La Romana, tierras que cambiaron de dueño
En La Romana, la historia del terreno no se cuenta solo en montañas y materiales: también pasa por caseríos, cultivos y una antigua propiedad señorial. El recorrido lleva desde la baronía de Novelda hasta la independencia municipal y permite mirar de cerca el sustrato y los trabajos que hoy caracterizan al municipio.
Lavadero de La Romana
La Romana se extiende por el interior de Alicante, en el Vinalopó Medio. El núcleo urbano está a 420 metros de altura; sobre el término destaca la Penya la Mina, que alcanza los 1.053 metros sobre el nivel del mar. Entre esos dos datos se despliega un paisaje municipal de 43,3 kilómetros cuadrados, en un clima mediterráneo árido. Pero la historia local no es solo la de las alturas: también es la de quién poseía y trabajaba estas tierras, cómo se formó un pueblo a partir de caseríos y qué cambió cuando dejó de depender jurídicamente de Novelda.
La Romana, dentro de la baronía de Novelda
El primer tramo de esta historia conduce a 1449. Al fundarse la baronía de Novelda, La Romana aparece integrada en ella. El dato sitúa el territorio dentro de una jurisdicción más amplia, no todavía como el municipio independiente que conocemos. En los siglos siguientes, la distancia entre pertenecer a un dominio y constituir una población reconocible se mide aquí en transformaciones graduales: ocupación dispersa, caseríos y, mucho más tarde, una localidad con casas reunidas.
Parte del territorio habría estado débilmente ocupado por población morisca, expulsada en 1609. La formulación importa: el relato disponible se refiere a una ocupación parcial y poco intensa, no a un poblamiento uniforme de todo el término. La expulsión marca una ruptura en esa etapa humana del paisaje. No se documenta aquí qué cambió parcela por parcela, pero sí queda la secuencia general: una presencia anterior, la expulsión y, más adelante, el desarrollo de un poblamiento ligado a la nueva organización señorial.
Así comienza el conflicto que da forma al recorrido: la tierra aparece dentro de la baronía y, siglos después, sigue en manos de una familia noble, mientras quienes cultivan parcelas no son todavía sus propietarios. No es una disputa que podamos reconstruir con escenas particulares; sí se puede seguir el cambio en sus hitos documentados. Primero, el territorio depende de Novelda. Después, una nueva institución señorial lleva el nombre de La Romana. Finalmente, la propiedad y la jurisdicción dejan de estar concentradas del mismo modo.
El marquesado convierte el nombre en centro
En 1739 se fundó el marquesado de la Romana, vinculado a la familia Maza de Lizana, descendiente de los barones de Novelda. A partir de esa fecha, el nombre del lugar queda asociado a un título propio. La fuente relaciona la fundación del marquesado con el origen del poblamiento local: a finales del siglo XVIII, La Romana estaba compuesta por varios caseríos y cortijos. No era aún una trama urbana compacta, sino un conjunto de núcleos dispersos en el término.
La diferencia entre un caserío y un pueblo reunido ayuda a leer el paisaje humano de entonces. En un asentamiento disperso, las viviendas y las explotaciones no forman necesariamente una única concentración; en La Romana, el registro distingue esos caseríos y cortijos de las 25 casas que se contaban reunidas en 1854. La hacienda del marqués y una iglesia completaban esa descripción. Son piezas concretas de una población que empezaba a tener un centro reconocible, sin que la cifra permita suponer que todas las viviendas estuvieran agrupadas o que el municipio tuviera ya sus límites actuales.
El terreno entra en esta historia como espacio trabajado y habitado, no como telón de fondo abstracto. En el término hay cultivos y, en la economía actual, extracción y transformación de mármol. La documentación disponible no enlaza una litología concreta con la hacienda, la iglesia o las casas del siglo XIX; por eso no conviene atribuir a esos edificios una roca determinada. Lo que sí permite afirmar es que el aprovechamiento de la tierra y de materiales minerales forma parte de la vida económica de La Romana, aunque sean actividades distintas y no deban confundirse.
Gravas y arenas bajo una clasificación técnica
El estudio geotécnico de La Romana ofrece una descripción concreta del suelo: lo clasifica como «Gravas y Arenas compactas», con un 100 % en esa categoría. Gravas y arenas son materiales formados por granos; las gravas tienen fragmentos mayores y las arenas, granos más pequeños. La palabra «compactas» indica cómo los agrupa esa clasificación técnica, pero no convierte automáticamente esos materiales en roca ni describe por sí sola cada parcela del municipio.
El mismo estudio asigna a las formaciones la clase de permeabilidad 9, litología D-2, descrita como generalmente impermeable o de muy baja permeabilidad. También indica que pueden albergar acuíferos superficiales por alteración o fisuración, por lo común poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés; algunas formaciones modernas pueden cubrir acuíferos cautivos productivos. Es una descripción del comportamiento posible de esas formaciones, no una afirmación de que un acuífero concreto abastezca los cultivos de La Romana.
Esta información pone nombre al sustrato en una escala técnica, pero no cuenta su origen: el estudio no aporta una estratigrafía ni una explicación de cómo se depositaron esos materiales. Tampoco permite identificar esas gravas y arenas con el mármol de la actividad extractiva local. Son datos diferentes: por un lado, una clasificación de suelos y permeabilidad; por otro, una industria municipal dedicada a extraer y transformar mármol. Mantenerlos separados ayuda a entender lo que cada uno aporta: una referencia sobre el terreno y otra sobre el trabajo que sostiene parte de la economía.
De Novelda a municipio independiente
Durante siglos, el vínculo administrativo con Novelda acompañó la vida local. El cambio decisivo llegó en 1929, cuando La Romana se segregó jurídicamente y se constituyó como municipio independiente. La fecha resuelve una parte de la historia: el nombre que había aparecido en la baronía, y luego en el marquesado, pasó a designar también una entidad municipal propia. No fue el final de todas las dependencias económicas o familiares del pasado, pero sí una modificación clara del marco legal.
Al año siguiente, el territorio vivió otro cambio en la propiedad. Hasta 1930, el pueblo fue propiedad del marqués de La Romana; finalmente, este vendió a colonos y arrendatarios los terrenos que cultivaban. La secuencia es significativa porque distingue dos transformaciones cercanas, pero no idénticas: primero, la independencia jurídica de Novelda; después, la venta de parcelas a quienes ya las trabajaban. La tierra dejó de estar concentrada en manos del marqués en las condiciones descritas por la fuente, mientras el municipio ya contaba con personalidad propia.
Ahí se cierra el episodio principal. Los caseríos y cortijos del siglo XVIII habían dado paso a casas reunidas y a una iglesia en el registro de 1854; en 1929, la localidad se separó jurídicamente de Novelda y, hacia 1930, los colonos y arrendatarios pudieron comprar los terrenos que cultivaban. El resultado no fue que el suelo cambiara de naturaleza, sino que cambió la relación de la comunidad con la propiedad y con su gobierno local. La huella que permanece es un municipio cuya historia territorial puede seguirse a través de esos cambios documentados.
Un paisaje de cultivos y mármol
Hoy, la economía de La Romana combina la extracción y transformación del mármol con la agricultura. Entre sus producciones destacan la uva de mesa embolsada del Vinalopó, los almendros y los olivos. El estudio geotécnico y esta actividad económica describen aspectos distintos del lugar: uno clasifica suelos y formaciones; la otra muestra cómo se aprovechan recursos y parcelas. La documentación no establece que la composición indicada por el estudio explique por sí sola dónde prospera cada cultivo o dónde se extrae el mármol.
La Romana linda con Algueña y Pinoso al oeste, Monóvar al norte, Novelda al este y Aspe, Hondón de las Nieves y Orihuela al sur. Esa posición ayuda a entender por qué su historia se cuenta en relación con Novelda y con el conjunto del Vinalopó Medio, aunque desde 1929 tenga municipio propio. Entre la Penya la Mina y el núcleo urbano, el terreno es a la vez escenario de la vida local y materia de su economía: se cultiva, se transforma y se habita, mientras la historia de la propiedad ha cambiado a su alrededor.
La Romana comenzó este recorrido como parte de la baronía de Novelda y lo cerró, en el episodio aquí seguido, como municipio independiente y con terrenos vendidos a quienes los cultivaban. Las gravas y arenas compactas de la clasificación geotécnica y la industria del mármol pertenecen a la descripción actual del lugar, aunque no formen una misma historia de origen. Así, mirar el municipio es sostener dos escalas a la vez: la del suelo que lo compone y la de una comunidad que, con el tiempo, pasó de depender de un señorío a gobernar su propio término.
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