Legutio, el Santa Engracia embalsado
A comienzos de los años cincuenta, las aguas del río Santa Engracia quedaron reunidas en el embalse de Urrúnaga. La historia de esa transformación empieza en un término donde los caminos de montaña y un sustrato diverso acompañan, desde mucho antes, la vida de sus pueblos.
El embalse de Urrúnaga y Legutio al fondo: el agua del Santa Engracia forma parte del paisaje del municipio.
El embalse de Urrúnaga cambia la escala del paisaje de Legutio. Donde el río Santa Engracia aporta sus aguas a la cuenca del Zadorra, la presa construida a principios de la década de 1950 las retiene en un embalse. Es un cambio concreto y visible: el agua pasa a formar parte de una infraestructura que define este rincón del municipio. No hace falta alejarse de Legutio para encontrar otras capas de su historia. El territorio reúne varios pueblos, pasos de montaña y materiales geológicos distintos; durante siglos, esas condiciones acompañaron los desplazamientos, las disputas y las decisiones que hicieron del lugar una villa.
Urrúnaga retiene al Santa Engracia
El nombre del embalse conduce al pueblo de Urrúnaga, cerca del cual se construyó a comienzos de los años cincuenta. Su presa embalsa las aguas del Santa Engracia, afluente del Zadorra. La obra dejó así una huella duradera en la geografía local: el agua retenida forma parte del paisaje que comparten los pueblos del municipio. No se trata de atribuir a la presa otros cambios que no constan, sino de reconocer el resultado documentado: el curso del río queda asociado desde entonces a un embalse.
Legutio está formado por cinco pueblos que constituyen concejos. El de Villarreal es el principal y da nombre al municipio en su denominación histórica. Urrúnaga, Gojáin, Urbina y Elosu son hoy concejos agregados; Anguelu quedó despoblado y Nafarrate pasó a ser un barrio de Urrúnaga. El recuento recuerda que el territorio no se reduce a un solo núcleo. El embalse se inscribe en un municipio de asentamientos diversos, y su topónimo enlaza una obra construida en el siglo XX con uno de esos pueblos.
Un término de areniscas, conglomerados y flysch
El sustrato ofrece otro mapa de Legutio. La clasificación geotécnica del término atribuye un 53,49 % a areniscas, conglomerados y flysch; un 25,02 % a calizas, dolomías y mármoles; y un 7,32 % a arenas finas y limos. Son materiales distintos, agrupados en una descripción municipal: no identifican automáticamente la roca de una calle concreta ni la que sostiene un edificio determinado. Sí dibujan un territorio geológicamente variado, donde la superficie no se puede resumir con el nombre de un único material.
La ficha geotécnica también registra áreas con movimientos actuales o potenciales, de tipo deslizamiento o desprendimiento. La formulación describe procesos del terreno, no un episodio histórico concreto en Urrúnaga ni una causa de la construcción de la presa. Ayuda, en cambio, a entender que el relieve no es un fondo inmóvil: hay zonas donde materiales y pendientes pueden estar implicados en desplazamientos. El inventario clasifica además ciertas formaciones como generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad, aunque señala que la alteración o la fisuración pueden albergar acuíferos superficiales, por lo común poco extensos y de baja productividad.
Estas categorías permiten hablar del terreno a escala de todo el municipio, no reconstruir el origen de cada roca ni asociar un material específico al embalse. Para la historia de Urrúnaga basta con mantener juntas dos evidencias: el agua del Santa Engracia quedó embalsada y, en el término, conviven varios tipos de materiales y zonas con procesos potenciales de movimiento. El paisaje que recibe una infraestructura como esta es también un terreno con propiedades geológicas propias; ambas realidades pertenecen a Legutio, aunque los datos no establezcan una relación causal entre ellas.
Los pasos de montaña hicieron estratégica la villa
Legutio ocupa una posición al pie de los pasos de montaña que comunican la Llanada Alavesa y Vitoria con los valles vizcaínos de Arratia y Duranguesado y con el guipuzcoano Alto Deva. Esa localización ayuda a comprender por qué Villarreal fue considerada una posición codiciada y la «llave de Vitoria». Los pasos no explican por sí solos cada conflicto, pero sitúan la villa en un cruce de comunicaciones que aparece una y otra vez en su historia. El relieve está presente aquí como escenario de desplazamientos y como parte de la importancia estratégica del lugar.
Legutio con nieve, visto desde el acceso a Aramaio. La imagen sitúa la villa en el entorno de los pasos de montaña que comunicaban distintos valles.
En 1333, Alfonso XI fundó la villa de Villarreal de Álava tomando como base la población de Legutiano. La dotó de fueros y le dio jurisdicción sobre varias aldeas cercanas. En la carta de fundación aparecían ya los nombres Legutiano o Legutio y Villarreal de Álava: dos maneras de nombrar un lugar cuya identidad municipal no quedó fijada para siempre en una sola forma. La villa se organizó en relación con su entorno; algunas de las aldeas incorporadas siguen hoy como concejos del municipio.
El terreno y los caminos formaban el marco de aquella organización, pero no conviene convertirlos en una explicación automática de cada decisión política. Lo documentado es que Villarreal se encontraba cerca del límite entre Álava y el Señorío de Vizcaya, y que su posición junto a los pasos montañosos la volvió relevante en etapas posteriores. La villa medieval, los pueblos cercanos y las rutas que comunicaban distintos valles dieron a Legutio una historia más amplia que la de un núcleo aislado.
Los Abendaño y los ejércitos disputaron Villarreal
En 1371, Enrique II entregó la villa como señorío a Juan de Abendaño, noble vizcaíno que le había apoyado en la primera guerra civil castellana. Los Abendaño construyeron una casa-torre en Villarreal y, desde allí, participaron en las guerras de bandos como parte del bando gamboíno. La villa pasó así de su condición inicial de realengo a manos señoriales. La posición que daba valor al lugar también lo exponía a disputas por su control.
El señorío se mantuvo hasta 1683. Al morir sin descendencia María Ladrón de Guevara Abendaño, condesa de Escalante y última señora de Villarreal, dejó el señorío a la Corona en su testamento, y la villa se reintegró al realengo. El cambio de manos resolvió aquel episodio de jurisdicción, pero no borró la ubicación que había hecho de Villarreal una plaza de interés. Siglos después, en las guerras carlistas, la villa volvió a ser una posición codiciada por su situación estratégica.
En el verano de 1875, Villarreal sufrió acciones duras y grandes incendios por parte de los liberales. En 1936, entre el 30 de noviembre y el 24 de diciembre, la batalla de Villarreal volvió a colocar la localidad en el centro de una ofensiva. El Ejército Vasco trató de ocuparla y avanzar hacia Vitoria y Miranda de Ebro, con la intención de aliviar la ofensiva franquista contra Madrid. La operación fracasó: los atacantes no consiguieron tomar la villa pese a bombardearla y someterla a numerosos ataques. Se calcula que murieron unos mil soldados y que hubo otras 3.500 bajas entre los atacantes; los defensores sufrieron menos bajas.
El embalse cambió la relación con el agua
La batalla no fue el último cambio que transformó el paisaje municipal. A comienzos de la década de 1950 se construyó el embalse de Urrúnaga, cerca del pueblo homónimo, y la presa reunió las aguas del Santa Engracia. El contraste con la villa de los pasos es claro: durante siglos, los relatos destacados de Villarreal hablan de jurisdicción, rutas y posiciones disputadas; el embalse añadió una infraestructura vinculada directamente al agua. La historia local tomó otra forma, esta vez alrededor de un río retenido.
Las evidencias disponibles no convierten esa transformación en una explicación de cómo se trazó la presa ni de qué cambios concretos experimentó cada pueblo. Lo que sí muestran es el resultado que permanece: Urrúnaga da nombre al embalse, el Santa Engracia aporta sus aguas y el río es tributario del Zadorra. Ese vínculo basta para seguir el destino documentado del agua en Legutio. El embalse no sustituye la historia de la villa ni de sus concejos; se suma a ellas como una huella del siglo XX en un territorio cuya geografía ya había condicionado la importancia de sus pasos.
Villarreal y Legutio, dos nombres para el mismo lugar
También los nombres siguieron transformándose. Villarreal fue el nombre común desde la fundación medieval hasta las últimas décadas del siglo XX. En 1916, el municipio pasó a llamarse oficialmente Villarreal de Álava. Durante el proceso de normalización lingüística, Euskaltzaindia propuso en 1979 Legutio como nombre en euskera. El ayuntamiento adoptó Legutiano en 1980 y, tras varias décadas con esa denominación oficial, en 2011 el municipio adoptó finalmente el nombre de Legutio.
La secuencia de nombres y la del agua cuentan cambios distintos, pero comparten un mismo lugar. Villarreal nació como villa en 1333, disputó su posición junto a los pasos y atravesó guerras; Urrúnaga quedó asociado a un embalse que retiene las aguas del Santa Engracia. Hoy, al mirar el agua, se ve la huella de esa transformación del siglo XX. Bajo ella permanece el municipio diverso que la rodea: pueblos, rutas y un sustrato de areniscas, conglomerados, flysch y calizas. El río sigue siendo parte del Zadorra; en Legutio, su historia también quedó escrita en el embalse.
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