Historia geológica Localidad Chillón

Chillón, señales entre sierras

En la sierra de la Virgen del Castillo, pinturas rojas y negras conservan la huella de antiguos habitantes de Chillón. Para entender ese rastro hay que recorrer también las sierras, los valles y los cauces que dibujan el término.

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Foto: Nelso Silva, CC BY-SA 2.0 — commons.wikimedia.org

El relieve de Chillón se despliega de norte a sur en una sucesión de sierras y valles. El pueblo, situado a 517 metros de altitud, queda entre cumbres que alcanzan los 830 metros y el curso del Guadalmez, a 360. No es un paisaje uniforme: las elevaciones se encadenan, se interrumpen y vuelven a levantarse. En una de ellas, la sierra de la Virgen del Castillo, se hallaron pinturas rupestres que prueban la presencia de asentamientos prehistóricos en la zona. El terreno ofrece así algo más que un fondo: reúne las huellas que permiten seguir una historia local de ocupaciones, cambios y permanencias.

De la sierra de la Osa al valle del Valdeazogues

Por el norte, el término limita con el valle del río Esteras. Junto a él se alza una primera cadena montañosa, con la Cuerda de la Cendra, la sierra de las Tapiadas y la sierra de la Osa; su punto más alto es el Pilón del Lobo, de 830 metros. Después, el relieve se abre en un valle atravesado por distintos arroyos. En medio de esa amplitud quedan elevaciones aisladas: la sierra del Manzano, de 671 metros; la del Asuarón, de 668; y el pico Habares, de 678.

Más al sur aparece otra línea de cumbres: el cerro Olivarejo, la sierra de Cejalva y la sierra de la Virgen del Castillo, que alcanza 738 metros. La sierra de las Hoyuelas, al oeste, llega a 803 metros y forma el límite natural con Guadalmez. Entre ambas cadenas se extiende el valle del río Valdeazogues, que recoge las aguas del río Alcudia antes de desembocar en el Guadalmez. Estos nombres y altitudes dibujan un territorio de contrastes, en el que los cursos de agua atraviesan valles delimitados por elevaciones.

También bajo ese relieve hay materiales diversos. La clasificación geotécnica del término incluye pizarras y esquistos en el 40,14 %; arcillas y margas sobreconsolidadas, descritas como duras, en el 13,83 %; granito, gneis y rocas ígneas en el 3,11 %; y arenas finas y limos en el 2,79 %. La categoría «masa de agua» representa el 21,61 %. Son proporciones del conjunto municipal: explican la variedad de materiales recogida para Chillón, no identifican por sí solas la roca de un abrigo concreto.

El mismo estudio caracteriza la permeabilidad como clase 9: formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. En ellas, el agua puede alojarse en acuíferos superficiales cuando la alteración o las fracturas abren caminos; suelen ser poco extensos y de baja productividad, aunque pueden tener interés local. Así, el agua que recogen los valles y los cauces convive con materiales que, en general, no la dejan circular fácilmente. El estudio no asigna aquí una edad ni un origen a esas rocas: lo que permite reconocer es la composición geotécnica y su diversidad dentro del término.

Las pinturas de la Virgen del Castillo

En la sierra de la Virgen del Castillo —también llamada sierra de Cordoneros—, varios abrigos conservan muestras de arte esquemático. Entre las figuras descritas hay representaciones antropomorfas, animales cuadrúpedos, signos ramiformes y estilizaciones de cazadores y ciervos. Predomina el rojo, aunque también aparecen figuras negras. No forman una crónica escrita de quienes las hicieron, pero sí una señal concreta de que hubo asentamientos prehistóricos en esta zona de Chillón.

Su datación se sitúa en el Calcolítico o en el Bronce I. En vez de dar a las figuras una fecha más precisa de la que permite esa atribución, basta con situarlas en un amplio tramo de la prehistoria. La sierra donde se encuentran forma parte de la cadena de elevaciones que separa los valles del término. Las pinturas quedan así ligadas a un lugar reconocible del relieve, aunque la información disponible no permite atribuirles un significado concreto ni reconstruir las actividades de sus autores.

El abate francés Henri Breuil descubrió las pinturas en 1916. Desde entonces, la sierra dejó de ser solo una elevación dentro de la secuencia de Cejalva y Olivarejo: también quedó vinculada a una huella humana que podía estudiarse y fecharse de manera aproximada. La noticia de ese hallazgo no transforma la montaña, pero cambia la forma de leerla. En sus abrigos, las figuras —rojas o negras, humanas, animales o esquemáticas— hacen visible una presencia antigua que el paisaje, por sí solo, no habría permitido fechar.

Una estela que cambió de uso

Otra huella apareció en el término municipal en 1990: una estela de la Edad del Bronce Final, fechada aproximadamente entre 1100 y 901 antes de nuestra era. Su decoración reúne una figura humana, espada, escudo, peine y lanza. Frente a las figuras esquemáticas de los abrigos, aquí los objetos descritos permiten reconocer con claridad los elementos representados. La estela amplía el cuadro de la presencia humana en Chillón, pero no debe confundirse con las pinturas: son evidencias distintas, con descripciones y atribuciones propias.

La pieza tuvo después otra vida. En época romana fue reutilizada como estela funeraria, con una inscripción que nombra a Próculus, hijo de Toutonus, y señala que murió a los cuarenta años. La traducción conservada termina con una fórmula familiar: «La tierra te sea ligera». El cambio de uso convierte la piedra en testigo de dos momentos: primero, el de su decoración como estela del Bronce Final; después, el de su reutilización funeraria. Hoy se encuentra en el Museo Provincial de Ciudad Real.

El itinerario de la estela resume una transformación con un desenlace concreto: el objeto pasó de una función anterior, que la información disponible no precisa, a servir como monumento funerario romano y terminó en un museo provincial. No es una prueba de que todos los vestigios de Chillón siguieran el mismo recorrido. Junto a ella están las pinturas de la sierra, que permanecen asociadas a sus abrigos, y las huellas de otras épocas que se reconocen en la historia de la comarca.

El cinabrio y la vecina Sisapo

Al acercarse a la época romana entra en escena otro material: el cinabrio de las minas de Almadén, localidad vecina. Las noticias sobre Sisapo se remontan al siglo IV antes de nuestra era, y la ciudad romana llegó a ser conocida por sus criaderos de cinabrio. La explotación minera forma parte del contexto antiguo de Chillón, pero las minas mencionadas se encuentran en Almadén, no en la sierra de la Virgen del Castillo. El vínculo local aparece en la posibilidad de que Chillón se desarrollase alrededor de esas explotaciones y en relación con el asentamiento romano de la comarca.

La ubicación de las dos Sisapos citadas por Estrabón —Sisapo Vetus y Sisapo Nova— se ha discutido. La Bienvenida, en el término de Almodóvar del Campo, fue identificada como Sisapo a partir de descubrimientos epigráficos de 1982. Alicia M. Canto y P. Sillières propusieron, por su parte, situar Sisapo Nova en Cerro de las Monas, al sur del término de Almadén y a pocos kilómetros del yacimiento de cinabrio. Esa hipótesis permite entender por qué la minería romana forma parte de la historia cercana de Chillón, sin convertir una identificación discutida en una certeza sobre el casco urbano.

El Guadalmez, frontera y cambio de destino

Mucho después, durante la conquista cristiana de la comarca, el río Guadalmez se convirtió en frontera entre territorios cristianos y musulmanes. El cauce, que más tarde recoge las aguas del Valdeazogues, aparece entonces en un mapa político: no solo como parte de la red de ríos que recorre la zona, sino como límite entre dos territorios. En ese contexto se construyeron castillos en varios puntos de la comarca, incluido el de Chillón, en el actual casco urbano.

Tras la conquista cristiana, el castillo de Chillón pasó a llamarse castillo de los Donceles. Allí se habría levantado antes una iglesia de menor tamaño; después, a comienzos del siglo XVI, empezó a construirse la iglesia actual, dedicada a San Juan Bautista y Santo Domingo de Silos. El conjunto pasó así de fortaleza a espacio parroquial. El crucero gótico se atribuye posiblemente a Hernán Ruiz I y se fecha entre 1502 y 1547; su nieto Hernán Ruiz III proyectó la reconstrucción del resto, de tres naves y estilo renacentista. En 1318, además, los senescales de Santiago, Calatrava y Alcántara firmaron en Chillón una carta de hermandad para protegerse de un posible ataque musulmán.

Al final, las huellas de Chillón no forman una sola escena ni proceden de una sola época. Las figuras de la sierra, la estela reutilizada y llevada al museo, el cinabrio de la comarca y el castillo convertido en iglesia cuentan distintas maneras de permanecer y cambiar. Entre las cumbres y los valles, la historia local se reconoce en esas señales: unas siguen ligadas al relieve, otras encontraron un nuevo uso y otras tienen hoy su lugar en un museo.

Tipos de terreno en Chillón

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Pizarras y Esquistos
    Advertencia

    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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