Cunit convirtió la pérdida de sus playas en una costa de calas
Las playas de Cunit perdieron arena hasta hacer necesaria una intervención que cambió la forma de su orilla. Las obras del Foix y de los puertos vecinos habían alterado el equilibrio litoral del que dependía aquella franja de costa.
La playa de Cunit junto al paseo marítimo, con las estructuras de protección que contribuyen a definir su perfil costero.
Los espigones que recortan la playa de Cunit se construyeron a principios de los años ochenta para responder a un problema visible: la pérdida de sus playas. Aquellas estructuras no llegaron para adornar el paseo ni para dibujar calas a voluntad. Fueron una respuesta a la alteración del equilibrio costero relacionada con el pantano del Foix y los puertos de Cubellas y Segur de Calafell. Si hoy miras las curvas de arena desde el paseo marítimo, estás viendo también las consecuencias de unas obras realizadas fuera de esa misma playa.
La orilla cambió de forma para intentar conservarse.
Una playa que dependía de lo que ocurría alrededor
Una playa no es una parcela inmóvil. La descripción de Cunit atribuye su pérdida de arena a una alteración de los «equilibrios morfodinámicos»: el equilibrio entre los procesos que mueven los materiales de la costa y la forma que adquiere el litoral. Puedes imaginarlo como una balanza que deja de mantenerse estable cuando cambian sus condiciones. En Cunit, el efecto no quedó reducido a un concepto técnico: se manifestó en la pérdida de superficie de playa.
El problema tenía una escala mayor que el frente marítimo municipal. La explicación recogida en la descripción local relaciona esa transformación con la construcción del pantano del Foix y con los puertos situados a ambos lados de Cunit: Cubellas hacia el norte y Segur de Calafell hacia el sur. No se trataba, por tanto, de una orilla aislada, sino de un tramo costero cuyo comportamiento estaba vinculado a intervenciones en su entorno.
La arena que faltaba convirtió esa relación territorial en una necesidad de actuación. A principios de los años ochenta se levantaron las defensas que acabarían dando a Cunit su perfil característico. La descripción municipal recoge siete espigones longitudinales y otros cuatro en forma de isleta. Su presencia divide visualmente la franja de arena en playas con aspecto de calas, en lugar de ofrecer una única línea continua.
Lo que parece una sucesión de pequeñas bahías tiene detrás una intervención humana.
Las curvas que quedaron frente al paseo
La forma semicircular de las playas es una de las características reconocibles de Cunit. Su litoral reúne dos kilómetros y medio de arena fina, protegidos por los espigones. Esa geometría vincula un proceso físico con una decisión constructiva: la pérdida de playa motivó las obras, y las obras contribuyeron a configurar el paisaje que identifica hoy al municipio.
Las calas no pueden leerse únicamente como un rasgo natural. Si recorres el paseo, la alternancia entre arena, agua y estructuras de protección permite reconocer una costa intervenida. Los espigones forman parte del paisaje tanto como la playa que se pretendía defender. Para entender sus curvas hay que retroceder al problema que hizo necesaria su construcción, no solo contemplar su apariencia actual.
Pero construir una defensa no cerró el debate. La descripción del ordenamiento costero de Cunit recoge posiciones enfrentadas sobre estas estructuras: para unos, no cumplían adecuadamente la tarea de proteger las playas y añadían riesgos; para otros, constituían un elemento diferenciador respecto a los municipios vecinos. Ambas valoraciones aparecen como posturas del debate local, no como una conclusión técnica única.
La cuestión reunía así dos preocupaciones distintas, aunque inseparables: cómo conservar la playa y qué aspecto debía tener. Sustituir los espigones suponía reconsiderar una obra de protección, pero también modificar las curvas que habían pasado a caracterizar el frente marítimo de Cunit.
La costa curva pudo convertirse en una playa lineal
En 2010 se planteó cambiar de nuevo la silueta del litoral. El Ministerio de Medio Ambiente propuso sustituir los espigones existentes por uno transversal a la línea de costa, de más de 300 metros de longitud, en la zona próxima al puerto de Cubellas. La propuesta apuntaba a una playa lineal y muy ancha, distinta de la sucesión de formas semicirculares.
Las dimensiones previstas muestran el alcance de aquella transformación. El proyecto contemplaba una anchura de playa de 250 metros entre el paseo y la línea de mar junto al nuevo espigón, que disminuiría hasta 50 metros en el límite con Segur de Calafell. Son medidas de una propuesta, no una descripción de la playa actual. Sobre el papel, el cambio habría afectado tanto al espacio disponible como a la relación visual entre el paseo y el agua.
Ese mismo año se encargó a la Universidad de Cantabria un informe sobre el ordenamiento de las playas para adoptar una solución. Finalmente se decidió no realizar aquella reordenación. La costa de calas no fue sustituida por la playa lineal prevista.
El episodio permite distinguir dos momentos: las defensas construidas a principios de los ochenta y la alternativa planteada en 2010. Confundirlos convertiría un proyecto en una obra ejecutada. Las curvas que ves frente al paseo pertenecen al paisaje de los espigones existentes, no al diseño que se propuso después.
Detrás de la arena hubo una llanura de humedales
El litoral de Cunit tampoco fue siempre solo una franja de playa. Los pequeños montes descienden hacia una llanura costera donde la dinámica litoral creó estanques, entre ellos el de la Mar Morta. Los humedales llegaron a ocupar casi todo el litoral municipal y recibieron el nombre de Prados de Cunit. Torrentes y rieras que atravesaban el término de norte a sur alimentaban esas zonas húmedas.
El agua llegó incluso a dar nombre a un asentamiento. Los humedales se relacionan con el topónimo Ça Lacuna, situado durante la Alta Edad Media por la zona de la actual urbanización Cunidor-Cunit Diagonal. Posteriormente, la intervención humana fue desecando las marismas. La descripción local sitúa un reducto entre el mar y la estación de ferrocarril.
Ese antecedente ayuda a entender que el frente marítimo ha conocido más de una transformación. La desecación de los humedales cambió las tierras bajas; la pérdida de playa y la construcción de espigones modificaron la orilla. Son procesos distintos dentro de un litoral cuya forma no ha permanecido fija.
Cuando vuelvas al paseo de Cunit, las curvas de arena pueden leerse como la huella de una respuesta a la pérdida de playa. Entre el paseo y el agua permanece el dibujo de una costa que tuvo que ser defendida y que, en 2010, estuvo a punto de adquirir otra silueta.
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