Historia geológica Localidad Feria

Feria, cinco piedras de la bóveda

A las diez de la mañana del 1 de noviembre de 1755, el temblor de Lisboa sacudió la iglesia de Feria: cinco piedras cayeron de las bóvedas y muchos asistentes huyeron. La crónica del párroco nos devuelve a aquella escena y, desde ella, a un pueblo asentado sobre una ladera marcada por el relieve.

Feria vista desde el castillo: el caserío se extiende por la vertiente de la Sierra Vieja.

Feria vista desde el castillo: el caserío se extiende por la vertiente de la Sierra Vieja.

Foto: Alonso de Mendoza, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Feria, aquel sábado de 1755, la mañana había comenzado dentro de la iglesia. El párroco celebraba un matrimonio cuando, según su crónica, a las diez se produjo un temblor. La llamada a Misa Mayor y la ceremonia quedaron interrumpidas por el ruido y el movimiento. No fue una sacudida anotada desde lejos: ocurrió en el interior de un edificio lleno de personas, en un pueblo levantado sobre la vertiente de una sierra.

La sacudida interrumpió la ceremonia

El terremoto del 1 de noviembre de 1755 se conoce como el de Lisboa y se sintió con fuerza en Extremadura. En Feria, el párroco dejó un relato contemporáneo que permite seguir el episodio paso a paso. Primero llegó el temblor; después, el estruendo que, escribió, pareció más formidable por la altura y el emplazamiento de la iglesia. La construcción, que durante años había servido para reunir a la comunidad, se volvió por unos instantes un lugar de alarma.

El detalle que fija la escena no es una grieta descrita de manera imprecisa. El sacerdote contó que se desprendieron cinco piedras de las claves de las bóvedas, en distintos puntos. Las claves son las piezas situadas en las uniones de una bóveda. Al caer, esas piedras dieron forma concreta al peligro que percibieron quienes estaban dentro: el párroco dijo que los asistentes creyeron que la iglesia se desplomaría y los sepultaría.

Muchos salieron entre clamores, según la narración conservada. En ese instante se enfrentaban dos fuerzas muy distintas: la solidez cotidiana del edificio y un movimiento del suelo que nadie podía controlar. La crónica no convierte el temblor en una explicación geológica detallada; registra lo que hizo visible en Feria. La vibración alcanzó la iglesia, las piedras cayeron y la gente buscó salir. Esa secuencia basta para entender por qué el episodio permaneció en la memoria escrita del pueblo.

La iglesia estaba hecha de varias etapas

Cuando ocurrió el terremoto, la iglesia de San Bartolomé llevaba más de dos siglos en construcción. El edificio data del siglo XV; la capilla mayor se concluyó en 1528, las puertas laterales se colocaron en 1548 y las dos capillas situadas a los pies se terminaron en 1569. Esas fechas dibujan un edificio que fue creciendo por partes, mucho antes de que las piedras se desprendieran durante el temblor.

La arquitectura explica por qué el relato se concentra en las bóvedas: fue allí donde el sacerdote vio caer las cinco piezas. No hace falta atribuir a un material concreto el daño descrito. La información disponible fecha las obras y registra los desprendimientos, pero no identifica la roca de la iglesia ni explica qué característica constructiva produjo cada caída. En cambio, la crónica permite apreciar el contraste entre una obra levantada a lo largo de generaciones y una sacudida que cambió la experiencia de sus ocupantes en unos momentos.

El propio cura señaló que el sitio elevado y la altura de la fábrica hicieron más formidable el estruendo. Es una observación de quien estaba dentro, no una medición del movimiento del terreno. Aun así, sitúa la iglesia en la topografía real de Feria: una localidad encaramada en la vertiente meridional de la Sierra Vieja, con calles de fuerte pendiente. Aquí el relieve no es un telón de fondo; organiza la forma en que el pueblo se extiende por la ladera.

La panorámica reúne el pueblo y las elevaciones que enmarcan su emplazamiento en la ladera.

La panorámica reúne el pueblo y las elevaciones que enmarcan su emplazamiento en la ladera.

Foto: Marbregal, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

La ladera conduce del pueblo a la sierra

El núcleo de Feria se encuentra a unos 550 metros sobre el nivel del mar. En el término, la sierra de Feria —también llamada Sierra Vieja— alcanza los 814 metros; hacia el noreste, las orillas del Guadajira bajan hasta los 320. Esa diferencia de cotas ayuda a entender el perfil escalonado del municipio: la zona central es más montañosa, mientras que al norte y al este aparecen áreas más llanas, recorridas por arroyos tributarios del río.

La pendiente se reconoce también en las calles: la mayoría sube o baja con fuerza, aunque se puede transitar por todas en automóvil. No es necesario imaginar un pueblo distinto para comprenderlo; la relación entre las casas y el relieve está a la vista en la forma de sus calles. La población se asienta en la ladera meridional de la sierra, mientras que el terreno municipal desciende hacia el Guadajira. La iglesia del relato forma parte de ese paisaje construido en altura.

El sustrato del término no se reduce a una única roca. El estudio geotécnico clasifica un 54,28 % como areniscas, conglomerados y flysch; un 15,96 % como pizarras y esquistos; un 10,98 % como calizas, dolomías y mármoles, y un 8,30 % como granito, gneis y rocas ígneas. Son materiales de familias distintas, presentes en el municipio. La clasificación describe el conjunto del término, no una sucesión de capas bajo la iglesia.

Esas categorías dan contenido a la palabra sustrato: el conjunto de materiales geológicos del que forma parte el terreno. Areniscas y conglomerados conviven en la clasificación con pizarras, rocas carbonatadas y materiales graníticos. El dato más útil para leer Feria no es asignar una de esas familias a cada edificio, sino reconocer que el municipio reúne una variedad de materiales bajo un relieve también variado. Las cotas y la pendiente muestran la forma del terreno; la clasificación geotécnica, la diversidad de su base.

La altura también hizo de Feria un enclave

La posición elevada aparece asimismo en la historia humana de la localidad. Se han hallado restos de asentamientos del Calcolítico en la zona donde hoy se sitúa el pueblo. Más tarde, distintos grupos habitaron Feria, descrita como enclave defensivo por su ubicación. En 1394 Enrique III entregó la jurisdicción de la villa a Gomes Suárez de Figueroa, y la población quedó vinculada al Señorío de Feria. La ladera y la sierra siguieron siendo el escenario de una comunidad que fue dejando huellas de épocas muy diferentes.

En el siglo XV y comienzos del XVI, la familia Suárez de Figueroa consolidó su presencia en la zona. La mayor parte del castillo de Feria se construyó a mediados del siglo XVI; fue el principal bastión y centro de operaciones del Ducado de Feria, título concedido en 1567. El castillo y la iglesia cuentan dos historias distintas, pero ambas pertenecen al mismo pueblo en pendiente: una fortaleza asociada al poder señorial y una parroquia ampliada durante décadas para sus habitantes.

El sismo de 1755 no debe confundirse con la historia lenta de la sierra ni atribuirse a una roca concreta de Feria. Es otra escala de tiempo: un movimiento que sacudió la localidad y dejó un testimonio escrito de sus efectos en un edificio. Un registro geotécnico reciente reúne cuatro eventos sísmicos en un periodo de treinta años, con magnitudes desde 1,5 y una máxima de 4,3. Esos datos pertenecen a otro periodo y no explican por sí mismos el terremoto histórico.

La escena vuelve así a la iglesia. El párroco dejó constancia del temblor, de las cinco piedras desprendidas y de la huida de muchos asistentes; su relato convierte una sacudida regional en un episodio reconocible de Feria. Fuera, el pueblo seguía sujeto a su ladera, con las calles empinadas que conducen hacia la sierra y el descenso hacia el Guadajira. Aquellas piedras marcaron el instante en que el relieve dejó de ser solo el suelo bajo los pies y se hizo sentir dentro de la iglesia.

Hoy, la imagen de Feria desde el castillo reúne en una sola mirada las casas y la vertiente. En 1755, dentro de la iglesia, cinco piedras hicieron visible el temblor; alrededor, la sierra y la pendiente siguieron definiendo el lugar. La crónica conservó el sobresalto, y el pueblo conservó su perfil en la ladera.

Tipos de terreno en Feria

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Pizarras y Esquistos
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    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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Riesgo sísmico en Feria

Moderado
Magnitud máxima registrada M 4.3 Escala de Richter
MáxM 4.3
MediaM 2.75
Máx Media
Eventos registrados
4
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 3.8) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 4.3 2006
  • 2 M 2.4 2007
  • 3 M 2.2 2013
Último sismo registrado
2013
M 2.2 · hace 13 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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