Chapinería, las cárcavas del Perales
Al sur de Chapinería, las laderas descienden en cortadas hacia el río Perales. El agua y la pendiente han ido dibujando allí una huella que ayuda a leer también las rocas y los usos del municipio.
Vista de los montes y el arbolado al suroeste de Chapinería. Las laderas enmarcan el paisaje de arroyos y pendientes que desciende hacia el Perales.
En el límite sur de Chapinería, el terreno se inclina hacia el río Perales y termina en cortadas que hacen visible una transformación lenta. Son las Cárcavas del río Perales: la descripción geográfica las atribuye a la erosión intensa de terrenos con fuerte pendiente. No se abrieron de golpe. Los arroyos de pequeño caudal modelan el terreno y han trazado innumerables torrenteras y desniveles que culminan en las cortadas sobre el Perales. Aquí el agua avanza a escala de arroyo, pero la huella se lee en el relieve entero. La pendiente le ofrece una ruta; los materiales cambian de una zona a otra; y el paisaje conserva el resultado en el borde municipal. Las cárcavas están catalogadas por la Ley 16/95 Forestal y de Protección de la Naturaleza de la Comunidad de Madrid.
El Perales recibe la pendiente
El arroyo de la Oncalada recorre parte del límite sureste y desemboca en el Perales. En distintos puntos del término, cursos de pequeño caudal atraviesan las laderas y modelan el terreno en torrenteras: canales estrechos que hacen más visibles los desniveles. La descripción local relaciona las cortadas del río con la erosión intensa de terrenos inclinados. El proceso se entiende paso a paso: el agua se concentra al descender, desgasta y retira materiales, y va abriendo surcos. Cuando muchas torrenteras atraviesan una ladera, sus marcas se reúnen en un relieve quebrado. En Chapinería, ese dibujo termina en las cortadas sobre el Perales.
La erosión no es una forma de roca ni una grieta aislada: es el desgaste del terreno y el traslado de sus materiales por agentes como el agua. La inclinación importa porque el agua que baja por una pendiente puede concentrar su recorrido en canales. La geografía de Chapinería describe precisamente arroyos que modelan el territorio en innumerables torrenteras de fuertes desniveles. Al final, el contraste entre esos canales menores y las cortadas del Perales da escala al resultado: una red de incisiones pequeñas conduce la mirada hacia un borde más abrupto.
Guija Blanca y el mosaico de rocas
El relieve se apoya en un sustrato variado. Casi todo el término está ocupado por granitos biotíticos y lehm granítico; al noroeste destaca la Guija Blanca, de 736 metros, junto al prado del Pozuelo. El granito berroqueño llega incluso al núcleo urbano y da a Chapinería parte de su carácter serrano. Algunas calles conservan la roca en estado natural como pavimento: aquí el sustrato no queda únicamente bajo el paisaje, también aparece en la vida cotidiana del pueblo.
La clasificación geotécnica municipal muestra la importancia de ese contraste: asigna un 44.49 % a Pizarras y Esquistos y un 43.05 % a Granito, Gneis y rocas ígneas. También registra un 7.02 % de Areniscas, Conglomerados y Flysch y un 3.11 % de Calizas, Dolomías y Mármoles. Estas categorías describen el término en conjunto; junto con la distribución geográfica de las rocas, dibujan un municipio donde los materiales no forman una superficie uniforme. La roca que se ve en el casco urbano es parte de un mosaico más amplio.
Al suroeste aparece una estrecha banda metamórfica, con esquistos alternados con cuarcitas y pizarras. Una roca metamórfica es una roca transformada; esos nombres señalan materiales distintos reunidos en una franja del municipio. Entre esa zona y la granítica se sitúa una banda cataclástica, con granito cataclástico y esquistos cataclásticos: el término describe rocas fracturadas o trituradas. Al sureste, en cambio, se documentan rocas terciarias, entre ellas arcosas pardas de facies de bolos. Granito, rocas metamórficas y arcosas componen el escenario que las aguas atraviesan, sin que cada calle o cortada deba atribuirse a un material concreto.
La calle de Prudencio Melo en el casco de Chapinería. El granito berroqueño llega al núcleo urbano y algunas calles conservan la roca en estado natural.
Oncalada, Ollones y los caminos del agua
La red de agua se reparte en varias direcciones. Además de la Oncalada, el arroyo de los Ollones o de la Mojonera vierte al Alberche por Aldea del Fresno. El arroyo de la Boticaria, también llamado de la Plata, marca el límite entre Chapinería y Navas del Rey; el arroyo de las Chorreras completa parte de esta red. En el término está asimismo la laguna del Pozairón. Son cursos pequeños, pero su presencia se repite en el mapa y en el relieve: las torrenteras que forman ayudan a explicar por qué las pendientes no acaban en una superficie lisa.
También hay manantiales diseminados por el municipio: Fuente de las Huertas, el Rosnillo, la Zarza, El Terrero, Facurrilla, Becerriles, El Tesoro, Linar del Churro, El Jabalí, Las Praderas, El Quemao, Los García, Apretura y Juan Domínguez. En las zonas húmedas abundan fresnos y sauces, mientras que el encinar domina buena parte del territorio. Así, el agua deja más de una señal: se reconoce en fuentes y vegetación, y en las laderas queda expresada por los arroyos y las incisiones que llevan hacia el Perales.
Los Pilancones, Becerriles y La Ventilla
La relación de los habitantes con este paisaje viene de lejos, aunque sus huellas pertenecen a épocas distintas. Cerca del arroyo de Los Pilancones se han encontrado útiles paleolíticos. En el despoblado de Los Becerriles y en La Ventilla quedan restos de dos aldeas visigodas. Son señales de presencia humana anteriores al origen de Chapinería, que se sitúa en el siglo XIV, cuando comenzaron a buscarse lugares para establecer majadas y zonas de pastoreo. Los hallazgos se distribuyen por parajes diferentes; juntos, muestran que la historia humana del término no empieza con la villa medieval.
En el siglo XV, el actual término pertenecía a Colmenar del Arroyo y quedó bajo jurisdicción segoviana, dentro del sexmo de Casarrubios. Estas tierras se utilizaron como pastos para el ganado. Más tarde, el desarrollo de la ganadería, el aumento de población y el intercambio comercial acompañaron la construcción de casas, la puesta en cultivo de tierras y la expansión ganadera. El bosque y la piedra también entraron en las actividades locales: pronto se sumaron la explotación forestal y la cantería. La historia de Chapinería añadió así caminos de pastoreo, campos y trabajo de cantera a un territorio ya marcado por arroyos y pendientes.
Chapinería convierte el terreno en villa
Entre 1621 y 1630, Chapinería obtuvo su privilegio de villazgo y se desligó de Segovia y de Colmenar del Arroyo. La independencia de Segovia se produjo en 1627; el título de villa llegó en 1630. No desaparecieron por ello las formas de vida ligadas al territorio. La ganadería, la explotación forestal y la cantería siguieron formando parte de las actividades tradicionales, junto con la caza. En el siglo XVII llegaron los marqueses de Villanueva de la Sagra y construyeron el palacio de la Sagra como residencia de caza, hoy restaurado como Casa de Oficios por el Ayuntamiento.
En 1833 Chapinería pasó oficialmente a la provincia de Madrid. A mediados del siglo XIX tenía 948 habitantes y, tras la ley de Desamortización de 1855, una parte importante de los prados y dehesas pasó a ser administrada por los vecinos. Durante el siglo XX continuaron actividades como la ganadería, la explotación forestal, la caza y la cantería. En los años ochenta crecieron las residencias secundarias y la población; después, muchas personas hicieron de Chapinería su residencia principal mientras trabajaban en Madrid y sus alrededores.
El pueblo cambió de jurisdicción, amplió sus usos del territorio y creció, pero las cárcavas siguen dando forma al borde del Perales. La pendiente y los arroyos han dejado allí el resultado visible de una erosión intensa, hoy reconocida y catalogada. Las cortadas no cuentan una sola jornada: reúnen las marcas de cursos pequeños que, al modelar el terreno, conducen hasta el río. En ese límite, la historia de Chapinería vuelve a empezar con la forma del paisaje.
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