Nogueira de Ramuín, piedra y temblor
Desde Os Balcones de Madrid, el Sil corta el paisaje en una curva profunda entre laderas. Bajo esa imagen, los datos geotécnicos y sísmicos dibujan otra historia: la de un municipio cuyo subsuelo no cabe en una sola etiqueta.
El Sil describe una curva profunda entre las laderas de Nogueira de Ramuín, visto desde Os Balcones de Madrid.
El cañón del Sil ofrece una imagen inmediata de Nogueira de Ramuín: agua al fondo, paredes rocosas y un paisaje que se abre desde Os Balcones de Madrid. El estudio geotécnico añade una perspectiva menos visible. En la escala del municipio, distingue varios conjuntos de materiales y reúne un registro de seis terremotos durante un periodo de treinta años. Son dos maneras distintas de leer el lugar: una muestra el relieve; la otra ordena el subsuelo y sus movimientos medidos.
Os Balcones de Madrid: el paisaje y el mapa
La vista del cañón hace pensar en una historia contada por las formas. Pero la clasificación geotécnica no describe cada pared ni señala qué roca sostiene un edificio concreto: resume el término municipal. Esa diferencia de escala importa. Un dato para todo Nogueira permite reconocer qué materiales predominan en el conjunto, pero no trasladar automáticamente esa identificación a un punto particular del Sil o a una construcción determinada.
En esa clasificación, el grupo de areniscas, conglomerados y flysch representa el 74,06 %. Es la categoría dominante del recuento. La cifra reúne tres nombres de materiales y expresa su proporción en la distribución municipal; no significa que cada paraje, ladera o parcela esté formado por ellos. El mapa, leído así, no convierte un término extenso en una superficie uniforme. Presenta un predominio y deja espacio para otros componentes.
Vista exterior del monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil, en el paisaje de Nogueira de Ramuín.
El 9,35 % corresponde a granito, gneis y rocas ígneas; pizarras y esquistos suman el 2,13 %. La masa de agua figura con un 2,93 %. Son categorías distintas, no capítulos consecutivos de una historia geológica fechada: el estudio no aporta una estratigrafía municipal que permita ordenarlas por edad ni explicar su origen. Aun así, la distribución deja una idea clara: el subsuelo de Nogueira se representa mediante varios tipos de terreno y una categoría de agua, con un amplio predominio de areniscas, conglomerados y flysch.
Ese mosaico acompaña al relieve, aunque las cifras disponibles no establecen qué material concreto forma las paredes fotografiadas del cañón. Por eso, la lectura más segura va de lo general a lo particular sin confundirlos: la imagen sitúa el paisaje del Sil; la clasificación describe el municipio. Juntas, ambas miradas permiten reconocer un escenario local y una composición subterránea diversa, pero no autorizan a asignar una roca precisa a cada risco que se ve desde el mirador.
Un subsuelo que no deja pasar el agua con facilidad
La ficha caracteriza las formaciones como generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. En términos sencillos, el agua no circula con facilidad a través de esos materiales. La misma descripción contempla una excepción importante: la alteración o la fracturación pueden alojar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de gran interés. No afirma que haya uno en un punto concreto de Nogueira; explica qué comportamiento puede tener esa clase de formaciones.
La distinción ayuda a no imaginar una barrera absoluta. Una formación puede dejar pasar poca agua en conjunto y, sin embargo, permitir que esta se acumule o circule en zonas alteradas o fracturadas. La descripción también indica que materiales más modernos pueden cubrir, en algunos casos, acuíferos cautivos productivos. Es una posibilidad general recogida en la ficha, no la localización de una reserva determinada en el municipio. En este retrato del terreno, la permeabilidad habla de condiciones posibles, no de un manantial señalado sobre el mapa.
Para la expansividad, el registro asigna peligrosidad cero y describe el sustrato como no arcilloso. Es un dato distinto de la permeabilidad: no explica cómo se formó el cañón ni identifica las rocas de una ladera, sino que caracteriza el terreno según esa propiedad. Leído junto a la descripción del paso del agua, ayuda a separar preguntas que a menudo se mezclan: de qué materiales se habla, cómo puede circular el agua y qué propiedad se está clasificando.
Seis señales en treinta años
La segunda línea del relato no viene de una pared rocosa, sino de una serie de registros sísmicos. Para un periodo de treinta años, el estudio reúne seis eventos de magnitud igual o superior a 1,5. Su magnitud media es 2,15 y la mayor es 3,1. La lista no cuenta una sucesión de daños ni describe cómo reaccionaron los habitantes; conserva medidas, fechas y profundidades. Su protagonista es, por así decirlo, el movimiento detectado y convertido en cifras.
El evento de mayor magnitud figura el 24 de mayo de 2006: 3,1 mb y profundidad de 0 km. Después aparecen dos registros de 2021: el 9 de abril, magnitud 2,1 ml y profundidad de 10 km; el 16 de mayo, 2,3 ml y 12 km. En 2022 consta uno de magnitud 1,8 ml, a 23 km de profundidad, el 16 de abril. La serie continúa en 2023, con un evento de 1,7 ml a 7,1 km, el 22 de julio, y otro de 1,9 ml a 10,4 km, el 12 de agosto.
La cronología pone en primer plano un contraste: el valor máximo aparece en 2006, mientras que los otros cinco registros se distribuyen entre 2021 y 2023. Las magnitudes no son idénticas y el catálogo emplea las denominaciones mb y ml que acompañan a cada evento. El promedio de 2,15 resume el conjunto, pero no borra esas diferencias ni transforma seis medidas en una explicación de por qué ocurrieron. En los datos entregados no se vincula ninguno de esos movimientos con una roca, una falla concreta o una consecuencia visible en superficie.
Así quedan reunidas las dos escalas que abren esta historia. El mapa geotécnico describe, para Nogueira de Ramuín, un predominio de areniscas, conglomerados y flysch, junto a otras categorías; la serie sísmica conserva seis movimientos registrados y sitúa el máximo en 2006. El cañón del Sil sigue siendo la imagen que guía la mirada, pero ya no es solo una forma espectacular: es el paisaje bajo el que conviven una clasificación municipal diversa y una cronología de movimientos medidos. Piedra y temblor, cada uno en su escala.
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