Castroverde, la cal que reveló la prehistoria
La extracción de caliza para obtener cal puso al descubierto la Cova da Valiña. En Castroverde, una tarea práctica abrió una puerta inesperada hacia el Paleolítico Superior.
Viviendas de Bolaño, en Castroverde. Una aldea del municipio enmarca el paisaje local en el que se encuentra la historia de la Cova da Valiña.
La caliza se extraía en Castroverde con un destino concreto: obtener cal. Durante esos trabajos apareció la Cova da Valiña, y una actividad ligada al aprovechamiento de la piedra quedó unida a un hallazgo mucho más antiguo que cualquier memoria escrita del municipio. La cueva no fue el objetivo de quienes extraían el material; surgió en el curso de esa labor y cambió el alcance de lo que allí se estaba haciendo.
El episodio tiene dos momentos documentados. Primero, el descubrimiento casual durante la extracción; después, la comunicación del hallazgo por Vázquez Seijas en 1965. Junto a la cueva se recogieron piedras y huesos, entre ellos una punta de azagaya. La noticia convirtió un trabajo sobre la roca en una referencia para la prehistoria gallega y dejó a Castroverde vinculado a una etapa muy anterior a los castillos, los caminos y las aldeas actuales.
La extracción de caliza encontró la Cova
La escena conocida no necesita una excavación arqueológica planificada para empezar: el punto de partida fue la extracción de piedra caliza para fabricar cal. En medio de esa tarea apareció la cavidad. La roca tenía un valor práctico para quienes la aprovechaban; al mismo tiempo, el lugar guardaba materiales que podían informar sobre una presencia humana remota. Esas dos dimensiones —el recurso y la huella— quedaron juntas en el descubrimiento.
La consecuencia no fue solo añadir una cueva al mapa local. Las piedras y los huesos recogidos en el momento del hallazgo hicieron posible reconocer que aquel lugar contenía algo más que el material buscado. Entre los objetos estaba la punta de azagaya, una pieza que documenta la actividad de caza con ese instrumento, característico del Paleolítico Superior. Así, el resultado de la extracción abrió una historia que la actividad productiva, por sí sola, no habría contado.
De la meseta luguesa a O Mirador
Castroverde ocupa una zona de transición entre la meseta luguesa y las Sierras Orientales. El terreno asciende hacia el este, de modo que la localidad forma parte de un paisaje con cambios de altura y relieves distintos dentro del propio municipio. Esa transición no explica por sí misma el origen de la cueva, pero sí sitúa el hallazgo en un territorio donde la roca y las formas del terreno son parte visible de la vida cotidiana.
Hacia el este se levantan las sierras de Moneiro, O Mirador, Puñago y A Baqueriza. En O Mirador, el punto de Pradairo alcanza los 1.034 metros; A Baqueriza llega a 836. La diferencia de altura da forma a una geografía que se prolonga desde las zonas más llanas hacia las elevaciones orientales. No hace falta convertir cada ladera en una explicación de la Cova da Valiña: basta con reconocer el marco diverso en el que la extracción de caliza y el hallazgo quedaron inscritos.
De esos montes bajan numerosos riachuelos que vierten sus aguas en los ríos Guimarás, Azúmara, Romeán, Outeiro y Tórdea, afluentes del Miño. Castroverde recibe alrededor de 1.000 milímetros de precipitación al año. El agua y el desnivel forman parte del paisaje municipal, junto a bosques donde se encuentran robles, avellanos, nogales y castaños. La Cova pertenece a ese territorio, aunque el hallazgo documentado no atribuye su descubrimiento a un río ni a la lluvia: lo relaciona con la extracción de piedra caliza.
Un paseo arbolado junto a la zona de la feria en Castroverde. La imagen ofrece una escala cotidiana del paisaje municipal descrito en el recorrido.
Un subsuelo de varias familias de materiales
La clasificación geotécnica de Castroverde muestra que el término municipal no se resume en una sola clase de material. El estudio recoge Pizarras y Esquistos en un 54,98 %; Granito, Gneis y rocas ígneas en un 28,39 %; y Arenas finas y limos en un 10,27 %. Son categorías distintas, desde rocas hasta sedimentos de grano fino, que describen el subsuelo municipal a escala general.
La cifra mayor corresponde a Pizarras y Esquistos; el granito, el gneis y otras rocas ígneas forman otro grupo importante. Arenas finas y limos aparecen también en la clasificación. Para entender el paisaje, la idea clave es la variedad: el término reúne más de una familia de materiales. Estos porcentajes no identifican automáticamente lo que hay bajo cada edificio, camino o paraje; describen la distribución municipal recogida por el estudio.
La caliza de la que se extraía piedra para obtener cal aparece en la historia de la Cova por un dato local y concreto: fue el material trabajado cuando se produjo el descubrimiento. No hace falta presentarla como la roca dominante de Castroverde para comprender su papel. La clasificación general y el episodio de la cueva cuentan cosas diferentes y complementarias: una dibuja un panorama amplio del subsuelo; el otro muestra cómo el aprovechamiento de un material puso al descubierto una huella arqueológica.
Una punta de azagaya cambia la escala
Las piedras y los huesos recogidos junto a la Cova da Valiña acercan la historia desde el paisaje municipal hasta una evidencia material. Entre ellos figuraba una punta de azagaya. La descripción del hallazgo relaciona esa pieza con la caza mediante un instrumento típico del Paleolítico Superior. No es necesario imaginar una escena de caza para reconocer lo que aporta: señala una actividad humana y sitúa el yacimiento en un tiempo muy anterior a las épocas históricas mejor conocidas de Castroverde.
La referencia local identifica la Cova da Valiña como el único yacimiento de Galicia en el que está representado el inicio del Paleolítico Superior. Esa singularidad amplía el significado del descubrimiento: la cavidad no quedó vinculada únicamente a la extracción de caliza, sino también a una etapa temprana de la prehistoria gallega. En 1965, Vázquez Seijas dio a conocer el hallazgo junto con las piedras y los huesos recogidos entonces, y la punta permitió reconocer una señal concreta de actividad de caza.
El tiempo del yacimiento y el del trabajo de extracción no son equivalentes. La actividad sobre la piedra pertenece al episodio que permitió encontrar la cueva; los materiales recogidos remiten a una historia mucho más antigua. Castroverde queda así en dos escalas a la vez: la de un territorio de montes, cursos de agua y materiales diversos, y la de una evidencia arqueológica que lleva su pasado humano hasta el comienzo del Paleolítico Superior.
La huella que dejó el hallazgo
El desenlace conocido llegó cuando el hallazgo se hizo público en 1965 y los materiales recogidos quedaron asociados a la Cova da Valiña. La extracción había comenzado por una finalidad práctica, la obtención de cal; su resultado más perdurable para esta historia fue revelar un yacimiento singular. Las piedras, los huesos y la punta de azagaya dieron contenido a esa revelación y permitieron relacionarla con la caza y con el Paleolítico Superior.
La caliza sigue siendo la puerta de entrada a este episodio, pero ya no es solo una materia buscada para un uso concreto. En Castroverde, aquella extracción dejó al descubierto una cavidad reconocida por la huella arqueológica que contenía. La piedra condujo a la Cova da Valiña; la Cova, a una historia mucho más antigua que la tarea que permitió encontrarla.
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