Ribadeo llevó hasta el mar el hierro que necesitaba pasar por el fuego
Los restos del antiguo cargadero de Ribadeo señalan el lugar donde el mineral del interior encontraba su salida al mar. Para entender por qué llegaron hasta allí un ferrocarril y dos depósitos distintos hay que seguir el hierro desde las minas de A Pontenova y su paso por los hornos.
Entrando en Ribadeo desde Asturias por A Ponte dos Santos, podemos observar a nuestra derecha estas espectaculares vistas. Lástima que la neblina nos turbie la visión de la localidad de Castropol.
Porto Estreito recibió una construcción capaz de cargar entre 1200 y 2000 toneladas de mineral por cada ocho horas trabajadas. Entre 1902 y 1904 se levantó allí el cargadero de Ribadeo, una estructura metálica que prolongaba hasta la ría el camino del hierro extraído en Vilaoudriz, en A Pontenova. No todo aquel mineral llegaba igual: había un depósito para mineral rubio y otro para mineral calcinado. ¿Por qué un puerto necesitaba distinguir entre ambos? La respuesta comienza en la composición del hierro y en las instalaciones necesarias para prepararlo antes de su exportación.
El puerto esperaba una carga distinta
Ribadeo había comerciado con el Báltico antes de convertirse en salida del hierro de Vilaoudriz. Su apogeo portuario estuvo ligado al intercambio con aquellos países, especialmente a través de Riga, desde donde se importaba el aguardiente conocido como Kümmel de Ribadeo. La competencia de otros puertos, entre ellos Gijón, contribuyó a su decadencia a mediados del siglo XIX.
El comienzo del siglo XX trajo otra mercancía y una conexión diferente con el interior. Según la historia publicada por el Concello, la necesidad de transportar el mineral de A Pontenova hasta el puerto ribadense propició la instalación del ferrocarril. La explotación minera no se encontraba en Ribadeo, pero su salida marítima sí: esa separación explica la construcción de una infraestructura que unía ambos lugares.
La ría fue el extremo de aquella cadena industrial.
Si miras hacia ella, el cargadero permite situar el punto donde terminaba el recorrido terrestre y comenzaba la exportación. La Cámara Oficial Mineira de Galicia lo localiza en la entrada de la ría. El ferrocarril y la instalación portuaria respondían a una misma necesidad: dar salida al mineral extraído lejos de la costa.
Un hierro que obligaba a encender hornos
La composición del mineral decidió una parte de las obras. La ficha patrimonial de la Cámara Mineira explica que el hierro de Vilaoudriz se presentaba en forma de carbonato y que, por ese tipo de mineralización, fue necesario construir hornos de calcinación. Calcinar significa someter el material a un calentamiento intenso para transformarlo: el horno actuaba como una etapa de preparación entre la extracción y el transporte.
¿Bastaba, entonces, con sacar el mineral y enviarlo al puerto? No. Al menos una parte necesitaba ese tratamiento, y la actividad minera motivó la construcción de seis hornos, además del ferrocarril y el cargadero. La naturaleza del recurso no solo determinaba qué se extraía; también imponía instalaciones para trabajar con él.
La producción comenzó en 1899 y continuó, con interrupciones, hasta 1965. La misma ficha sitúa la primera denuncia minera en 1894 y la compra de las concesiones por empresarios vascos dos años después. En 1900 se constituyó la Sociedad Minera de Villaodrid, vinculada al desarrollo del ferrocarril hacia Ribadeo.
En el cargadero, aquella preparación tenía una traducción concreta: dos depósitos diferenciados. Uno recibía mineral rubio; el otro, mineral calcinado. Eran dos categorías que la instalación mantenía separadas antes de la carga. Si observas sus restos, conviene imaginar no un almacén indiferenciado, sino el último eslabón de un trabajo iniciado en la mina y continuado en los hornos.
Dos vías sobre el agua
Cincuenta y cinco metros de cargadero concentraban el final de un recorrido ferroviario de 34 kilómetros. La descripción publicada por MTI sitúa las obras del tren entre 1902 y 1904 y detalla una instalación metálica con dos líneas de vía sobre tres pilares, a 800 metros de la estación de Ribadeo.
El diseño estaba al servicio de la carga.
¿Qué significaban esas dimensiones para el puerto? Permitían reunir en un punto el transporte ferroviario y la salida marítima, con una capacidad de carga cifrada entre 1200 y 2000 toneladas por jornada de ocho horas. Son datos de funcionamiento del antiguo cargadero, no medidas de lo que conserva hoy.
Los restos pétreos que puedes reconocer en la fotografía pertenecen a aquel lugar de trabajo. La imagen no muestra completo el cargadero metálico descrito en la documentación, pero sí permite poner una forma y una ubicación a la infraestructura. Allí llegaba el mineral cuyo tratamiento había exigido instalaciones específicas en A Pontenova.
La escala de la explotación ayuda a comprender semejante esfuerzo: la Cámara Mineira cifra en torno a dos millones de toneladas la cantidad extraída de las minas de Vilaoudriz y las sitúa, junto con A Silvarosa, en Viveiro, entre las minas de hierro más importantes de Galicia.
Cuando Alemania marcaba el ritmo
El destino del hierro hacía depender aquella cadena de acontecimientos muy lejanos a Porto Estreito. Alemania era el principal mercado del mineral, y la Cámara Mineira señala que tanto la Primera como la Segunda Guerra Mundial afectaron muy negativamente a la actividad. También lo hicieron las huelgas, la Guerra Civil y otras circunstancias comerciales.
A comienzos de 1914, las minas alcanzaron su mayor número de trabajadores: 400. Ese dato corresponde a la explotación de Vilaoudriz, no a la plantilla del puerto de Ribadeo. Permite, sin embargo, apreciar la dimensión humana del sistema que enlazaba extracción, preparación, ferrocarril y cargadero.
En 1938, la empresa alemana Krupp-Montana se hizo cargo de las minas y del ferrocarril debido a los malos resultados económicos de la sociedad fundadora. La situación posterior no mejoró mucho y los periodos de inactividad se hicieron más frecuentes. El recurso mineral seguía siendo la razón de aquellas instalaciones, pero su explotación dependía también de compradores, empresas y condiciones comerciales.
Los viajeros también llegaron por el hierro
Una línea construida para transportar mineral llevó también pasajeros. El Concello de Ribadeo destaca ese uso compartido del ferrocarril, que convirtió una infraestructura minera en medio de transporte para personas. La necesidad de sacar hierro al mar había creado una conexión aprovechada para otros desplazamientos.
En 1959 se anunció el arrendamiento del coto minero por empresarios de Bilbao, con una reanudación de la actividad. La ficha de la Cámara Mineira sitúa en 1964 la circulación del último tren minero y en 1965 el cierre definitivo de las explotaciones. El servicio ferroviario de pasajeros también llegó hasta 1964, según la información municipal.
Los dos depósitos de Ribadeo se explican por un mineral que no llegaba siempre en el mismo estado y por una explotación que necesitó hornos, raíles y salida marítima. Porto Estreito conserva la huella del punto donde esa cadena alcanzaba la ría. Allí, el hierro encontraba el mar.
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