Historia geológica Localidad Encinas Reales

Encinas Reales, la dehesa que se hizo pueblo

Antes de ser municipio, Encinas Reales fue una dehesa de encinas dispersas y cortijos que empezaron a reunirse. Bajo esa historia de asentamiento, el término conserva un mosaico de materiales muy distinto de una roca única.

Encinas Reales desde la carretera: el núcleo actual ocupa el lugar donde los cortijos empezaron a reunirse a comienzos del siglo XVI.

Encinas Reales desde la carretera: el núcleo actual ocupa el lugar donde los cortijos empezaron a reunirse a comienzos del siglo XVI.

Foto: Malopez 21, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El caserío de Encinas Reales ocupa un lugar que empezó a tomar forma hace unos cinco siglos. A comienzos del siglo XVI, los cortijos dispersos fueron agrupándose en su ubicación actual, y agricultores llegados mayoritariamente de Lucena acudieron a trabajar y poblar la dehesa. El nombre del pueblo guarda la memoria de aquel paisaje abierto; el suelo del municipio, en cambio, cuenta otra parte de la historia: la de un territorio compuesto por materiales diversos, sin una sola base uniforme.

La dehesa abrió paso a los cortijos

La historia local sitúa la antigua dehesa de encinas en una zona de frontera entre el reino castellano y el Reino de Granada. Según ese relato, las continuas incursiones y batallas dejaron el paraje no muy densamente cubierto de árboles: las encinas quedaban separadas, ralas. No es una imagen de bosque cerrado, sino de claros entre copas, un paisaje donde los cortijos podían establecerse en torno a una tierra trabajada.

En ese escenario aparecen los primeros protagonistas humanos de la historia: agricultores, en su mayoría lucentinos, que llegaban a trabajar y poblar la Dehesa de Encinasralas, propiedad del Marqués de Comares. Los cortijos no se convirtieron de golpe en un municipio; fueron aglutinándose hacia principios del siglo XVI. La transformación tuvo una escala cotidiana: viviendas y explotaciones dispersas empezaron a formar un núcleo en el emplazamiento que hoy reconocemos como Encinas Reales.

La dehesa también dejó un nombre. La explicación histórica relaciona el topónimo Encinas Reales con aquellos árboles separados por los claros. A su lado pervive una leyenda: Isabel la Católica, de viaje, habría descansado a la sombra de grandes encinas de la zona. La leyenda ofrece una escena memorable, pero la historia documentada del asentamiento se apoya en los cortijos y en los agricultores que acudieron a trabajar la dehesa.

Un término de materiales distintos

El terreno del municipio no se reduce a una sola clase de roca o sedimento. El estudio geotécnico distribuye sus unidades a escala del término municipal: la categoría que agrupa areniscas, conglomerados y flysch ocupa el 42,23 %; las arenas finas y limos, el 21,78 %; y las calizas, dolomías y mármoles, el 15,39 %. Son grupos con nombres diferentes, no una descripción de un único estrato continuo bajo cada calle.

La diferencia importa para imaginar el paisaje de Encinas Reales. Las etiquetas de la clasificación reúnen materiales diversos: unas categorías nombran rocas, otras sedimentos, y algunas agrupan más de un tipo. En vez de presentar el municipio como una superficie geológica homogénea, dibujan un mosaico. Los porcentajes describen cuánto ocupa cada categoría en el término; no permiten asignar automáticamente una de ellas a la parcela de un cortijo, a una ladera concreta o a la piedra de un edificio.

También aparece una categoría de masa de agua, equivalente al 5,14 % de la clasificación, y otra que reúne granito, gneis y rocas ígneas, con el 3,78 %. Este retrato territorial acompaña la historia agrícola sin convertir la geología en una causa no documentada de la fundación. Lo que sí permite entender es que los primeros agricultores no llegaron a un terreno uniforme: la dehesa y los cortijos se situaron dentro de un término compuesto por unidades distintas.

El registro sísmico aporta una señal diferente del subsuelo. Para un periodo de treinta años recoge 21 eventos, con magnitudes entre 1,5 y 2,9 y un promedio de 2,08; el máximo de la relación, de magnitud 2,9, corresponde al 3 de noviembre de 2011. Los materiales y esos registros describen aspectos distintos del territorio: juntos amplían el retrato geológico, aunque ninguno sustituye la historia de cómo se agrupó el asentamiento.

Las Mesillas conserva una huella romana

La historia humana de este paraje no comienza con los cortijos del siglo XVI. En Las Mesillas se han hallado restos romanos, una huella anterior que amplía la profundidad temporal del lugar. La presencia de esos restos permite afirmar que hubo actividad romana en el entorno, pero no convertirla, sin más, en una línea continua que conduzca desde aquella época hasta el pueblo moderno.

Las Mesillas y la dehesa pertenecen a momentos distintos de la historia local. Entre los restos romanos y la agrupación de los cortijos transcurrieron siglos que la información disponible no reconstruye paso a paso. Aun así, la sucesión importa: antes del núcleo que empezó a formarse a comienzos del XVI, el territorio ya había sido escenario de presencia humana. El paisaje que después recibiría a los agricultores lucentinos no era un espacio sin pasado.

La relación entre esas épocas se lee mejor como una serie de huellas, no como una ocupación ininterrumpida demostrada. Las Mesillas conserva la referencia romana; la dehesa conserva el nombre y el marco del asentamiento agrícola. Cuando los cortijos se aglutinaron, el lugar empezó a adquirir una forma reconocible como poblado, aunque aún faltaba mucho para que tuviera municipio propio.

La fachada principal de la Ermita del Calvario, uno de los edificios patrimoniales de Encinas Reales.

La fachada principal de la Ermita del Calvario, uno de los edificios patrimoniales de Encinas Reales.

Foto: Malopez 21, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

De la dehesa al municipio independiente

La concentración de cortijos dio al asentamiento una continuidad que la vida dispersa de la dehesa no tenía. La fuente histórica identifica a los agricultores, su procedencia mayoritariamente lucentina y la tarea de poblar y trabajar la propiedad del Marqués de Comares. No describe cada etapa de ese crecimiento, pero sí deja claro el cambio principal: los cortijos comenzaron a reunirse en la ubicación actual de Encinas Reales hacia principios del siglo XVI.

Mucho después llegó el cambio administrativo. Encinas Reales se emancipó de Lucena en 1836 y nació entonces como municipio. La fecha señala el desenlace de una larga transformación: el lugar que empezó a congregar cortijos dentro de una dehesa pasó a tener entidad municipal propia. El nuevo municipio mantuvo el nombre ligado a las encinas ralas, mientras el término siguió abarcando más que el núcleo original: hoy comprende dos núcleos urbanos, Encinas Reales y Vadofresno.

Así se distinguen dos ritmos. La geología compone el escenario mediante unidades materiales distintas; la historia local muestra cómo las personas lo habitaron y organizaron. No hay que confundir esos ritmos para reconocer su encuentro: agricultores llegados de Lucena trabajaron la dehesa y los cortijos se agruparon, mientras el territorio que los rodeaba permanecía geológicamente diverso.

La iglesia ya estaba en pie antes de 1836

La Iglesia de Nuestra Señora de la Expectación ofrece una referencia concreta para seguir el crecimiento del pueblo. El templo neoclásico se terminó en 1814, veintidós años antes de la emancipación de Lucena. Su interior, su cúpula y su torre rematada con un prisma cubierto de tejas cerámicas policromadas forman parte del patrimonio local. Su fecha permite situarla en la etapa anterior a la independencia municipal, sin atribuirle una relación causal con ese cambio.

La Ermita del Calvario añade otro capítulo patrimonial: se la reconoce como una obra destacada del barroco cordobés, con retablos, yeserías y un camarín que alberga la imagen de Jesús, muy venerada en la localidad. Son edificios de épocas y estilos distintos, huellas de una comunidad que dejó marcas duraderas después de que los cortijos empezaran a juntarse. Las fotografías de sus fachadas muestran el patrimonio actual, no una escena de los primeros pobladores.

El desenlace de esta historia está en el cambio de escala: dehesa, cortijos reunidos y, finalmente, municipio independiente en 1836. La encina rala sobrevivió en el nombre; Las Mesillas conserva una huella romana; los templos recuerdan etapas posteriores. Y bajo ese recorrido humano, el mosaico geológico del término sigue siendo el escenario amplio, variado y compartido de Encinas Reales.

Tipos de terreno en Encinas Reales

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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Riesgo sísmico en Encinas Reales

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.9 Escala de Richter
MáxM 2.9
MediaM 2.08
Máx Media
Eventos registrados
21
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 2.4) ocurre aprox. cada 3 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.9 2011
  • 2 M 2.7 2007
  • 3 M 2.7 2007
Último sismo registrado
2025
M 2.5 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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