Historia geológica Localidad La Seca

La Seca abrió sus bodegas en el subsuelo y las hizo parte del pueblo

*En La Seca, las bodegas no solo acompañan la producción de vino: algunas se excavan bajo el propio pueblo y llegan a superponerse. ¿Qué relación puede haber entre esa arquitectura subterránea y el terreno que la sostiene?*

Ermita de San Roque, en La Seca. Un referente local para situar el pueblo cuya arquitectura también se extiende bajo tierra.

Ermita de San Roque, en La Seca. Un referente local para situar el pueblo cuya arquitectura también se extiende bajo tierra.

Foto: Carbeal9969 / Wikimedia Commons / CC BY-SA 4.0

En La Seca, una bodega puede estar debajo de otra. La imagen no es una metáfora: la descripción local registra numerosas bodegas excavadas en el subsuelo del pueblo y señala que, en ocasiones, unas se superponen a otras. La pregunta es concreta: ¿cómo llegó el vino a ocupar también el espacio bajo las casas y las calles?

La documentación permite contar una historia de convivencia entre una actividad económica —la producción vinícola— y una arquitectura excavada. No permite fechar la apertura de las galerías ni identificar la roca de cada una. Pero sí deja ver una consecuencia material: el subsuelo dejó de ser solo soporte del asentamiento y pasó a formar parte de su paisaje construido.

El pueblo no termina en la superficie

La Seca basa buena parte de su economía en el vino y cuenta con numerosas bodegas; la mayor parte de su término municipal está cultivada con viñedos, llamados allí majuelos, y el municipio pertenece a la Denominación de Origen Rueda. En ese contexto, las bodegas subterráneas no son un elemento aislado: acompañan una actividad central para la localidad.

La descripción de La Seca destaca que esas bodegas están excavadas bajo el pueblo y que algunas se superponen. La superposición convierte el dato en una escena urbana peculiar: distintos espacios subterráneos pueden ocupar niveles diferentes bajo un mismo núcleo habitado. No conocemos por este dossier su trazado, su antigüedad ni el uso preciso de cada una; sí sabemos que la relación vertical entre ellas forma parte de la descripción del patrimonio local.

Excavar una bodega significa retirar terreno para crear un espacio protegido por el propio subsuelo. Es razonable deducir que las características del terreno condicionaron dónde y cómo podía excavarse, aunque las fuentes disponibles no identifican el material concreto de las bodegas de La Seca. No sería riguroso afirmar que se abrieron en una roca determinada.

El estudio geotécnico del municipio incluye entre sus categorías predominantes las calizas, dolomías y mármoles, pero esa clasificación general no señala qué materiales aparecen en cada bodega. Tampoco permite trasladar una composición municipal a una galería concreta. La conexión geológica, por tanto, es real en un sentido básico —la excavación transforma el terreno y depende de él—, pero no puede precisarse aquí hasta el detalle de una pared o una cavidad determinada.

La roca sostiene una historia, pero no la cuenta sola

En el subsuelo, la geología no es solo una lista de materiales: es el medio físico que hace posibles, o limita, las obras excavadas. En La Seca, esa idea se vuelve tangible en la coexistencia de bodegas subterráneas y un pueblo asentado sobre ellas. La documentación no describe el proceso de excavación ni las técnicas empleadas, así que no cabe reconstruir una obra concreta. Lo que sí muestra es que la arquitectura se extendió hacia abajo.

La actividad vinícola también se reconoce en la superficie. Los viñedos ocupan buena parte del término municipal y el vino tiene presencia económica local; la Fiesta del Verdejo, celebrada el tercer fin de semana de abril, está dedicada al vino de la zona. No son episodios independientes de las bodegas: forman parte del mismo paisaje productivo, aunque las fuentes no detallan cómo se organizaba históricamente el almacenamiento ni desde cuándo se excavaron los espacios subterráneos.

La escala cotidiana ayuda a entender el contraste. Desde fuera, el pueblo se recorre entre calles, edificios y majuelos; bajo ese nivel visible, las bodegas añaden una dimensión construida que no siempre se percibe al caminar. Si alguna vez miras La Seca como un conjunto, piensa también en esa ocupación del subsuelo: no como una red con forma o antigüedad conocidas, sino como una parte documentada de su patrimonio y de su relación con el vino.

La Seca, además, conserva edificios y lugares reconocibles, entre ellos la iglesia de Nuestra Señora de la Asunción y la ermita de San Roque. Las bodegas tienen otro tipo de presencia: menos visible, pero directamente ligada al terreno excavado. Una imagen de la ermita puede situar al lector en el municipio, aunque no represente las galerías ni pruebe su relación con un edificio concreto.

La respuesta a la pregunta inicial está en esa doble ocupación del lugar: la viticultura dio relevancia a las bodegas, y la excavación convirtió parte del subsuelo en arquitectura. Al pasear por La Seca, la superficie sigue mostrando el pueblo y sus viñas; saber que algunas bodegas se superponen invita a imaginar, con prudencia, el espacio construido que continúa debajo.

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