Cillorigo de Liébana, el lago menguante
En la zona occidental de Cillorigo, la actividad minera del siglo XIX redujo la extensión del pozo de Ándara. Su historia permite recorrer un paisaje de lagos de alta montaña, rocas carbonatadas y cursos de agua que atraviesan el municipio hasta el Deva.
La capilla de San Tirso y, al fondo, los Picos de Europa, en Cillorigo de Liébana: una vista amplia del paisaje de montaña del municipio.
En la zona occidental de Cillorigo de Liébana, integrada en parte en el parque nacional de los Picos de Europa, aparecen dos lagos de alta montaña: el pozo de Ándara y el llagu Valdomingueru. El primero conserva la señal de una transformación humana. La descripción geográfica del municipio atribuye a las actividades mineras del siglo XIX que hoy quede de él poca extensión. El cambio tiene una huella concreta: un lago que pasó a ocupar menos espacio en un territorio donde también las rocas y el agua forman parte del paisaje.
El pozo de Ándara pierde extensión
La historia del pozo de Ándara no es la de una desaparición completa. Sigue citado entre los lagos de alta montaña del municipio, pero su extensión quedó reducida por las actividades mineras. Ese contraste —permanencia y pérdida— da la medida del episodio: el lago continúa formando parte del paisaje, aunque su tamaño actual conserva el efecto de una intervención del siglo XIX.
La información disponible no vincula esa reducción con un mineral concreto ni detalla las labores realizadas. Lo que sí permite seguir es el cambio esencial: la actividad minera alteró la extensión del pozo. En esa secuencia, el lago es el protagonista; la minería, la fuerza que modifica su presencia. El desenlace no es que el agua y el relieve dejaran de existir, sino que el pozo quedó como un lago de menor extensión.
El llagu Valdomingueru forma parte del mismo conjunto municipal de lagos de alta montaña. Su presencia pone el episodio en perspectiva: Cillorigo reúne más de una de estas aguas elevadas, pero la transformación minera que se señala corresponde al pozo de Ándara. La distinción importa. Permite contar una historia localizada sin convertirla en una explicación general sobre todos los lagos de la zona.
Las rocas que sostienen el paisaje
La historia del lago ocurre en un municipio con materiales distintos bajo sus paisajes. La clasificación geotécnica de Cillorigo incluye calizas, dolomías y mármoles, con un porcentaje de 15,56; arcillas y margas sobreconsolidadas duras, con 8,75; y areniscas, conglomerados y flysch, con 5,82. Son nombres de materiales, no piezas intercambiables: calizas, dolomías y mármoles son rocas carbonatadas; las arcillas y margas forman otra clase de sustrato, y las areniscas y conglomerados otra más.
Esta variedad ayuda a leer el término como un territorio geológico diverso, no como una única masa de roca. Entre los procesos que registra el estudio municipal está la karstificación. En las rocas carbonatadas, el agua puede disolver poco a poco el material y ensanchar discontinuidades; con el tiempo, esa acción favorece cavidades y formas kársticas. No es una descripción del origen del pozo de Ándara, sino una explicación de un proceso que forma parte del marco geológico de Cillorigo.
El estudio geotécnico describe formaciones carbonatadas muy karstificadas en su conjunto y también formaciones con karstificación media, donde pueden aparecer sistemas kársticos importantes dispersos. Además, señala áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales en materiales carbonatados y movimientos de ladera, incluidos desprendimientos en formaciones rocosas. Son procesos distintos de la reducción minera del lago: muestran que el relieve municipal también está sometido a cambios naturales, aunque la extensión del pozo se vincule a una actividad humana concreta.
La ermita de Santa Eulalia, en Allende, junto al Camino Lebaniego entre Lebeña y Pendes. La imagen muestra otro tramo del relieve montañoso de Cillorigo.
Los ríos llevan el agua hacia el Deva
Desde las alturas, el agua aparece también en la red de ríos del municipio. El Urdón, el Santo, el Corvera y La Sorda son afluentes del Deva. Seguir sus nombres permite pasar de los lagos de montaña a una geografía de cursos de agua que atraviesan Cillorigo y confluyen en una cuenca común. El Deva, a su vez, cruza el término municipal antes de internarse por el desfiladero de La Hermida.
El desfiladero marca una continuación reconocible del recorrido: el río atraviesa el municipio y después entra en un paso encajado entre montañas. No hace falta atribuir a ese río una acción concreta sobre cada pared para advertir el contraste entre la ruta del agua y los altos lagos de Ándara. Son distintas escalas del paisaje local: las aguas de montaña, los afluentes y el curso del Deva que se dirige hacia La Hermida.
Tama y el clima propio de Liébana
El agua tampoco se reparte de manera uniforme por Cantabria. La descripción climática de Cillorigo subraya el carácter más continentalizado del valle de Liébana. Mientras en el 80 % de Cantabria las precipitaciones superan los mil milímetros anuales, en Tama quedan por debajo de los setecientos. La oscilación anual de temperatura ronda los trece grados. Son cifras que sitúan el paisaje lebaniego en un contexto climático distinto al de buena parte de la región.
Las series climáticas aportan otro tramo de la historia, mucho más reciente que la actividad minera del siglo XIX. En la región, la temperatura media aumentó 0,6 grados durante los últimos cincuenta años y las precipitaciones descendieron un diez por ciento. Además, los años de la serie 1981-2010 fueron claramente más cálidos y secos que los de 1951-1980. Estos cambios describen el clima regional de las últimas décadas; la reducción del pozo de Ándara, en cambio, se atribuye a la minería del siglo XIX.
El clima lebaniego también acompaña la vida del valle. La fuente geográfica relaciona su microclima con cultivos de vid, árboles frutales, patata y cebolla de Bedoya, además de una producción láctea asociada al queso picón de Bejes-Tresviso. No son actividades que expliquen la transformación del pozo, pero sí muestran que Cillorigo no se resume en sus cumbres: el municipio reúne lagos de altura, cursos de agua y espacios donde las condiciones locales permiten otros usos del territorio.
La huella que permanece en Ándara
Al volver al pozo de Ándara, el episodio queda en sus proporciones reales. La actividad minera del siglo XIX redujo la extensión del lago; no borró su presencia entre las aguas de alta montaña de Cillorigo. El llagu Valdomingueru completa el paisaje, mientras los ríos Urdón, Santo, Corvera y La Sorda conducen el recorrido municipal hacia el Deva y La Hermida.
Así queda la historia: un lago transformado por la minería, dentro de un territorio de rocas diversas, formas kársticas y aguas que siguen caminos distintos. En Ándara, la huella no es la de un lugar desaparecido, sino la de un paisaje que conserva el resultado de aquella intervención: un pozo que permanece, pero con poca extensión.
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