Historia geológica Localidad Otívar

Otívar acompaña al río que abrió un cañón en la Almijara

En la cabecera del río Verde, varios manantiales se reúnen bajo los relieves ásperos de la Almijara. ¿Cómo pudo esa agua abrir un cañón y alimentar el paisaje agrario del alto valle?

Panorámica de Otívar, en el relieve montañoso de la cabecera del río Verde.

Panorámica de Otívar, en el relieve montañoso de la cabecera del río Verde.

Foto: Veinticuatro de Jahén / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0

Entre los barrancos de Mina Rica y de las Chorreras, el río Verde comienza a reunir sus aguas dentro del término de Otívar. No nace de una única fuente espectacular: en la parte alta, una serie de manantiales dispersos drena la vertiente sur de Sierra del Chaparral, en la Almijara. Desde allí, el agua se encamina por un terreno abrupto. Su recorrido ayuda a explicar por qué este paisaje es, a la vez, montaña quebrada, garganta fluvial y valle habitado. La Junta de Andalucía identifica el paraje como el Nacimiento del río Verde; el IGME también lo registra por su interés hidrogeológico y geomorfológico.

¿Qué encontró el agua al salir de la sierra?

Encontró roca carbonatada. En esta parte de la Almijara afloran calizas alpujárrides; en el municipio, los documentos urbanísticos describen también los mármoles de Almijara y señalan que proceden de antiguas calizas y dolomías transformadas. Esa distinción importa: no es simplemente una sierra de roca uniforme, sino un macizo donde la composición y la estructura de las rocas condicionan por dónde circula el agua y qué formas adquiere el relieve.

Parte del agua de lluvia se infiltra por grietas y discontinuidades. Al circular, puede disolver lentamente la roca carbonatada y ampliar esos pasos: ese modelado se llama karst. Imagina una esponja de piedra, no porque la montaña esté llena de grandes cuevas, sino porque algunas fracturas permiten que el agua se filtre y reaparezca más abajo. En la cabecera del Verde, la evidencia concreta son los manantiales difusos que drenan las calizas de la sierra. No se trata de una conjetura sobre un nacimiento subterráneo único: la descripción ambiental habla expresamente de varios manantiales.

La roca, además, no solo deja pasar agua. El mismo estudio andaluz describe que, justo bajo los manantiales, procesos fluvio-kársticos han modelado un cañón que atraviesa durante varios kilómetros los relieves carbonatados. «Fluvio-kárstico» significa que actúan juntos el río, que erosiona y transporta, y la disolución de la roca por el agua. La garganta no es una grieta abierta de golpe: es el resultado de esa acción prolongada sobre un macizo resistente.

La lluvia alimenta los manantiales; los manantiales forman el río; el río va encajándose en la sierra. Así se entiende el lugar que el IGME inventaría como Nacimiento del río Verde, de interés principal hidrogeológico y secundario geomorfológico. En la zona alta, el agua emerge de la unidad de Sierra Almijara-Los Guájares; más abajo, el valle cambia de forma y abre espacio para otros usos.

La garganta no termina donde empieza el valle

El relieve da un giro. Aguas arriba de Otívar, la cuenca alta del Verde está dividida en subcuencas de barrancos y presenta una topografía abrupta. Pero entre Otívar y Jete, las márgenes del río se ensanchan lo bastante para permitir el desarrollo de cultivos de regadío. La geología no dicta por sí sola qué cultivará cada generación; sí establece un marco material: un cauce, unas laderas inclinadas y tramos de valle con más espacio junto al agua.

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico (IAPH) describe el Alto Río Verde como un paisaje agrario formado por esas diferencias entre cabecera, valle y laderas. En sus palabras, la amplitud de las márgenes entre Otívar y Jete permitió desarrollar cultivos de regadío. Es una relación concreta entre terreno y actividad: el valle ofrece parcelas junto al curso fluvial, mientras que la montaña impone pendientes y limita el espacio llano. No hace falta atribuir a la roca una decisión humana para ver cómo orientó las posibilidades.

Las alquerías medievales de Otívar, Jete y Cázulas conservaron formas de poblamiento que el IAPH sitúa a finales de la Edad Media. La agricultura nazarí del entorno combinaba regadío y diversidad de cultivos, en un contexto de aislamiento geográfico. Después de la conquista cristiana, aquellos núcleos se mantuvieron como centros de repoblación dependientes de Almuñécar. El paisaje no fue estático: la misma cuenca que había reunido agua y tierras de cultivo se integró en otras formas de propiedad y aprovechamiento.

Desde el siglo XVI, según el IAPH, el desmantelamiento del sistema de alquerías favoreció propiedades mayores y aumentó la cabaña ganadera. También atravesaba Otívar un tramo de la Cañada Real entre Granada y Almuñécar. Estos cambios muestran que el valle no fue solo huerta: sus caminos y laderas servían a una economía que combinaba cultivo y paso de ganado. La forma del terreno acompañaba esa variedad, aunque las fuentes no permiten reducir cada cambio histórico a una causa geológica.

Del regadío a la caña, el valle siguió cambiando

En el siglo XIX llegó otro cambio agrícola. El IAPH sitúa desde mediados de ese siglo un nuevo impulso del cultivo de la caña de azúcar en la vega del río Verde, apoyado en la proliferación de pequeñas propiedades. Más tarde, desde el primer tercio del siglo XX, la caña perdió terreno frente al cultivo remolachero de la Vega de Granada y a cultivos subtropicales en las proximidades de la costa. La secuencia habla de precios y competencia agrícola; su escenario, sin embargo, sigue siendo el valle que el río ha abierto y alimenta.

El Alto Río Verde, por tanto, no tiene una sola historia humana fijada para siempre por el agua. Tiene un relieve que hace coexistir cabeceras escarpadas y márgenes cultivables, y comunidades que fueron reorganizando los usos de esas tierras. Es probable que la disponibilidad de agua y la forma del valle contribuyeran a la persistencia de los cultivos de regadío; la documentación consultada describe esa relación paisajística, pero no permite afirmar que explique por sí sola el origen del poblamiento.

Para completar el contexto técnico del municipio, estos módulos ofrecen datos complementarios:

Tipos de terreno en Otívar

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

    Ver ficha

Riesgo sísmico en Otívar

Moderado
Magnitud máxima registrada M 3.3 Escala de Richter
MáxM 3.3
MediaM 2.02
Máx Media
Eventos registrados
12
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 2.8) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.3 2022
  • 2 M 2.5 2025
  • 3 M 2.4 2010
Último sismo registrado
2025
M 2.5 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).

Cuando mires hacia el río Verde desde Otívar, piensa en dos trabajos distintos del agua: primero, los manantiales que brotan de la sierra; después, el cauce que talla su paso entre las rocas y deja márgenes donde pudieron prosperar huertas y cañaverales. La pregunta inicial tiene una respuesta sencilla, aunque lenta: el agua encontró fracturas, disolvió y erosionó la roca, y acabó abriendo camino.

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