Ponteareas dejó las alturas de Troña por las orillas del Tea
En el Castro de Troña, la vida se organizó entre muros de piedra; después, sus pobladores se acercaron al río Tea, donde el alimento era más fácil y abundante. ¿Qué ofrecía el valle para cambiar el lugar de residencia, y qué cuenta ese desplazamiento sobre el terreno de Ponteareas?
Vista de Ponteareas integrada en el valle que articula el río Tea y los relieves del municipio.
En el Castro de Troña, la piedra no era un detalle del paisaje: formaba parte de recintos fortificados, con planta circular, foso y varios muros. Allí vivieron comunidades castreñas desde el siglo VI o V antes de nuestra era. Mucho después, sus habitantes fueron dejando los castros y trasladándose hacia las tierras próximas al Tea. La historia local conserva el cambio; el valle ayuda a entender por qué ese movimiento tuvo sentido.
Troña convirtió la piedra en defensa
La primera escena de esta historia sucede en un poblado fortificado, no en el centro de la villa actual. Los primeros asentamientos del valle del Tea se vinculan a la cultura castreña, desarrollada a finales de la Edad del Bronce. Sus habitantes cultivaban sobre todo cereales, criaban ganado y practicaban el pastoreo. La piedra, trabajada en muros y defensas, delimitaba el espacio habitado y hacía del castro un lugar reconocible en el territorio.
Troña fue el principal yacimiento arqueológico de esa época en el municipio. Su ocupación se prolongó durante siglos: desde el VI o V antes de Cristo hasta el abandono progresivo asociado a la romanización. No hace falta imaginar una evacuación súbita. El registro descrito dibuja una transición: los castros perdieron población, mientras la vida se desplazaba hacia zonas más cercanas al río.
¿Por qué abandonar un asentamiento defendido para acercarse al Tea? La explicación transmitida para Ponteareas es concreta: junto al río el alimento era más fácil y abundante. Es una razón práctica, pero también geográfica. El cauce atraviesa el valle y conecta sus riberas; las laderas y vaguadas organizan el terreno alrededor de ese eje. No es una prueba de que el relieve decidiera por sí solo el traslado, pero sí permite leerlo como una elección ligada al paisaje.
El Tea cambió el centro de gravedad
El valle no es un fondo neutro. En Ponteareas, el espacio central lo ocupa el casco urbano, mientras 23 parroquias y núcleos rurales se reparten por laderas y vaguadas. El Tea recorre de norte a sur la zona central y bordea la villa por el oeste. En el término municipal, el terreno asciende desde las orillas del río hasta la sierra de Galleiro, el monte de A Picaraña y Outeiro do Foxo. La vida antigua y la actual se acomodan, de distintas maneras, a esa forma alargada.
Un río transforma su entorno: desplaza agua y sedimentos, y abre un corredor entre tierras más altas. En una escala humana, ese corredor ofrece acceso al agua y a los recursos de sus márgenes. El relato local atribuye al Tea una ventaja decisiva para los pobladores que dejaron los castros: allí resultaba más sencillo encontrar alimento. La geología no sustituye esa explicación; la coloca en un paisaje concreto, donde el cauce y el valle están unidos.
También importa qué tipo de terreno compone ese paisaje. El estudio geotécnico agrupa el 86.04 % de los terrenos municipales bajo la categoría «Areniscas, Conglomerados y Flysch». Son nombres que reúnen materiales distintos: las areniscas se forman cuando granos de arena quedan cementados; los conglomerados, cuando cantos rodados se compactan y consolidan; el flysch alterna capas de arena y arcilla, depositadas en ambientes marinos profundos, al pie de una plataforma continental.
Esas rocas permiten imaginar procesos muy distintos: playas antiguas, deltas o ríos tranquilos para algunas areniscas; corrientes más enérgicas para los conglomerados; fondos submarinos para las alternancias del flysch. No describen una única escena ni una fecha común para todo Ponteareas. Y aunque los castreños construyeran con piedra, la información disponible no identifica la roca concreta de los muros de Troña. Lo que sí ofrece es una imagen más rica del territorio: un valle fluvial asentado en un mosaico geológico, no sobre un suelo uniforme.
Un puente de piedra sobre el entorno fluvial de Ponteareas acompaña el relato de la relación entre la villa y el Tea.
Los romanos siguieron otra señal del valle
La llegada de Roma añadió una nueva razón para mirar hacia el Tea. La presencia romana se vincula a los recursos mineros de las tierras próximas al río, y el dossier sitúa ese interés en el año 23 antes de Cristo. En Ponteareas, su huella se reconoce en el propio Castro de Troña y en el yacimiento de A Croa. No se trata de atribuirles una mina concreta ni un mineral determinado: la evidencia disponible señala los recursos mineros como atractivo regional, sin precisar aquí su naturaleza.
Troña guarda también indicios de esa transición. Allí aparecieron ánforas y monedas romanas datadas hacia el siglo I después de Cristo. Son objetos pequeños frente a las defensas de piedra, pero cambian la escala del relato: el castro no fue una isla separada de los nuevos poderes y formas de intercambio. La romanización avanzó mientras el poblamiento cambiaba y la proximidad del río ganaba importancia.
¿Puede leerse ese cambio como una mudanza desde la protección hacia la abundancia? Es una interpretación razonable, no una descripción de cada decisión familiar. Las fuentes vinculan el abandono progresivo de los castros con el traslado a tierras próximas al Tea y explican ese acercamiento por la disponibilidad de alimento. La geografía añade el marco: las comunidades se movían dentro de un valle cuyos cursos de agua y relieves ofrecen espacios diferentes para asentarse.
El puente de los Remedios dejó el Tea en el nombre
Siglos después, el vínculo entre el agua y la villa quedó fijado en una obra humana: el puente de los Remedios, también llamado puente de San Roque. El historiador Francisco Ávila y La Cueva escribió en 1852 que el puente sobre las aguas, situado a la salida del pueblo, dio nombre a la villa; relacionó «Areas» con la parroquia unida a ella por ese paso. El nombre conserva así una geografía cotidiana: cruzar el río era también enlazar lugares.
El puente no demuestra por sí solo cómo vivieron las comunidades antiguas, pero prolonga la misma relación territorial que aparece en el traslado hacia el Tea. El cauce ofrecía recursos y, a la vez, exigía encontrar formas de atravesarlo. En el municipio, el río sigue siendo una presencia visible, con playas fluviales naturales como la de A Freixa; sus márgenes y su valle ayudan a reconocer por qué este corredor ha atraído asentamientos y conexiones.
La piedra de Troña, las huellas romanas y el puente de los Remedios cuentan capítulos distintos, unidos por el relieve del valle. La respuesta a la pregunta inicial está en esa combinación: acercarse al Tea significaba estar junto a un recurso que los pobladores juzgaban más abundante, dentro de un territorio articulado por el río. Cuando cruces el puente o sigas la ribera, verás algo más que un límite de agua: el eje que ayudó a orientar la historia de Ponteareas.
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