Gandía, la ciudad que el mar construyó sin que nadie se diera cuenta: seis capas de historia bajo tus pies
Bajo la playa más visitada de la Comunitat Valenciana hay arenas que tienen miles de años, arcillas de un marjal prehistórico, gravas de ríos que ya no existen y, muy abajo, la misma caliza que sirvió de refugio a los primeros artistas de Europa. Todo eso está ahí. Y explica muchas más cosas de lo que parece.
¿Alguna vez te has preguntado por qué la Cueva del Parpalló —uno de los yacimientos paleolíticos más importantes de toda Europa— está exactamente en el término municipal de Gandía y no en cualquier otro lugar de la costa mediterránea? ¿O por qué el 3 de noviembre de 1987 cayeron en esta ciudad más de 800 litros por metro cuadrado en un solo día, estableciendo un récord nacional de pluviometría que todavía no ha sido superado? La respuesta, en los dos casos, no está en el calendario ni en el azar. Está en la geología.
El subsuelo de Gandía es un archivo de seis capas, cada una con su propia historia. Y juntas forman una de las secuencias geológicas más completas y más narrativas de toda la costa valenciana.
Seis materiales. Seis mundos. Seis razones por las que esta ciudad es exactamente como es.
La caliza que albergó a los primeros artistas de Europa (y que sigue ahí, a 44 metros de profundidad)
Empecemos por el principio. Por lo más antiguo. A partir de los 44 metros de profundidad bajo Gandía, el subsuelo está formado por calizas, dolomías y mármoles: el 32,22% del total del subsuelo municipal, según los datos del IGME.
Las calizas no se forman en tierra. Se forman en el mar: son el residuo compactado de millones de años de sedimentación marina, de conchas, de esqueletos de corales, de materia orgánica acumulada en plataformas continentales poco profundas. Durante el Mesozoico —hace entre 65 y 250 millones de años— el territorio que hoy ocupa la comarca de La Safor era el fondo de un mar tropical. Nada de playas. Nada de naranjos. Solo agua, organismos marinos y tiempo.
Pero aquí viene el vínculo que muy poca gente establece: esa misma caliza, al aflorar en superficie en el macizo del Mondúver, es porosa, soluble, fácilmente excavada por el agua. Forma cuevas. Y una de esas cuevas, la Cueva del Parpalló, está catalogada como Bien de Interés Cultural y reconocida por la UNESCO como parte del Patrimonio Mundial del arte rupestre. En su interior se encontraron más de 5.000 plaquetas de piedra caliza grabadas y pintadas —la colección de arte mueble paleolítico más importante del mundo—, depositadas por grupos humanos del Paleolítico Superior que vivieron aquí hace entre 25.000 y 10.000 años.
La cueva existe porque hay caliza. El arte existe porque la caliza forma cavidades. Y la caliza está ahí porque, hace cientos de millones de años, todo este territorio era el fondo de un mar.
Las arenas y los limos: el delta que se convirtió en playa y en marjal
Sube ahora hacia la superficie. Entre los 0 y los 5 metros de profundidad, el suelo de Gandía es, en un 20,60%, arena fina y limos. Es el material más joven de todos, el más reciente, el que habla de lo que ocurrió aquí en los últimos miles de años.
Las arenas finas y los limos se depositan de dos maneras: en playas, donde el oleaje las arrastra y las ordena, o en zonas de aguas muy tranquilas —deltas, lagunas, marjales— donde las partículas más ligeras se posan al fondo. En Gandía, los dos procesos ocurrieron al mismo tiempo y en el mismo espacio.
El río Serpis, que desemboca en Gandía, fue construyendo durante milenios una llanura aluvial sobre la que hoy se asienta la ciudad. Cuando llegaba cargado de sedimentos tras las lluvias, los depositaba en su desembocadura, ganando terreno al mar, creando suelos blandos y húmedos. De ese proceso nació la Marjal de Gandía: un humedal costero de aguas someras que existió durante siglos antes de que la expansión urbana lo redujera drásticamente.
El topónimo «Gandía» tiene entre sus teorías de origen más extendidas una raíz prerromana, Ganda, que significaría precisamente «zona pantanosa» o «marjal». Si esa etimología es correcta —y varios estudiosos la respaldan—, el nombre de la ciudad lleva escrita su geología desde el principio.
Hoy esas arenas y limos son la base de la playa más visitada de la Comunitat Valenciana. Pero son también el material más delicado desde el punto de vista geotécnico: alta susceptibilidad a los asientos, nivel freático elevado, y —en caso de sismo intenso— riesgo de licuefacción, el fenómeno por el cual las arenas saturadas de agua pierden su capacidad portante y se comportan como un líquido.
Las arcillas expansivas: el marjal que no se rinde
Entre los 11 y los 19 metros de profundidad aparece el tercer material más abundante del subsuelo de Gandía: arcillas expansivas blancas y blandas, un 11,23% del total.
Las arcillas se forman en ambientes de aguas tranquilas: lagos, lagunas, zonas de inundación donde las partículas más finas —demasiado pequeñas para depositarse en un río con corriente— terminan por posarse muy lentamente en el fondo. En el caso de Gandía, estas arcillas narran los ciclos del marjal costero: épocas en que el nivel del mar subía y la zona de humedal se extendía tierra adentro, épocas en que bajaba y el marjal se retiraba.
Son el estrato más problemático para la construcción. Las arcillas expansivas se hinchan cuando absorben agua y se contraen cuando se secan, generando movimientos en las cimentaciones que, con el tiempo, pueden causar daños estructurales serios. Por eso los estudios geotécnicos en Gandía prestan especial atención a esta capa: lo que parece suelo firme puede esconder, a once metros de profundidad, un material que se mueve.
Las gravas y arenas compactas: la memoria de ríos más grandes
Entre los 5 y los 11 metros, debajo de las arenas superficiales y encima de las arcillas, hay gravas y arenas compactas: el 9,36% del subsuelo de Gandía.
Las gravas son piedras pequeñas, rodadas por el agua, que se depositan cuando un río pierde velocidad al entrar en una llanura. Su presencia indica ríos más caudalosos que los actuales, avenidas más frecuentes, una dinámica fluvial más energética que la que conocemos hoy. Son la huella de un río Serpis que en el pasado geológico reciente tenía un caudal muy superior al actual, que inundaba la llanura costera con regularidad, dejando capas de grava y arena compacta a su paso.
Paradójicamente, son el material más agradecido desde el punto de vista estructural: buena capacidad portante, baja expansividad, asientos reducidos. Los cimientos de Gandía que descansan sobre esta capa de gravas compactas están, en cierto sentido, sobre el lecho del río prehistórico que construyó la ciudad.
El suelo que recuerda: el 3 de noviembre de 1987
Hay un dato en el artículo de Wikipedia sobre Gandía que merece leerse dos veces: «Los 720 mm en menos de 24 horas que cayeron en la DANA de 1987 y que arrasaron la ciudad, en especial el barrio de Beniopa.»
Otras fuentes elevan esa cifra a más de 800 mm en zonas del municipio, lo que constituyó un récord nacional de pluviometría. El 3 de noviembre de 1987, el Barranc de Beniopa —que recoge las aguas del macizo del Mondúver y las conduce hacia el puerto— se desbordó con una violencia que anegó calles, casas y barrios enteros. Hubo daños materiales cuantiosos y víctimas mortales.
¿Qué tiene que ver la geología con eso? Todo. La llanura aluvial sobre la que está construida Gandía —esas arenas finas, esos limos, esas arcillas del marjal— es un suelo de muy baja permeabilidad en su conjunto: cuando llueve con esa intensidad, el agua no se infiltra, no tiene a dónde ir. Se queda en superficie. Fluye hacia los puntos más bajos. Y los barrios construidos sobre las zonas de marjal —las más deprimidas, las más antiguas en términos de sedimentación lacustre— son los primeros en inundarse.
El subsuelo de Gandía no causó la DANA. Pero sí determinó dónde golpeó con más fuerza.
Lo que el subsuelo de Gandía guarda, capa a capa
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Profundidad |
Qué hay |
Qué fue |
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0 – 5 m |
Arenas finas y limos |
Delta del río Serpis y marjal costero. Los últimos miles de años |
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5 – 11 m |
Gravas y arenas compactas |
Ríos más caudalosos que los actuales. Cuaternario reciente |
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11 – 19 m |
Arcillas expansivas blancas/blandas |
Ciclos de marjal y laguna costera. Pleistoceno y Holoceno |
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19 – 29 m |
Arcillas y margas sobreconsolidadas |
Mar somero y ambientes de transición. Terciario |
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29 – 44 m |
Areniscas, conglomerados y flysch |
Ríos y plataformas continentales. Mesozoico tardío |
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44 m+ |
Calizas, dolomías y mármoles |
Fondo de mar tropical. El mismo que formó las cuevas del Mondúver |
Seis capas. Seis mundos superpuestos. Y encima de todos ellos, una ciudad que lleva el nombre del pantano que fue, construida sobre la arena que dejó el río, apoyada en las gravas que arrastró el agua, protegida —y a veces amenazada— por la misma geología que hace 25.000 años dio cobijo a los primeros artistas de Europa.
Fuentes: Datos geológicos del subsuelo (tipos de suelo, porcentajes, perfil estratigráfico): estudiogeotecnico.pro/es/estudio-geotecnico-en-gandia, basados en cartografía IGME GEODE 50k y MAGNA 50. Datos sísmicos: Seismic Portal EMSC/IGN. Historia de Gandía: Wikipedia, artículo «Gandía» (es.wikipedia.org/wiki/Gandía). Cueva del Parpalló: Wikipedia, artículo «Cueva del Parpalló» (es.wikipedia.org/wiki/Cueva_del_Parpalló). DANA de 1987 y Barranc de Beniopa: Fundación Biodiversidad / Smart City Gandia (documentos técnicos municipales); Wikipedia, artículo «Beniopa». Etimología del topónimo «Gandía»: mi-gandia24.es, citando diversas teorías de origen. Marjal de Gandía y llanura aluvial: estudio de la Universidad Politécnica de Valencia (riunet.upv.es).
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