Cijuela convirtió su pequeña llanura en campo de lino, cáñamo y remolacha
La alquería que vivió Ceti Haxa llegó a ser un pueblo de agricultores y, más tarde, un centro del cultivo de remolacha. ¿Qué puso en movimiento esa historia en la llanura de Cijuela?
Cijuela vista desde la vega de Láchar, con Sierra Nevada al fondo; la panorámica sitúa la localidad en la llanura que da sentido a su topónimo y a su historia agrícola.
En 1776, Cijuela empezó a cultivar lino y cáñamo en una tierra cuyo propio nombre guarda una pista: al-Siyula, «pequeña llanura». El cambio no ocurrió de golpe. En 1760, los registros no le atribuían más de cuarenta habitantes; entre 1780 y 1808, la aldea creció en población y economía hasta convertirse en pueblo. En esa transformación, el terreno no es un decorado: la localidad se asienta en la Vega de Granada, y la forma llana del paisaje ayuda a entender por qué la agricultura ocupa un lugar central en su historia.
La pequeña llanura tuvo torres y una alquería
Mucho antes de que el lino y el cáñamo marcaran una etapa agrícola, Cijuela ya era una alquería del periodo musulmán. Dos torres recuerdan aquel paisaje habitado. De una, situada en el lugar que hoy ocupa la calle Cervantes, no quedan vestigios. De la torre de Bordonal, levantada en tierras de secano, sobreviven algunos restos.
La historia de la torre de la calle Cervantes terminó en 1431. Las tropas de don Álvaro de Luna la destruyeron durante los acontecimientos vinculados a la batalla de La Higueruela. La de Bordonal, en cambio, sigue poniendo un punto reconocible en el relieve: el cerro de ese nombre alcanza los 676 metros y contrasta con la planicie de la vega.
En el siglo XV, Cijuela también sirvió de residencia a Ceti Haxa, hermana de Boabdil. Tras la Reconquista, Francisco Bobadilla, primer alcalde de Santa Fe, adquirió la localidad por seiscientas doblas castellanas. Después pasó por otras manos y, finalmente, fue repartida por campesinos descendientes de los habitantes de la aldea de Bordonal o Boldonal. Las torres y los cambios de propiedad hablan de una comunidad asentada en un territorio llano, pero no inmóvil: sus tierras también se dividían, se cultivaban y se disputaban.
El nombre de Cijuela señala una forma del paisaje
¿Qué significa que la localidad se llamara al-Siyula, «pequeña llanura»? El topónimo, transmitido desde el árabe, apunta a una característica muy visible de la geografía cijueleña: el núcleo se encuentra en la Vega de Granada, en un relieve que desciende desde las cotas más altas del término hacia las cercanías del Genil. El pueblo se sitúa a 540 metros sobre el nivel del mar; cerca del río, la altitud indicada para el municipio baja a 530 metros.
También hoy el agua forma parte de ese paisaje: por el término discurre el canal del Cacín. Su presencia actual no permite atribuirle, sin más, los cultivos de siglos pasados; sí recuerda que la llanura y el agua son elementos que conviven en la geografía local. La relación entre terreno y agricultura es verosímil, pero debe contarse con cuidado: la información disponible registra las etapas de cultivo y describe el relieve, sin demostrar que una característica geológica concreta causara por sí sola cada cambio económico.
El terreno conserva arenas, limos y depósitos deltaicos
La clasificación geotécnica de Cijuela permite mirar más de cerca esa superficie. Su categoría predominante es la de arenas finas y limos, con un 57.43 %; aparecen además calizas, dolomías y mármoles, con un 26.04 %, y las categorías de masa de agua, con un 9.86 %, y fangos y turbas deltaicos, con un 6.43 %. Son nombres distintos para materiales y condiciones diferentes, no una única capa uniforme bajo todo el municipio.
Los limos son sedimentos de grano fino, mientras que las arenas reúnen granos de mayor tamaño. La referencia a fangos y turbas deltaicos añade otra pista: señala materiales asociados a ambientes de acumulación de agua y sedimentos. En una llanura, esa variedad ayuda a entender que el suelo no es simplemente una superficie plana. El paisaje puede parecer continuo al recorrerlo, pero el terreno que lo compone incluye materiales distintos.
¿Prueba esta clasificación por qué Cijuela cultivó primero lino y cáñamo y, mucho después, remolacha? No por sí sola. Lo que sí permite es acercar la historia humana a la geografía real del lugar: un núcleo de la Vega, una llanura reconocible desde su nombre y terrenos donde figuran arenas, limos y depósitos deltaicos. Esa conexión es una lectura razonable del conjunto, no una causa demostrada por separado.
La remolacha cambió la escala del cultivo
La segunda gran transformación agrícola llegó a partir de 1898, cuando la remolacha azucarera se convirtió en el cultivo destacado. La historia de Cijuela pasó así de una aldea pequeña, que había impulsado el lino y el cáñamo desde finales del siglo XVIII, a una comunidad vinculada a una expansión agrícola de mayor alcance. La remolacha también se asocia en la cronología local con el ascenso económico de la provincia de Granada.
Entre una etapa y otra, la tierra llana ofrece continuidad; cambian los cultivos y la escala de la actividad. No hace falta imaginar un paisaje inalterado para reconocer esa relación: las torres medievales, el cerro de Bordonal y el terreno de la vega sitúan distintas piezas de la historia en un mismo término municipal. La agricultura pertenece a la historia documentada de Cijuela; la lectura del relieve ayuda a darle un marco geográfico concreto.
Si recorres hoy la Vega de Cijuela, el nombre antiguo y las huellas de sus sucesivas etapas agrícolas cuentan una historia que no depende de una sola cosecha. La pequeña llanura sigue siendo el escenario reconocible en el que se asentó la alquería, crecieron los cultivos y se hizo pueblo.
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