Historia geológica Localidad Mancor de la Vall

Mancor de la Vall, la tierra que cedió

En 1721, un gran corrimiento devastó muchas cuarteradas de tierra en Biniarroi. Para comprender la dimensión de aquel cambio, hay que mirar desde las laderas de la Tramuntana hasta los torrentes que se reúnen antes de llegar a Mancor.

La iglesia de San Juan Bautista en el núcleo de Mancor de la Vall, rodeada por las casas y las laderas del valle.

La iglesia de San Juan Bautista en el núcleo de Mancor de la Vall, rodeada por las casas y las laderas del valle.

Foto: Araceli Merino, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En 1721, Biniarroi sufrió un gran corrimiento de tierras. La noticia conservada cuenta el resultado con una imagen contundente: quedaron devastadas muchas cuarteradas de tierra. No describe una grieta concreta ni señala qué puso el terreno en movimiento. Pero sí deja claro qué estaba en juego: una parte extensa del suelo de un lugar donde las tierras y las laderas forman parte de la vida cotidiana.

Un corrimiento ocurre cuando una masa de terreno se desplaza pendiente abajo. En Biniarroi, el cambio no fue una variación lenta que se confundiera con el paso de las estaciones: la historia local lo recuerda como un episodio de gran alcance por la superficie afectada. No se detallan sus etapas ni las consecuencias para cada finca; lo que sí queda fijado es el desenlace inmediato, la devastación de muchas cuarteradas.

Biniarroi, muchas tierras devastadas

Para situar el episodio, conviene alejarse un poco. Mancor de la Vall se encuentra en un pequeño valle rodeado de montañas, dentro de la sierra de Tramontana. El núcleo está a 215 metros sobre el nivel del mar; hacia el norte, el relieve asciende hasta el Puig de sa Fita, de 895 metros. El monte del Suro alcanza 644 metros y el Puig de sa Creu, 610. Entre el pueblo y esas alturas se extiende un paisaje de pendientes y zonas más bajas.

Por el término discurren los torrentes de Massanella y de Biniarroi. Se juntan antes de alcanzar el pueblo y continúan hacia el torrente de San Miguel, en Campanet. Es una geografía en la que las aguas tienen cauces para atravesar el valle, aunque la documentación no relaciona esos torrentes con el corrimiento de 1721. La diferencia importa: el episodio está localizado en Biniarroi, pero no se atribuye a un cauce, una lluvia o una roca determinados.

La montaña ofrece el escenario; el corrimiento, la transformación. La tierra que se desplaza cambia de posición y puede cubrir o alterar superficies, como sucedió con las tierras devastadas de Biniarroi. Sin detalles sobre el recorrido exacto de la masa, no es posible dibujar su trayectoria. Sí puede reconocerse el contraste que hace significativo el episodio: un terreno habitado y trabajado, sometido a un cambio lo bastante amplio como para quedar registrado como desastre local.

El oratorio de Santa Llucia se alza sobre una loma entre Mancor y Biniarroi, en un paisaje donde las pendientes conectan los núcleos.

El oratorio de Santa Llucia se alza sobre una loma entre Mancor y Biniarroi, en un paisaje donde las pendientes conectan los núcleos.

Foto: Miguelmaier, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Un valle entre laderas y torrentes

El sustrato municipal añade otra pieza al paisaje. El estudio geotécnico clasifica como predominantes las arenas finas y los limos; también registra yesos, anhidrita y sales, además de calizas, dolomías y mármoles. Son materiales distintos: las arenas están formadas por granos, los limos por partículas más finas, mientras que calizas y dolomías son rocas carbonatadas. La clasificación describe el término municipal en conjunto, no identifica automáticamente qué material hay bajo una casa o en el punto exacto del corrimiento.

Esta variedad ayuda a imaginar un subsuelo que no es una pieza uniforme. Los sedimentos finos y las rocas no son intercambiables: tienen composiciones y comportamientos distintos. El inventario disponible no ofrece una estratigrafía local ni cuenta cómo se formó cada material en Mancor, así que no cabe atribuirles una edad o un origen concreto. Lo que sí permite es nombrar los componentes registrados y entender que el terreno municipal reúne sedimentos y materiales rocosos diversos.

En las formaciones carbonatadas, el estudio califica la karstificación como muy desarrollada en su conjunto. El karst se forma cuando el agua disuelve lentamente rocas carbonatadas y puede abrir huecos; allí donde el terreno se hunde, el movimiento puede producir subsidencias. El mismo estudio señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales y zonas con movimientos de tipo deslizamiento o desprendimiento, también actuales o potenciales. Son indicaciones geotécnicas para el municipio; no explican por sí mismas la causa del episodio histórico de Biniarroi.

También aparecen arcillas expansivas en ciertas zonas. La expansión es el aumento de volumen de algunas arcillas al cambiar su contenido de humedad; el estudio identifica sectores con peligrosidad moderada a alta bajo determinadas condiciones climáticas. No significa que todo Mancor tenga ese comportamiento, ni que esas arcillas intervinieran en 1721. Junto con las referencias a movimientos y karst, la información dibuja un terreno donde pueden actuar procesos distintos, según el lugar y el material.

De Montaura a las alquerías

Mucho antes del corrimiento, las comunidades dejaron huellas en este mismo término montañoso. Los talayots del Clot dels Diners y de Conia, el recinto fortificado de Son Boscà y la cueva de Montaura muestran distintos usos del territorio. En Montaura enterraban a sus muertos y adoraban a un ídolo con forma de toro. Esas construcciones y prácticas no explican el deslizamiento posterior, pero recuerdan que el paisaje de Mancor ha sido escenario de ocupación humana durante épocas muy distintas.

Hasta la conquista de Mallorca en 1229, el término estaba organizado en cuatro alquerías: Mancor, Benorio, Maizarella y Benizar, hoy conocidas como Mancor, Biniarroi, Massanella y Biniatzent. En 1232, Rotlà Lai repartió las tierras de Mancor entre doce repobladores para que las cultivaran. La historia deja así otra relación concreta con el suelo: no solo un lugar que podía cambiar, sino tierras distribuidas para trabajar. La actividad agrícola y el aprovechamiento del bosque fueron durante siglos parte de la economía local.

La capilla de Santa Llucia, documentada desde 1341 entre Mancor y Biniarroi, atendía a habitantes que de otro modo debían ir a la iglesia de San Lorenzo de Selva. La distancia y la subida hicieron que, en 1572, los mancorines comenzaran una iglesia dentro de Mancor; dedicada a San Juan Bautista, fue bendecida en 1606. Los asentamientos y sus servicios se fueron organizando en relación con el relieve: entre núcleos, caminos y pendientes, sin que eso convierta la geografía en explicación automática de cada decisión.

En el siglo XIX, el olivar era la actividad agrícola más productiva y el aprovechamiento del bosque seguía teniendo importancia. En años de cosecha, llegaban recolectores de pueblos del Llano; el carbón de piedra empezó también a explotarse durante ese siglo. En Mancor se construyó una nueva iglesia, iniciada en 1800 y bendecida en 1843 aunque aún sin terminar; en 1839 se hicieron los lavaderos y bebederos de la fuente pública. La comunidad continuó trabajando, construyendo y adaptando su vida en un término de montañas y valles.

En el siglo XX llegaron la electricidad, la industria del calzado y, en 1925, la separación administrativa de Selva después de 625 años de dependencia. La agricultura perdió importancia y se abandonó la confección de carbón vegetal. Mientras cambiaban los trabajos y la vida del municipio, el episodio de Biniarroi seguía perteneciendo a otra escala: la de una transformación del terreno que arrasó muchas cuarteradas.

De aquel corrimiento no conocemos un punto exacto que hoy pueda señalarse como su huella, pero sí su resultado registrado: una extensión considerable de tierra devastada en Biniarroi. El movimiento terminó como episodio histórico; las laderas y los procesos que pueden modificar el terreno siguen formando parte del paisaje municipal, sin que eso signifique que aquel mismo corrimiento continúe. Cuando los torrentes de Massanella y Biniarroi se reúnen antes de Mancor, el valle parece una forma estable. La historia de 1721 recuerda que sus tierras también pueden cambiar de golpe.

Tipos de terreno en Mancor de la Vall

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Yesos, Anhidrita y Sales
    Peligro

    Yesos, Anhidrita y Sales

    Rocas sedimentarias de origen químico formadas por la precipitación de minerales disueltos en cuencas cerradas. Predominan los yesos (sulfato cálcico) y en menor medida la anhidrita y las sales (halit

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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