Historia geológica Localidad Purchena

Purchena, la fortaleza que bajó del cerro

La alcazaba de Purchena se alzó sobre un cerro de roca viva; tras la capitulación de 1489, sus antiguos habitantes dejaron la fortaleza y abrieron un arrabal en la falda oriental. Entre ese alto refugio y el pueblo que creció abajo se cruzan la historia del relieve y la de una ciudad que cambió de lugar.

Cerámicas y ajuares funerarios de la sepultura 3 de Los Churuletes, en Purchena: una huella material de la ocupación prehistórica del valle.

Cerámicas y ajuares funerarios de la sepultura 3 de Los Churuletes, en Purchena: una huella material de la ocupación prehistórica del valle.

Foto: manuel m. v., CC BY 2.0 — commons.wikimedia.org

La alcazaba corona el cerro que dio a Purchena su primera silueta reconocible. Desde esa altura, la ciudad se encuentra en la margen derecha del Almanzora, dentro de un valle encajado entre las estribaciones norte de la sierra de los Filabres y las del sur de la sierra de las Estancias. El río, las laderas y la roca no cuentan por sí solos toda la historia, pero sí forman el escenario de una mudanza decisiva: la población que vivía tras las defensas de la fortaleza acabó construyendo su nuevo núcleo en la falda del monte.

El Almanzora y las sierras encuadran Purchena

El término municipal reúne paisajes distintos. Junto al río aparecen tierras llanas; hacia las sierras, el relieve asciende hasta cotas de alrededor de 1.500 metros. La alcazaba, asentada en un cerro de roca viva, domina un paisaje donde el fondo del valle y las montañas están muy cerca. Esa diferencia entre altura y ribera ayuda a entender por qué Purchena tuvo a la vez un emplazamiento fortificado y un espacio para crecer a sus pies.

El estudio geotécnico ofrece una imagen del terreno a escala municipal: su clasificación atribuye el 71,69 % a pizarras y esquistos. Registra también arenas finas y limos, y materiales carbonatados como calizas, dolomías y mármoles. Son nombres concretos para un término diverso, no una identificación automática de la roca de la alcazaba. En la historia urbana, el dato seguro es más sencillo y más visible: la fortaleza ocupaba un cerro rocoso, y el pueblo posterior se extendió por sus laderas y alrededor de plazas.

Los Churuletes abre una ventana prehistórica

Mucho antes de la fortaleza, el espacio de Purchena fue un corredor habitado en distintas épocas. Entre sus huellas destaca el yacimiento del Llano de los Churuletes, asociado a la etapa eneolítica. El sitio recuerda que el valle no fue solo un paso entre montañas: también ofreció lugares donde asentarse. No hay que confundir esa ocupación antigua con el origen de la ciudad medieval; son episodios separados por muchos siglos, unidos por el mismo paisaje local.

Las piezas recuperadas en Los Churuletes permiten imaginar la escala material de aquella presencia. La descripción del yacimiento sitúa allí una sepultura, y las imágenes de sus ajuares muestran cerámicas, puntas de flecha y otras piezas atribuidas al Neolítico final-Calcolítico. Son objetos, no una reconstrucción completa de la vida de quienes los depositaron. Su importancia para esta historia es concreta: ponen una huella humana temprana en el territorio que, mucho después, quedaría dominado por el cerro de la alcazaba.

También se han encontrado restos de época romana en el término. En Onegas aparecieron columnas estriadas de mármol pertenecientes a un templo, y las fuentes citadas sitúan en el siglo II a Purchena bajo el nombre de Illipula Magna. El corredor de asentamientos, por tanto, no conduce en línea recta a la fortaleza: reúne rastros de momentos distintos. Cada uno añade una capa de historia, mientras el relieve del valle permanece como marco común.

Trapecios y puntas de flecha procedentes de la sepultura 3 de Los Churuletes, atribuidos al Neolítico final-Calcolítico. Estas piezas acercan la escala material de la presencia humana antigua en Purchena.

Trapecios y puntas de flecha procedentes de la sepultura 3 de Los Churuletes, atribuidos al Neolítico final-Calcolítico. Estas piezas acercan la escala material de la presencia humana antigua en Purchena.

Foto: Dorieo, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Hisn Burxana convierte el cerro en refugio

La ciudad medieval tomó forma en el siglo IX, cuando, según las fuentes árabes, fue fundada en tiempos del emir Abdallah por los Marines de Pechina. La llamaron Hisn Burxana; la fortaleza que la protegía se construyó en el siglo X y fue transformándose con el tiempo. De época almorávide se han encontrado cerámica y la estructura de un muro: rastros modestos, pero suficientes para mostrar que la alcazaba no fue una obra inmóvil.

En 1125, Alfonso I el Batallador sitió la fortaleza durante su ataque por el sudeste de al-Ándalus, pero no logró rendirla. El cerro y sus defensas resistieron aquel episodio. Más tarde, en 1258, Alfonso X entregó Purchena y su valle a su hermano Felipe; esa etapa castellana fue breve, pues la ciudad quedó después dentro del reino nazarí de Granada. La alcazaba se reestructuró para proteger los accesos a Baza, acoger a la población en caso de ataque y transmitir señales ópticas.

En el siglo XIV, el lugar aparece también en relatos de viajeros y cronistas. Ibn Aljathib describió la inspección del castillo por el soberano nazarí hacia 1345. Ibn Battuta, por su parte, contó que en Purchena había varias mezquitas y describió un alminar que se movía cuando un grupo de personas lo sacudía. El relato no convierte ese movimiento en una explicación geológica; sí deja una imagen singular de la ciudad construida alrededor de su fortaleza y sus edificios religiosos.

La capitulación de 1489 desplaza el núcleo

En diciembre de 1489, Purchena se entregó a los Reyes Católicos mediante una capitulación pactada por Cidi Yahya Alnayar. El cambio de dominio alteró el destino de quienes vivían dentro de la plaza militar. Los antiguos habitantes mudéjares se vieron obligados a abandonar la alcazaba y comenzaron un arrabal en la falda oriental del monte. La ciudad no desapareció: cambió de emplazamiento cotidiano, desde el recinto defensivo hacia la ladera.

Ahí se encuentra el giro central de Purchena. El cerro había concentrado la defensa y la vida tras sus muros; la nueva población buscó sitio más abajo, sobre la falda este. El relieve no explica la capitulación ni las decisiones de sus habitantes, pero permite seguir con claridad el cambio de escenario: de la fortaleza elevada al arrabal que puso el primer núcleo urbano en el camino hacia la ciudad posterior.

La falda oriental da paso al pueblo actual

A mediados del siglo XVI, la construcción de la iglesia impulsó la aparición de numerosas casas en su entorno. Esa parte vieja conservó calles empinadas, estrechas y tortuosas, descritas como de origen morisco. El crecimiento, por tanto, no borró de golpe la huella del arrabal: la convirtió en un barrio construido, con calles que siguen la pendiente y enlazan la vida urbana con el cerro.

Mucho después, durante los siglos XVIII y XIX, el pueblo actual se conformó en torno a las plazas de la Constitución y Larga, y a la calle Carrera. Allí, terratenientes agrícolas levantaron casas solariegas con balcones, rejas y fachadas blancas. La secuencia deja un desenlace reconocible: el núcleo dejó de depender de la alcazaba como lugar de residencia, se extendió por la falda y encontró nuevos centros en sus plazas y calles.

El cerro de roca viva sigue siendo la referencia alta de Purchena; a su alrededor, el valle del Almanzora y las sierras ofrecen el marco amplio. Pero la ciudad que se reconoce hoy nació también de una salida: en 1489, la población dejó la fortaleza y abrió camino a un asentamiento más bajo. La roca quedó en su sitio. Purchena cambió de altura.

Tipos de terreno en Purchena

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha
  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Purchena

Arenas finas y limos 0–5 m
Pizarras y Esquistos 5–25 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 25–45 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE


Riesgo sísmico en Purchena

Moderado
Magnitud máxima registrada M 3.6 Escala de Richter
MáxM 3.6
MediaM 2.14
Máx Media
Eventos registrados
28
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 3.1) ocurre aprox. cada 10 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.6 2011
  • 2 M 3.5 2006
  • 3 M 3.2 2017
Último sismo registrado
2025
M 1.6 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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