Castellgalí, de tumba a presa
En Boades, la Torre del Breny pasó de ser un sepulcro romano monumental a convertirse parcialmente en material para una pequeña presa. Su base permaneció en el paisaje mientras otras piedras cambiaban de función.
Ruïnes de la fàbrica de Sant Jaume (Castellgalí)
En Boades, la Torre del Breny empezó como una construcción funeraria del siglo III y acabó partida entre dos destinos: una base que aún se conserva y piedras aprovechadas para levantar una pequeña presa. La transformación ocurrió en 1870, cuando parte del sepulcro fue destruida para reutilizar sus materiales en el río. El monumento no desapareció de una vez; cambió de forma y de lugar pieza a pieza. En un municipio situado donde confluyen el Llobregat y el Cardener, esa historia acerca una pregunta muy concreta: qué puede saberse de la piedra local y qué huellas deja su uso.
La Torre del Breny se alza como sepulcro
La Torre del Breny fue una construcción de planta cuadrada, de unos diez metros de lado, cubierta por una bóveda. Su aspecto se describía como el de un templo. En uno de sus lados había un relieve con la figura de una mujer desnuda y, a ambos lados, dos leones. La escala y la decoración la distinguían de una edificación corriente: estaba concebida como sepulcro y constituía uno de los restos romanos más destacados de la comarca del Bages.
En las excavaciones de la tumba de Boades, situada no lejos de la Torre del Breny, aparecieron también restos de una antigua necrópolis íbera. Se trata de otro lugar funerario, no de una parte de la Torre: sus hallazgos arqueológicos se conservan en el Museo Comarcal de Manresa. El sepulcro de Boades, también del siglo III, era más rústico, cuadrado y de 5,10 por 4,60 metros, con cubierta a dos vertientes. Dos tumbas cercanas muestran que el paisaje guarda más de una huella funeraria, aunque cada una tenga su propia historia.
En 1870, la piedra cambia de destino
El giro llegó muchos siglos después de la construcción. En 1870, parte de la Torre del Breny fue desmontada para aprovechar sus piedras en una pequeña presa en el río. La operación transformó el sepulcro en material de construcción: elementos que habían formado un monumento funerario pasaron a servir en una obra hidráulica. La información local no precisa qué bloques se retiraron ni identifica la presa por un nombre; sí deja claro el cambio de uso y su consecuencia inmediata para el monumento.
La reutilización explica por qué el conjunto no se conserva entero. La Torre del Breny quedó parcialmente destruida y de ella permanecen restos de la base. No hace falta imaginar un derrumbe total: la secuencia conocida es más precisa y, a su manera, más reveladora. Una parte de la estructura perdió su función funeraria y fue empleada en la presa; otra quedó en el emplazamiento como testimonio del edificio. El resultado es una historia de fragmentación, no de desaparición completa.
El río forma parte de ese episodio como el lugar de la nueva obra, no como una fuerza a la que pueda atribuirse la destrucción. Castellgalí se encuentra en la confluencia del Llobregat y el Cardener, pero la referencia a la presa no identifica cuál de los dos cursos recibió las piedras. Lo decisivo es la decisión humana documentada: retirar parte de un sepulcro y convertirla en material útil para una construcción junto al agua.
El subsuelo de Castellgalí, en varias familias
La geología municipal presenta un terreno diverso. La clasificación geotécnica recoge areniscas, conglomerados y flysch en el 43,75 %; arcillas expansivas blancas o blandas en el 31,25 %; y arenas finas y limos en el 25 %. Son categorías del término municipal, no una identificación de los bloques de la Torre del Breny. Por eso permiten describir el contexto geológico local, pero no asignar a la tumba una roca concreta.
Los nombres ayudan a entender qué tipos de materiales reúne esa clasificación. La arenisca está formada por granos de arena unidos; el conglomerado, por fragmentos más gruesos cementados entre sí. El flysch designa una sucesión de capas de materiales sedimentarios. Arenas finas y limos corresponden a partículas sueltas más pequeñas, mientras que las arcillas expansivas pueden cambiar de volumen cuando varía su contenido de agua. El estudio sitúa el riesgo de expansividad de esas arcillas entre bajo y moderado en las condiciones descritas.
Este mosaico importa para leer el paisaje sin reducirlo a una sola clase de terreno. Las categorías muestran que Castellgalí reúne materiales con características distintas, pero no explican por sí solas el origen, la antigüedad o la composición de cada edificio. En la historia de la Torre del Breny, el dato firme es el traslado de parte de sus piedras a una presa; la clasificación municipal ofrece el marco del subsuelo, no la etiqueta de la piedra romana. Esa diferencia mantiene juntas dos escalas: el municipio y un monumento concreto.
El castillo y la capilla dejan otras huellas
La Torre del Breny no es la única construcción desaparecida o reducida a restos en Castellgalí. Un documento de 867 menciona el Castelo de Galindo, relacionado con el origen del topónimo. El castillo, hoy desaparecido, fue vendido en 1178 al rey Alfonso II de Aragón, quien lo entregó a unos feudatarios. En 1350 Pedro el Ceremonioso lo vendió a Bernat Satorres y en 1413 lo adquirió Lluís de Rajadell. Se cree que quedó destruido entre 1462 y 1472.
De aquel castillo no queda ningún vestigio, mientras que de la antigua capilla de Santa María sí se conservan ruinas: restos del ábside y de algunos muros. La capilla aparece documentada en 1292. La comparación ayuda a medir destinos distintos para las construcciones del lugar: unas se pierden por completo, otras permanecen como fragmentos y, en el caso de la Torre del Breny, una parte se transforma en material de otra obra. No son etapas de una misma edificación, sino huellas diferentes de la larga relación entre el pueblo y sus construcciones.
De Boades a las fábricas, otra transformación
Más tarde, Boades volvió a ser escenario de una construcción industrial. En 1896 se instaló allí la fábrica de carbones eléctricos de Climent Asols i Bovets, la primera industria del municipio. Alcanzó su momento de mayor actividad durante la Primera Guerra Mundial, cuando consiguió un contrato para abastecer a Glasgow y Melbourne. Aún se conservan sus seis chimeneas, una silueta industrial que contrasta con los restos romanos cercanos. No hay base para afirmar que la fábrica empleara piedras de la Torre del Breny; son episodios distintos dentro de un mismo territorio.
También cambió el uso de otros sectores. En el siglo XIX, La Fàbrica alojó a trabajadores de la antigua fábrica textil de Can Carné, hoy fuera de funcionamiento. Mas Planoi se construyó a comienzos de la década de 1970 como zona de veraneo y se convirtió después en el núcleo más poblado del municipio. La agricultura había destinado grandes campos a la viña en el sector, hoy urbanizado. Estas transformaciones muestran cómo se superponen usos humanos en Castellgalí, sin que cada cambio pueda atribuirse a una causa geológica particular.
La Torre del Breny conserva, al final, un desenlace visible: el sepulcro perdió parte de su fábrica en 1870, algunas piedras sirvieron para construir una pequeña presa y la base quedó en su lugar. El terreno municipal ofrece un contexto de areniscas, conglomerados, flysch, arcillas, arenas y limos, pero no permite nombrar la roca de cada bloque. Allí donde la tumba se interrumpió, la historia continúa en dos huellas distintas: la base que permanece en Boades y la piedra reutilizada junto al río.
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