sencilla desde lejos y, sin embargo, estar compuesta por sedimentos diferentes. Arenas, limos y arcillas no son nombres intercambiables: describen materiales de tamaño y comportamiento distintos. La superficie que permite extender cultivos y construir sobre un relieve poco accidentado tiene también una historia de acumulación. En Riola, esa historia geológica y el uso humano del agua se encuentran a la vista: el Júcar es el rasgo geográfico principal y sus aguas sirven para regar.

Las crecidas entran en la historia de Riola

El río que alimenta los riegos también desbordó sus orillas. Riola sufrió graves inundaciones en 1864, y una tragedia de intensidad casi igual se repitió en 1916. No hace falta convertir cada crecida en una escena inventada para entender el contraste: la llanura aluvial y el cauce que la recorre son parte del mismo paisaje, pero el agua que hace posible el riego puede superar sus márgenes.

La comunidad tenía además una larga relación con la agricultura. En 1646, después de la expulsión de los moriscos, Riola contaba con 59 casas habitadas, unas 250 personas. El municipio se recuperó durante el siglo XVIII y en 1794 alcanzó 150 vecinos, más de 700 habitantes. En 1900 tenía 1.000 habitantes. Más tarde, los buenos precios de la naranja durante el segundo y el tercer decenio del siglo XX impulsaron un rápido aumento: el censo de 1950 contabilizó 1.608 personas. El río, sus tierras y el trabajo agrícola formaban parte de una localidad en crecimiento.

Ese crecimiento no explica por sí solo la decisión de construir el puente, pero ayuda a entender el valor de un paso estable. Antes del Pont de Riola de hierro había en el lugar un puente de barcas. El cruce, por tanto, ya tenía una historia; el nuevo proyecto debía sustituir aquella solución por otra capaz de reunir el tránsito entre las orillas con una conducción de agua.

El azud y el cauce muestran el Júcar en el paisaje llano de Riola.

El azud y el cauce muestran el Júcar en el paisaje llano de Riola.

Foto: Vicenç Salvador Torres Guerola, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En la Cruz de Muzquiz, un puente y una tubería

El 20 de mayo de 1898, Higinio Chofre Calpe, abogado vecino de Valencia, compró por 1.500 pesetas la concesión para construir un puente de hierro entre Sueca y Riola, en el paraje entonces conocido como Cruz de Muzquiz. La concesión había pasado antes por Lisardo García, que la adquirió de los herederos de la primera concesionaria, María Ramos, viuda de Calatayud. El proyecto tenía así una historia anterior a la compra de Chofre, aunque fue él quien dio el siguiente paso decisivo.

Cinco días después, el 25 de mayo, Chofre cedió la mitad de sus derechos a Bernardo Aliño Alcaraz, médico cirujano de Sueca. Por 750 pesetas, Aliño entró en el proyecto y ambos constituyeron la sociedad Chofre y Aliño, con un capital social de 10.000 pesetas. La escritura incluía una cláusula singular: autorizaba a Aliño a sostener en el puente el tubo de agua que debía atravesar el río.

La tubería respondía a otra obra de Aliño: una canalización para llevar hasta Sueca el agua de un manantial situado en un huerto suyo en Corbera. La conducción añadió una segunda tarea a la estructura. El puente no debía limitarse a ofrecer un paso sobre el Júcar; tenía que servir también de soporte al tubo. La misma obra iba a conectar orillas y transportar agua, enlazando Riola y Sueca con un recurso que nacía en Corbera. La información local indica que esa conducción sigue abasteciendo a Polinyà de Xúquer, Riola y parte de Sueca.

Los trámites abren el camino al arco de hierro

En noviembre de 1899, los alcaldes de Sueca y Riola, Joan Llopis Llombart y Enric Chaqués Montagut, entregaron a la sociedad los estribos, las rampas y la caseta del guarda del antiguo puente de barcas para ejecutar las obras. El paso anterior no desaparecía simplemente del relato: sus elementos y su emplazamiento formaban parte de la transición hacia el nuevo puente.

El 2 de diciembre, las autoridades y los representantes que acompañaban el trámite marcaron en ambas orillas los hitos de los terrenos que debían expropiarse. La operación siguió el plano topográfico preparado por el Ingeniero Provincial de Obras Públicas. Es una escena concreta de transformación del lugar: antes de levantar el arco, había que fijar sobre el terreno el espacio necesario para la obra. Después de esos trámites comenzaron los trabajos.

El puente se construyó según el sistema bowstring, un tipo de arco metálico. Tiene dos arcos elípticos paralelos, unidos al tablero por tirantes rectos; el tablero queda por debajo de los arcos. Sus extremos descansan en pilares de sillares de piedra y la parte inferior sostiene los tubos de fibrocemento. La estructura fue diseñada para soportar las fuertes crecidas del Júcar. El diseño reconoce la dificultad que plantea un río capaz de desbordarse: el paso debía salvar el cauce y mantenerse sobre él.

El Júcar queda bajo el tablero

La cronología sitúa en 1916 otra gran inundación, casi tan intensa como la de 1864. El puente, cuyas obras habían empezado años antes, no aparece como una respuesta documentada a una crecida concreta: su diseño sí estaba pensado para resistir las fuertes avenidas. La inauguración se sitúa, con cautela, en 1918. Entre el proyecto, los acuerdos sobre los terrenos y la obra terminada, el antiguo cruce de barcas dio paso a una estructura de hierro con una función nueva y más compleja.

Décadas después, el Pont de Riola fue rehabilitado hacia 1988-89. El arco permanece como huella de aquella transformación; debajo, la conducción recuerda que el puente también se construyó para transportar agua. Riola sigue siendo una llanura junto al Júcar, y el río conserva su doble papel: sostiene los riegos y obliga a construir con atención a sus crecidas. Al mirar el puente, se ve algo más que un cruce: una respuesta de hierro, piedra y tubería a las condiciones de un paisaje aluvial.

Tipos de terreno en Riola

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Arcillas Expansivas Blancas/Blandas
    Peligro

    Arcillas Expansivas Blancas/Blandas

    Las grandes reinas de la patología en edificación civil de España. Se presentan frecuentemente en las tierras de barros cordobesas y badajoz, vegas del Guadalquivir (Mairena, Carmona), cuenca miocena

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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