Historia geológica Localidad Granollers

Granollers: la llanura que sostuvo un mercado y abrió paso a la industria

Bajo el techo de la Porxada, el grano encontraba cobijo mientras se celebraba el mercado: una necesidad cotidiana convertida en el edificio más reconocible de Granollers. La llanura del Vallès y los terrenos diversos que la forman ayudan a entender cómo una villa agrícola pudo enlazar su mercado con caminos, ferrocarriles y, después, fábricas.

La Porxada in Granollers (Catalonia).

La Porxada in Granollers (Catalonia).

Foto: Toniher 20:49, 8 November 2005 (UTC), CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

## Un techo para el grano, una plaza para el intercambio

La Porxada no nació como monumento. Entre 1586 y 1587, por encargo del Consell de la Vila y según el proyecto del maestro Bartomeu Brufalt, se construyó para alojar el grano durante los días de mercado. Sus quince columnas toscanas sostienen una cubierta de cuatro vertientes: una estructura abierta, hecha para proteger la mercancía sin interrumpir el intercambio. La plaza resume una economía que ya tenía raíces largas. Desde 1040 hay referencias al mercado de Granollers.

Para entender por qué este comercio pudo arraigar aquí conviene levantar la vista del edificio. Granollers ocupa la plana del Vallès, dentro de la depresión prelitoral catalana; alrededor de la ciudad, los materiales geológicos no son uniformes. El estudio geotécnico identifica areniscas, conglomerados y flysch, además de arenas finas, limos, gravas y arenas compactas. Esa variedad describe un territorio construido por materiales de distinto origen y comportamiento, pero no permite afirmar que una roca concreta determinara el emplazamiento de la Porxada o del mercado medieval.

La pista más firme está en la forma del territorio y en lo que las generaciones hicieron con ella. Una llanura ofrece espacio para cultivar, reunirse y conectar poblaciones; es razonable pensar que esas condiciones favorecieron los intercambios. En el sur del término, Palou conserva todavía zonas agrícolas, una continuidad visible de la relación entre Granollers y el campo. El mercado, documentado siglos antes de la Porxada, convirtió esa relación en una institución urbana.

Tipos de terreno en Granollers

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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## De mercado local a villa disputada

La primera referencia conocida al nombre de Granollers aparece en 944, como Granularios Subteriore. Los vestigios arqueológicos más antiguos hallados en el municipio superan los cuatro mil años, y entre los restos destacados está la necrópolis romana de Can Trullàs. Son indicios de ocupaciones muy anteriores a la villa medieval, aunque no bastan para reconstruir por sí solos qué papel tuvo entonces el mercado ni cómo se organizaban los asentamientos.

En los siglos XIII, XIV y XV, la disputa por el territorio enfrentó a la Iglesia, al señor de la Roca y a la Corona. La inestabilidad no era abstracta para quienes vivían y comerciaban allí: el control de una villa con mercado significaba también controlar rentas, circulación de productos y autoridad local. Los granollerenses reunieron 10.000 florines y los entregaron a Alfonso IV para que comprara la villa. En 1418, el rey la declaró calle de Barcelona, una condición que consolidó su vínculo político con la capital.

El relieve no explica esa pugna, pero sí permite leer el escenario en el que se desarrollaba: una población asentada en la llanura y conectada con el territorio circundante, cuyo valor no dependía solo de sus edificios, sino de la capacidad de atraer personas y mercancías. El mercado daba a Granollers una función que los poderes del entorno querían controlar.

La guerra civil de 1462-1472 volvió a colocar la villa en el centro de los conflictos. Granollers tomó partido por la Generalitat frente a Juan II. En 1466 murió allí el condestable de Portugal, candidato a la Corona de Aragón. Terminada la guerra, el monarca confirmó los privilegios concedidos en 1418. Y el siglo XV aún trajo la segunda guerra de Remença. En medio de esos cambios, el mercado persistía como razón práctica para sostener la vida urbana.

## La prosperidad se construye alrededor del intercambio

La estabilidad del siglo XVI y el crecimiento demográfico acompañaron la prosperidad comercial. Granollers levantó una nueva iglesia parroquial gótica sobre la iglesia románica del siglo XI, además de la iglesia de San Francisco y el Soportal; también se construyeron capillas sobre las murallas. La Porxada, terminada en 1587, pertenece a ese momento en que la villa invierte en edificios capaces de dar forma y continuidad a su actividad económica.

Mira la diferencia de escalas: el mercado depende de los productos que llegan desde el territorio; la Porxada organiza y protege una parte de ese intercambio; la plaza hace visible la centralidad de Granollers. Ninguna de esas piezas demuestra que la geología eligiera el emplazamiento. Sí muestran cómo una localidad de la llanura convirtió la circulación de bienes en arquitectura y poder municipal. La prosperidad se interrumpió durante la Guerra de los Segadores, pero la función comercial de la villa no desapareció.

## La llanura cambia de ritmo

A mediados del siglo XIX, la economía comenzó a alejarse gradualmente de la agricultura para hacerse más industrial y comercial. Esta vez las causas están señaladas con claridad: el nuevo trazado de la carretera de Barcelona a Vic, inaugurado en 1848, y la llegada de dos líneas ferroviarias, en 1854 y 1876. El terreno llano ayuda a entender la posibilidad de articular esos corredores por la plana; las fuentes, sin embargo, atribuyen el cambio económico a las nuevas comunicaciones, no a una decisión geológica concreta.

La transformación tuvo consecuencias en la forma de la ciudad. Granollers se consolidó con la carretera como eje longitudinal. En 1922 incorporó el Lledoner y en 1928 el municipio de Palou: la ciudad extendía su ámbito mientras mantenía, al sur, áreas agrícolas. El contraste entre los dos usos —campo y trama urbana— recuerda que la llanura no impone un destino único. Puede sostener cultivos, caminos, estaciones, talleres y viviendas; son las decisiones sociales las que cambian el equilibrio entre ellos.

La industrialización también dejó sus propias marcas. En los años noventa se derribó la antigua Foneria de Can Trullàs y cerró definitivamente la fábrica de Roca Umbert; sus naves pasaron al Ayuntamiento. Granollers no abandonó el intercambio, sino que sustituyó parte de sus antiguas formas: del grano protegido en una plaza a la producción industrial y a una economía más diversificada. La carretera y el tren habían acelerado esa transición mucho antes.

## Una plaza que todavía explica la ciudad

Entre 1956 y 1975, el crecimiento demográfico, impulsado por la llegada de población de otros lugares de España y por el aumento de la natalidad, amplió de forma importante el parque de viviendas y la trama urbana. La crisis del textil de mediados de los años sesenta abrió paso a industrias diversas. La llanura que había permitido organizar comunicaciones y asentamientos recibió ahora nuevos barrios y actividades, aunque el desarrollo urbano no puede deducirse únicamente del tipo de suelo: responde también a decisiones económicas y políticas.

En la actualidad, Granollers sigue siendo capital del Vallès Oriental y convive con los espacios agrícolas que conserva Palou. Bajo la ciudad hay materiales diferentes, y su estudio importa para planificar construcciones y conocer cómo responde cada terreno; no es necesario atribuirles cada giro de la historia para reconocer su papel territorial. La amplitud de la plana hizo posible un escenario de conexiones, mientras caminos y ferrocarriles concretos transformaron esas posibilidades en una economía industrial y comercial.

Al volver a la Porxada, el edificio parece menos una reliquia y más una pieza de esa larga negociación entre campo y ciudad. Su cubierta protegía grano; la plaza reunía a quienes lo producían, transportaban y compraban. La llanura no levantó sus columnas, pero ofreció el espacio donde el mercado pudo convertirse en el corazón de Granollers.

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