Las Valeras, la hoz que cerraba el paso
La Hoz del río Gritos convirtió el relieve de Las Valeras en una pieza estratégica: controlar el paso podía ayudar a proteger el camino hacia Cuenca. Esa relación entre paisaje y defensa explica una historia de destrucciones, repoblaciones y dos localidades que acabaron formando un municipio.
La Hoz del río Gritos y los páramos de Las Valeras forman el paisaje del paso que tuvo importancia estratégica.
En Las Valeras, la Hoz del río Gritos no es solo un rasgo del paisaje. La historia local la sitúa en el centro de una disputa por el paso: Valera de Abajo adquirió importancia estratégica porque dominar ese corredor ayudaba a controlar el movimiento de los ejércitos. También importaban las alturas de Valera de Abajo y Valera de Arriba. El terreno ofrecía posiciones desde las que vigilar el tránsito y dificultar el avance de fuerzas enemigas. A lo largo de los siglos, esa ventaja hizo que el mismo lugar reapareciera en relatos de ocupación, destrucción y reconstrucción.
Valera de Abajo y las primeras historias
La historia recogida para Valera de Abajo lleva el relato hasta la Antigüedad. Atribuye su conquista, hacia el año 179 antes de Cristo, a Tiberio Sempronio Graco, y señala a Valerio Flaco como fundador. Sitúa también hacia el 82 antes de Cristo la adopción del nombre Valera, una forma latina que, según ese relato, aparece en textos atribuidos a Ptolomeo y Plinio. Son referencias a una larga historia local, anterior a los episodios medievales que convertirían el paso en una pieza defensiva.
El paisaje reaparece cuando la narración habla de romanos y visigodos que trataron de dominar las alturas de Valera de Abajo y Valera de Arriba. El objetivo que les atribuye es controlar el paso de sus ejércitos por la hoz y dificultar el de los adversarios. En época visigoda, Valeria fue además sede episcopal. Son indicios de que el territorio no se entiende solo como un corredor: sus asentamientos y elevaciones también formaban parte de la pugna por permanecer y ejercer control.
La Hoz del Gritos, una defensa natural
Una hoz es un paso asociado a un valle estrecho; aquí, la Hoz de las Valeras o Paso de las Valeras quedó ligada a Valera de Abajo. La explicación histórica le atribuye una función concreta: dificultaba el acceso a Cuenca desde el sur y el este. Esa condición daba valor a la posición, pero también convertía el lugar en un objetivo. Las alturas permitían dominar el paso, y quien quisiera controlar el movimiento de tropas tenía que atender tanto al corredor como a los asentamientos que lo vigilaban.
La misma historia recoge la destrucción del enclave durante la guerra entre Amer-ben-Amrú y Jusyf-el-Fheri. Después, quienes quedaron lo fundaron de nuevo. No fue una continuidad intacta: la destrucción cambió el asentamiento y obligó a empezar otra vez con la población que permaneció. En un paisaje cuyo paso seguía siendo estratégico, reconstruir significaba volver a ocupar un lugar expuesto a las disputas por el control del territorio.
Años después, el relato sitúa una destrucción y una nueva fundación en Valera de Arriba, en el mismo emplazamiento donde había estado Valeria. También señala que, durante la ocupación musulmana, el enclave fue destruido de nuevo en el contexto de las guerras de la época. La repetición no convierte cada episodio en la misma batalla: muestra, más bien, cómo el dominio de las alturas y del paso mantuvo su importancia mientras cambiaban los poderes que se disputaban la zona.
Alfonso VIII y la repoblación del paso
La respuesta que la historia local atribuye a Alfonso VIII fue ordenar la reconquista y repoblación de los terrenos de Valera en algún momento entre 1157 y 1217. La batalla de las Navas de Tolosa, en 1212, forma parte de ese contexto: después de ella, el peligro almohade quedó especialmente presente en la explicación recogida. La hoz impedía el acceso a Cuenca desde el sur y el este, de modo que asegurar el entorno del paso tenía un propósito defensivo reconocible.
Valera de Abajo volvió a la vida como un pequeño pueblo militar. Ese resultado enlaza el relieve con la decisión humana sin necesidad de atribuir a la hoz un origen geológico no descrito: el paso condicionó la importancia estratégica del lugar, y la repoblación volvió a poner población en ese punto. El episodio no termina con el terreno transformado en otra cosa, sino con una comunidad restablecida en un enclave cuya posición seguía contando para la defensa de Cuenca.
El sustrato bajo las dos localidades
El estudio geotécnico de Las Valeras clasifica el 100 % de los suelos municipales dentro de la categoría «Pizarras y Esquistos». Es una descripción del término en conjunto, no una identificación automática de la roca de cada pared de la Hoz o de cada construcción de Valeria. El dato aporta una referencia local sobre los materiales incluidos en la clasificación, pero no describe cómo se formó el paso ni fecha esos materiales.
El mismo estudio registra, en otra evaluación del terreno, zonas donde predominan localmente arcillas expansivas, con peligrosidad moderada a alta en áreas de clima con déficit anual de humedad. La expansividad se refiere a cambios de volumen de las arcillas; por eso importa en la valoración geotécnica del suelo. La escala es municipal: informa de condiciones que deben considerarse al estudiar el terreno, sin permitir asignar esas arcillas a un lugar concreto de la hoz o a las ruinas. Junto a la historia de un corredor defendido, recuerda que el sustrato también forma parte de las condiciones locales.
De Valeria a Las Valeras
Valeria conserva en su nombre y en sus restos otra etapa de la historia del lugar. Allí se encuentran las ruinas romanas y una muralla medieval; la iglesia de Nuestra Señora de la Sey también figura entre los lugares de interés. Estos elementos muestran la superposición de épocas en el núcleo, pero la historia del paso no se limita a sus vestigios monumentales. Las dos localidades, Valera de Abajo y Valeria, siguieron trayectorias propias antes de quedar unidas administrativamente.
En la década de 1950 se encontró el llamado Tesorillo de Valera de Arriba, compuesto por monedas y fragmentos de plata. El 18 de marzo de 1959, el Consejo de Ministros dispuso que Valera de Arriba pasara a llamarse Valeria. El cambio recuperaba para el núcleo el nombre asociado al antiguo asentamiento, mientras el tesorillo añadía una huella material a una historia que ya contaba con referencias romanas y visigodas.
En diciembre de 1971, Valeria se fusionó con Valera de Abajo para formar el municipio de Las Valeras. La explicación recogida en el BOE de 2003 atribuye la fusión a la insuficiencia de recursos económicos. En 2003, además, Valeria quedó constituida como entidad de ámbito territorial inferior al municipio. El paso defensivo había formado parte de una historia de control y repoblación; la vida administrativa de los dos núcleos tomó después otro rumbo, sin borrar su identidad local.
La Hoz del Gritos permanece como la referencia del relato: un corredor cuyo valor estratégico aparece unido a las alturas y a las poblaciones de Las Valeras. Las destrucciones no fueron el final de sus asentamientos; hubo nuevas fundaciones, una repoblación y, mucho más tarde, una unión municipal. Hoy, el paisaje y los nombres de Valera de Abajo y Valeria conservan las huellas de esa historia compartida.
Un tramo de la Hoz del río Gritos muestra de cerca el relieve que acompaña la historia del paso.
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