Historia geológica Localidad Cuevas del Becerro

Cuevas del Becerro, la roca bajo el camino

En la ladera norte, sobre el río de las Cuevas, las cavidades forman parte del paisaje que rodea el pueblo. Cuevas del Becerro creció junto al camino real de Ronda a Cañete, en un término donde las rocas carbonatadas y el relieve kárstico también cuentan su historia.

Vista aérea de Cuevas del Becerro y el paisaje que rodea el núcleo.

Vista aérea de Cuevas del Becerro y el paisaje que rodea el núcleo.

Foto: Adam Cli, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Al norte del casco urbano, las cuevas ocupan la ladera que domina el río de las Cuevas. Más abajo, las casas siguen el trazado del antiguo camino real entre Ronda y Cañete. Son dos huellas distintas: unas pertenecen a la forma del terreno; la otra, a la manera en que la población se asentó y fue creciendo. Juntas permiten recorrer Cuevas del Becerro desde el subsuelo hasta la calle central.

Las cuevas del norte y los dos becerros

El nombre del municipio conserva una historia que el propio paisaje parece invitar a contar. Una leyenda habla de un becerro de oro encontrado en una cueva; otra, de un animal que quedó atrapado y fue localizado por sus mugidos. Las dos versiones sitúan las cavidades en la ladera norte, sobre el río. Ninguna explica de manera comprobada el origen del topónimo, pero ambas enlazan el nombre del pueblo con un rasgo reconocible de su entorno.

La imagen de una cueva no es solo una puerta oscura en la montaña. En terrenos formados por rocas carbonatadas, el agua puede disolver lentamente parte de la roca y ensanchar pequeñas grietas. Con el tiempo, esas aberturas pueden convertirse en conductos y cavidades: es el proceso llamado karstificación. El relieve resultante puede incluir huecos y, en determinadas condiciones, hundimientos. No hace falta convertir la leyenda del becerro en una explicación geológica para advertir que las cuevas y el terreno carbonatado pertenecen a una misma historia del paisaje.

La relación entre las cavidades y el río de las Cuevas aporta una escena local concreta: una ladera, un curso de agua y aberturas en el terreno. El estudio geotécnico clasifica formaciones carbonatadas del municipio como medianamente karstificadas y señala que pueden aparecer karsts importantes dispersos. Esa descripción ayuda a entender por qué el relieve merece mirarse también desde abajo, aunque no convierta cada cueva en una cavidad identificada por su origen o su edad.

Calizas y dolomías bajo el término

La clasificación geotécnica da una medida de la presencia de esos materiales: el 77,61 % corresponde a calizas, dolomías y mármoles. También identifica gravas y arenas compactas (10,47 %) y areniscas, conglomerados y flysch (7,86 %). Son proporciones referidas al término municipal, no una descripción de cada solar o de cada edificio. Pero sí muestran que, a escala local, las rocas carbonatadas dominan el cuadro.

Caliza, dolomía y mármol no son nombres intercambiables para cualquier piedra. En este caso, la información disponible los agrupa como materiales carbonatados, la clase de rocas en la que puede desarrollarse la karstificación. El agua que circula por grietas y discontinuidades puede irlas ensanchando; una abertura que al principio es pequeña puede convertirse en una vía de circulación o en un hueco. El proceso es gradual: no describe una escena repentina, sino una transformación del terreno que puede prolongarse durante mucho tiempo.

El estudio reconoce en el municipio áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales y también zonas con movimientos de terreno, como deslizamientos o desprendimientos, actuales o posibles. Son procesos distintos: el hundimiento se relaciona con huecos o pérdida de apoyo en terrenos kársticos; un deslizamiento implica el movimiento de materiales por una ladera. La clasificación sitúa así dos maneras en que el relieve puede cambiar. Las rocas no son un decorado inmóvil, aunque el documento no atribuya un episodio concreto a una calle o a una vivienda.

Panorámica de Cuevas del Becerro, con el núcleo urbano recortado sobre su entorno de cerros y laderas.

Panorámica de Cuevas del Becerro, con el núcleo urbano recortado sobre su entorno de cerros y laderas.

Foto: Tango7174, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Los cerros guardan huellas anteriores al pueblo

Antes de que el camino real organizara la calle central, distintos lugares del actual término ya conservaban restos de ocupación humana. Hay vestigios del Neolítico en las laderas occidental y norte del cerro del Castillón, cerca de la Fuente del Zorro y en el borde nororiental del cerro de las Palomas. La distribución de esos restos acerca el relato a parajes reconocibles y recuerda que el núcleo actual no agota la historia de la localidad.

De época romana quedan vestigios de hornos del alfar. Los hornos son una huella de actividad y fabricación; los restos neolíticos, una señal de presencia mucho más antigua en otros puntos del municipio. No pertenecen a una misma escena ni a una única etapa de poblamiento. Lo que comparten es el escenario: un término de cerros, laderas y materiales diversos que fue recorrido y ocupado en momentos distintos. El registro humano aparece repartido por el paisaje, no concentrado únicamente alrededor de la plaza o de la iglesia.

Mucho después, en 1330, la primera noticia escrita citada para la villa corresponde a su conquista por Alfonso XI de Castilla. La misma campaña incluyó Teba, Ardales, Cañete la Real y Priego. Ese dato fija una referencia histórica para la población medieval; no explica por sí solo por qué el pueblo se asentó exactamente donde lo hizo. Para seguir esa transformación hay que pasar de la noticia de conquista a la finca y al camino que estructuraron el núcleo.

El camino real atraviesa El Mayorazgo

El pueblo se asentó en la finca llamada El Mayorazgo y se construyó en torno al camino real de Ronda a Cañete. El camino ofrecía un eje reconocible; las casas y la arquitectura tradicional se dispusieron alrededor de él hasta formar una calle central, descrita como casi única y dividida por la iglesia de San Antonio Abad. No se trata de que la geología trazara la ruta: la relación documentada es otra. La población tomó forma junto a una vía que conectaba localidades y sobre una finca con una historia propia.

Los documentos del archivo parroquial del siglo XVIII y los del archivo municipal de 1867 relacionan El Mayorazgo con la marquesa de Cuevas del Becerro y Benamejí. La historia de la propiedad añade un cambio importante: la finca pasó después a manos de colonos, al considerarse apta para la producción agraria. Según la fuente consultada, ese paso se ha señalado como origen de la decadencia de la cultura rural cueveña. La tierra que había sido una propiedad vinculada a una marquesa quedó ligada a quienes la trabajaban, y esa modificación dejó una marca en la vida del pueblo.

La fertilidad de las tierras de labor que rodean el núcleo sostiene hoy cultivos de olivo, cereales y matalauva, además de otros en menor extensión. También hay huertas de regadío, aunque su uso es limitado y en verano pueden encontrarse huertos de autoconsumo. El olivar ocupa buena parte del término y atraviesa un proceso de mecanización. Son usos actuales del territorio, no una explicación del origen de las rocas: muestran cómo la población continúa organizando su vida sobre un paisaje que combina áreas de cultivo, cerros y sustratos distintos.

El pueblo se prolonga más allá de la calle central

El casco tradicional aún sigue el camino real, pero el crecimiento no se ha detenido en esa línea. Se construyen edificios nuevos en el extrarradio, más modernos y de tipo chalet. La localidad ha pasado así de un núcleo concentrado en torno a una vía y a una finca a una forma urbana que también ocupa sus bordes. En 2025, Cuevas del Becerro tenía 1.617 habitantes y se encontraba a más de 724 metros sobre el nivel del mar.

Ese crecimiento devuelve la mirada al subsuelo. Allí donde se proyectan nuevas construcciones, el término no es geológicamente uniforme: predominan los materiales carbonatados, pero también hay gravas, arenas compactas, areniscas, conglomerados y flysch. Y la clasificación geotécnica mantiene en el mapa tanto procesos kársticos como movimientos de ladera. No anuncia que un daño vaya a ocurrir; describe condiciones del terreno que forman parte de la historia física del municipio, igual que el camino, la finca y las casas forman parte de su historia humana.

El episodio del asentamiento tiene un resultado visible: Cuevas del Becerro conserva una calle central ligada al camino real, una expansión moderna en sus márgenes y una vida agrícola que sigue presente. El terreno, por su parte, continúa siendo un paisaje de rocas carbonatadas y karstificación, con procesos actuales o potenciales reconocidos en el término. Las cuevas del norte ya no son solo el escenario de un becerro legendario: ayudan a situar una localidad cuyo camino y cuyas casas se levantan dentro de una historia más amplia, escrita también en la roca.

Tipos de terreno en Cuevas del Becerro

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha
  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

    Ver ficha
  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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Riesgo sísmico en Cuevas del Becerro

Moderado
Magnitud máxima registrada M 3.7 Escala de Richter
MáxM 3.7
MediaM 2.03
Máx Media
Eventos registrados
16
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 3.2) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.7 2000
  • 2 M 2.7 2019
  • 3 M 2.6 2026
Último sismo registrado
2026
M 1.8 · este año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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