Frades, el agua contra la roca
El subsuelo de Frades reúne areniscas, conglomerados, flysch, pizarras y esquistos, pero no ofrece una respuesta única al agua. La clave está en la tensión entre una permeabilidad muy baja y la posibilidad de acuíferos superficiales donde el sustrato se altera o se fractura.
Campos y arbolado de Ledoira, una vista abierta del paisaje rural de Frades.
En Frades, el agua se encuentra con un terreno que, en conjunto, deja pasar poco. Pero la resistencia no equivale a una puerta cerrada: cuando el sustrato se altera o se fractura, puede alojar acuíferos superficiales. Esa tensión —una base generalmente impermeable y algunas rutas locales posibles— es la clave para leer la geología municipal sin confundir el conjunto con cada parcela. La historia sigue esa respuesta del sustrato al agua, no un manantial o un cauce concreto.
Dos grupos dibujan el sustrato
La clasificación geotécnica del término agrupa un 59,95 % bajo «Areniscas, Conglomerados y Flysch», y un 37,47 % bajo «Pizarras y Esquistos». Son dos conjuntos amplios, no una etiqueta que permita identificar automáticamente el material bajo una casa, una carretera o un monumento. La primera categoría reúne nombres de materiales distintos; la segunda también. Lo importante para el retrato municipal es la proporción: predominan las areniscas, los conglomerados y el flysch como conjunto clasificado, mientras que pizarras y esquistos ocupan otra fracción muy extensa.
Las cifras ordenan materiales por grandes grupos; no describen una sola roca continua. En un conjunto se nombran tres litologías; en el otro, dos. La escala de ese retrato es todo el término municipal: sirve para comprender qué familias dominan en el conjunto, no para atribuir de manera automática una de ellas a cada parcela. Esa escala también explica por qué el agua debe leerse mediante la clase general de permeabilidad y no imaginarse como un mismo recorrido en toda Frades.
En ese retrato de materiales, la pregunta siguiente no es cuál de ellos está bajo una casa concreta, sino cómo responde el conjunto al agua. La clasificación del estudio geotécnico resume esa respuesta en una permeabilidad baja y, a continuación, introduce una excepción: el sustrato puede alojar acuíferos superficiales allí donde se altera o se fractura.
El parque de Ponte Carreira, en Santa Mariña de Gafoi, muestra otro rincón del municipio, entre árboles, caminos y zonas de estancia.
El agua encuentra una resistencia
El estudio asigna al terreno la clase 9 de permeabilidad, con litología D-2: formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. La permeabilidad es la capacidad de un material para dejar circular agua a través de sus poros o discontinuidades. En esta descripción, el movimiento encuentra resistencia; el término «generalmente» importa, porque no convierte la formación en un muro continuo ni niega toda circulación.
Ahí está el conflicto que organiza el paisaje subterráneo: un sustrato que frena el paso del agua y, a la vez, zonas en las que la roca alterada o fisurada puede abrirle una ruta. Alteración significa que el material ha cambiado; una fisura es una discontinuidad que interrumpe la continuidad de la roca. No hacen que todo el conjunto se vuelva permeable. Cambian la respuesta en sectores concretos, como una puerta estrecha dentro de una pared extensa.
En esas zonas, explica el estudio, pueden alojarse acuíferos superficiales. Un acuífero es una formación capaz de contener y transmitir agua subterránea. Aquí la posibilidad viene acotada: suelen ser poco extensos y de baja productividad, aunque localmente pueden tener gran interés. Es una diferencia importante entre el comportamiento general del término y lo que puede ocurrir en un punto: una formación poco permeable en conjunto no excluye pequeños almacenamientos ligados a la alteración o a las fracturas.
La fractura cambia el desenlace
El mismo informe distingue además la expansividad: asigna peligrosidad 0 y describe un «sustrato no arcilloso». La expansividad se refiere a la tendencia de ciertos suelos arcillosos a cambiar de volumen; es otra cuestión distinta de la circulación del agua. Así, la ficha no reduce el terreno a una sola propiedad: separa la posibilidad de que el agua atraviese el sustrato de la respuesta volumétrica asociada a materiales arcillosos.
El desenlace queda en esa doble respuesta. A escala municipal dominan formaciones descritas como impermeables o de permeabilidad muy baja; donde intervienen la alteración y la fisuración, pueden aparecer acuíferos superficiales, normalmente poco extensos y de baja productividad, aunque a veces localmente importantes. El agua no vence toda la roca ni queda completamente excluida: encuentra su oportunidad en discontinuidades. Bajo Frades, el perfil geotécnico conserva ambas cosas, resistencia general y una excepción localizada.
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