Os de Balaguer, un término ensanchado
En 1964, la construcción de los pantanos de Canelles y Santa Anna trajo un cambio de límites: Os de Balaguer incorporó una parte del antiguo término de Tragó de Noguera. La transformación se entiende siguiendo el mapa hasta el Farfanya, las lomas del norte y el sustrato diverso que comparten.
Vista de Os de Balaguer y de las laderas que rodean el núcleo. La villa se asienta sobre un cerro junto al congosto del Farfanya.
En 1964, Os de Balaguer incorporó una parte del término de Tragó de Noguera, en relación con la construcción de los pantanos de Canelles y Santa Anna. El cambio no fue pequeño: el municipio pasó de 84,5 a 136,03 kilómetros cuadrados. En el mapa, aquella ampliación se apoya en referencias muy concretas: una población junto al congosto del Farfanya, un río que hace de límite y una serie de relieves que alcanzan los 785 metros en Matamala.
Para seguir esa historia conviene mirar más allá del núcleo urbano. El término de Os reúne terrenos distintos y una geografía de ríos, cerros y barrancos; no es una sola ladera ni una única clase de roca. La obra de los embalses quedó asociada a una nueva frontera municipal, mientras el relieve siguió ofreciendo los puntos desde los que leerla.
Tragó cambia el mapa de Os
Antes de la anexión, el municipio ocupaba 84,5 kilómetros cuadrados. Después pasó a 136,03: una diferencia de 51,53 kilómetros cuadrados. La construcción de Canelles y Santa Anna acompañó ese ajuste territorial, que convirtió a Os en vecino de localidades de la Llitera y la Ribagorça. Una obra de gran escala tuvo así una consecuencia que puede medirse en el contorno de un municipio.
La parte incorporada era la zona septentrional del antiguo término de Tragó. En su extremo norte aparece la Quadra de Blancafort, en la margen derecha de la Noguera Ribagorçana, que hace de límite. Allí se encuentra Matamala, de 785 metros. Desde esa zona, el territorio añadido llega hasta el límite del antiguo término de Boix, que pertenecía a Tragó y que desde 1964 forma parte de Ivars de Noguera.
La línea actual no se explica solo mirando las formas del relieve: también guarda la huella de una decisión administrativa vinculada a los embalses. El río aporta una referencia visible para una parte del contorno, pero el cambio de extensión fue una anexión de términos. Así, el mapa de Os quedó más ancho y alcanzó nuevos bordes comarcales y territoriales. El nombre de Tragó permanece en el relato porque parte de su antiguo término quedó repartida entre municipios distintos.
El Farfanya sostiene el escenario
La villa de Os se alza a 463 metros, al pie del castillo, sobre un cerro que domina un congosto en la margen izquierda del río de Farfanya. Un congosto es un paso estrecho entre relieves; aquí, el río y el núcleo urbano forman parte de la misma escena geográfica. El pueblo no ocupa una llanura abierta: está asentado en altura, con el cauce y el paso encajado a sus pies.
El trazado antiguo ayuda a reconocer esa relación. La población estuvo amurallada y su calle principal discurre paralela al Farfanya. También se conserva el carrer de la Seda. Son huellas de cómo el pueblo ocupó ese cerro, no pruebas de que el río causara la anexión de 1964. La geografía explica dónde está Os; la construcción de los pantanos explica por qué cambió su extensión. Mantener separadas esas dos escalas permite seguir el relato sin confundir el paisaje con la frontera administrativa.
Bajo el término, materiales distintos
El estudio geotécnico municipal describe un mosaico de materiales. Entre sus categorías figuran gravas y arenas compactas, con un 36,75 %; areniscas, conglomerados y flysch, con un 29,80 %; yesos, anhidrita y sales, con un 18,31 %; y arenas finas y limos, con un 10,69 %. Es una clasificación a escala del término: no identifica automáticamente la roca concreta bajo cada edificio, el castillo o la Cova dels Vilars.
Los nombres cuentan, aun así, una historia útil sobre la variedad del sustrato. Las areniscas están formadas por granos de arena unidos; los conglomerados, por fragmentos mayores cementados. Flysch designa una sucesión de capas sedimentarias. Junto a esas rocas aparecen materiales sueltos o compactos —gravas, arenas y limos— y una franja importante de yesos, anhidrita y sales. No es una sola materia continua, sino un conjunto de tipos con comportamientos distintos.
El estudio señala además zonas de karstificación media en formaciones carbonatadas y yesíferas, con karsts importantes dispersos en ocasiones; en otras áreas de yesos indica poca o casi ninguna karstificación y sistemas aislados. El karst se forma cuando el agua disuelve rocas solubles y puede abrir huecos o conductos. La diferencia entre esas categorías importa: describen posibilidades distintas dentro del municipio, no una cavidad concreta ni una condición uniforme de todo Os. El terreno, como el mapa, se comprende mejor atendiendo a sus variaciones.
Vilars conserva una huella antigua
La Cova dels Vilars, también llamada Cova dels Vilasos, ofrece otra escala temporal. La información publicada sobre el yacimiento atribuye más de 4.000 años de historia a sus pinturas rupestres. La cavidad ocupa menos de 60 metros cuadrados y se han identificado hasta 28 figuras o trazos. En un espacio reducido quedaron señales de una actividad humana muy anterior al cambio territorial de 1964.
Se describen tres grupos especialmente significativos: una escena de danza, otra de caza y un conjunto de círculos que se ha interpretado como una posible representación heliolítica, vinculada al tributo al sol. La atribución de esa escena se presenta como interpretación, no como certeza. El conjunto de arte rupestre del arco mediterráneo peninsular fue declarado Patrimonio de la Humanidad en 1998; la cueva recibió la protección de Bien de Interés Cultural en 1991. La protección mantiene reconocible una huella local que el tiempo había dejado en un lugar pequeño.
Canelles y Santa Anna dejan un nuevo contorno
Al volver a 1964, el cambio se ve en su resultado: Os pasó a abarcar 136,03 kilómetros cuadrados, y una parte septentrional del antiguo término de Tragó quedó dentro del municipio. El norte ofrece referencias para recorrer esa incorporación —la Quadra de Blancafort, la Noguera Ribagorçana y Matamala—, mientras el antiguo límite de Boix señala el contacto con Ivars de Noguera. No hace falta imaginar que el río cambió de curso: lo que cambió fue la pertenencia municipal de una parte del territorio.
El pueblo, entretanto, sigue en el cerro sobre el Farfanya. En su núcleo, la iglesia de Sant Miquel, del siglo XVII, y la fuente monumental de Sant Petiot, construida en 1700, pertenecen a una historia local más larga que la nueva frontera. La fuente y las calles recuerdan que el mapa se transforma en etapas distintas, no en un único acontecimiento.
La ampliación de Os quedó trazada y permanece en la forma del municipio actual. Desde el cerro del Farfanya, esa historia reúne dos paisajes: el de la villa asentada sobre el congosto y el del término que se extendió hacia el norte tras la construcción de los embalses. El cambio de 1964 no borró el terreno anterior; añadió una nueva escala a la manera de pertenecer a él.
La Font de Sant Pitot, fotografiada por Josep Salvany i Blanch en 1918. La fuente monumental de Os se construyó en 1700.
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