Historia geológica Localidad Lezo

Lezo llevaba sus calles al agua antes de construir los astilleros de 1597

Desde las calles Mayor y San Juan se accedía al Cai de Lezo, donde encontraban refugio lanchas de pesca y barcos. La historia de aquella orilla permite leer de otra manera el pequeño alto del casco urbano y su encuentro con la bahía de Pasaia.

El ayuntamiento de Lezo y los distintos niveles del espacio urbano junto a la plaza del Santo Cristo, donde confluían las calles Mayor y San Juan.

El ayuntamiento de Lezo y los distintos niveles del espacio urbano junto a la plaza del Santo Cristo, donde confluían las calles Mayor y San Juan.

Foto: Zarateman, CC0 — commons.wikimedia.org

Las calles Mayor y San Juan de Lezo no solo conducían a la plaza del Santo Cristo. También daban acceso al Cai de Lezo, el embarcadero que acogía lanchas de pesca y barcos de pequeño y mediano calado. El pueblo tenía una prolongación sobre el agua. Para entender aquella relación cotidiana con la bahía hay que mirar primero el terreno: un núcleo urbano sobre un altillo junto a la costa, una parroquia sobre un promontorio y, alrededor, las distintas alturas que separan el monte, las calles y la orilla.

¿Qué convirtió ese encuentro entre tierra y agua en una pieza central de la vida de Lezo? La respuesta comienza en su posición dentro del puerto de Pasaia y continúa en los accesos que enlazaban las viviendas con los embarcaderos. Aquel relieve fue el escenario material de una comunidad que pescó, transportó pasajeros y construyó barcos.

Dos calles desembocaban en una forma de ganarse la vida

El casco antiguo miraba hacia el agua incluso cuando sus casas guardaban huertas, lagares y pocilgas. Las primitivas calles Mayor y San Juan confluían en la plaza del Santo Cristo; cerca de la parroquia estaban el Palacio y la casa de Lezoandía. Esa convivencia entre actividades domésticas, rurales y marítimas aparece en la historia local recogida en el dossier.

El Cai de Lezo tenía numerosos accesos desde ambas calles. No era el único punto de embarque: en la ensenada de Bekoerrota estaba Portua, donde las barqueras aguardaban a quienes querían trasladarse a Herrera o a otros lugares de la bahía. El agua también era camino.

Si recorres hoy esos nombres en el casco histórico, puedes reconocer una organización urbana que tuvo conexiones concretas con la navegación. Las calles enlazaban las casas con lugares de trabajo y transporte. La bahía no era únicamente el horizonte del pueblo: formaba parte de sus desplazamientos y de sus ingresos.

La geografía ayuda a situarlo. Jaizkibel limita Lezo por el norte; el puerto de Pasaia, por el oeste; Gaintxurizketa, por el este, y el Oiartzun y Errenteria, por el sur. Entre esas referencias, el municipio se abre a un pequeño tramo de bahía. La historia marítima se concentró precisamente en ese contacto.

El alto de San Juan cambia la escala del relato

La parroquia ocupa un promontorio, no una superficie indiferenciada junto al puerto. El núcleo urbano se sitúa en un altillo costero de la parte occidental del término. Esa diferencia de alturas permite comprender la disposición del pueblo como una sucesión de niveles, parecida a unos peldaños entre el interior y el agua.

¿Dónde empieza la historia geológica de esa orilla? La descripción geográfica de Lezo sitúa la localidad sobre margas cretáceas con areniscas intercaladas. El nombre Cretácico traslada la mirada a un tiempo muy anterior al asentamiento humano; las intercalaciones describen rocas distintas alternándose, como hojas de diferente textura dentro de un mismo volumen.

La caracterización interna del terreno amplía esa imagen municipal. El grupo «Calizas, Dolomías y Mármoles» representa el 51.80 %, y el de «Areniscas, Conglomerados y Flysch», el 42.73 %. Son agrupaciones de materiales: cada porcentaje corresponde al conjunto de su categoría, no a cada roca por separado. El dato muestra el peso de los terrenos rocosos en Lezo.

Para la historia de los embarcaderos importa especialmente la forma que presenta ese territorio: alturas junto a una ribera accesible. La geología sugiere que ese contraste ofreció condiciones favorables para combinar un asentamiento elevado con actividades al borde del agua. Los accesos al Cai documentan cómo los habitantes aprovecharon después esa disposición.

En 1597 la ensenada comenzó a convertirse en astillero

Los barcos no solo llegaban a Lezo. También se construían allí. En 1597 comenzó la edificación de los Astilleros Reales de Lezo en la ensenada de Port de la Borda, en el barrio de Vizcaya. El general Antonio de Urkiola ejercía como superintendente y Onofre de Isasti menor se ocupaba de materiales y pertrechos.

El emplazamiento prolongaba a otra escala la relación que ya expresaban los embarcaderos: trabajar desde tierra para operar sobre el agua. Una ensenada es una entrada de agua en la costa, semejante a un entrante en el contorno de una pieza. Aquí ese espacio tuvo un nombre y una función documentados: Port de la Borda, construcción naval.

¿Qué significó para los vecinos? Los astilleros dieron empleo a numerosos carpinteros y calafates de Lezo, los trabajadores encargados de sellar las juntas de las embarcaciones. Junto a las instalaciones hubo una gran cordelería y una ermita dedicada a María Magdalena. La actividad naval reunió así oficios e instalaciones asociados a la fabricación de barcos.

A partir del siglo XVIII se conocieron como astilleros de Bordalaborda. Su historia encaja en el gran desarrollo marítimo que vivió Lezo durante el siglo XVI y parte del XVII. La importancia estratégica del puerto de Pasaia y los privilegios locales de carga y descarga favorecieron aquella expansión. El relieve aportaba el emplazamiento; los derechos y el trabajo humano hicieron posible su aprovechamiento.

El mar entraba también en la plaza del Santo Cristo

La distancia entre la plaza y los viajes oceánicos era menor de lo que sugiere un paseo por el casco antiguo. Los habitantes de Lezo participaron en la pesca de bajura, de ballena y de bacalao, en el comercio con Andalucía y América, en el corso, en las armadas reales y en la construcción naval.

La devoción marinera dejó otra conexión reconocible. El documento histórico Universidad de Lezo, conservado en la biblioteca digital de Gipuzkoa, describe el arraigo del Santo Cristo entre la gente de mar. También recuerda que «Universidad» designaba aquí una unión de linajes o vecindades con intereses comunes.

La transformación del santuario coincidió con aquella etapa de expansión. Según la descripción del casco histórico de Nekatur, la antigua ermita dio paso a la construcción de la actual basílica a finales del siglo XVI, cuando se extendió la devoción por la imagen. La plaza reunía así una referencia religiosa y los accesos urbanos vinculados al embarcadero.

En kale Nagusia, las casas blasonadas de arenisca añaden una presencia material a ese recorrido. Puedes pasar de la historia de quienes salían al mar a una roca empleada en sus fachadas. La arenisca es arena consolidada, comparable a granos que han quedado unidos hasta formar una pieza resistente. Su presencia en esos edificios está descrita en la fuente local sobre el patrimonio de Lezo.

Cuando la economía volvió la mirada hacia las laderas

La bahía permaneció, pero la economía cambió. A partir de la crisis del siglo XVII, Lezo se ruralizó progresivamente. Al finalizar el XVIII, la pesca de bajura era la única actividad marítima de importancia para la economía local. El campo ganó protagonismo con nuevas técnicas y cultivos como el maíz y la patata.

¿Desapareció entonces la relación con el terreno? Cambió de expresión. La casería era el núcleo básico de producción rural, con cultivos de trigo, maíz y hortalizas, producción de sidra y pastoreo. Frente al trabajo concentrado en embarcaderos y astilleros, cobraban peso las actividades repartidas por el espacio rural.

El agua seguía dibujando el municipio. El Oiartzun marca parte del límite con Errenteria antes de su desembocadura, y los arroyos Izoztegi y Zubitxo vierten en su margen derecha. Monte, altillo urbano, cursos de agua y bahía permiten reunir en una sola mirada los escenarios de esa historia.

Lo que convirtió aquella orilla en una pieza central de Lezo fue su aprovechamiento como refugio, acceso y lugar de trabajo dentro del puerto de Pasaia. Al volver a las calles Mayor y San Juan, puedes imaginarlas prolongadas hasta el Cai: el pequeño alto del pueblo tenía sus caminos hacia el mar.

Tipos de terreno en Lezo

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha
  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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Riesgo sísmico en Lezo

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2 Escala de Richter
MáxM 2
MediaM 2
Máx Media
Eventos registrados
1
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.5) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2 2007
Último sismo registrado
2007
M 2 · hace 19 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).

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