Carballeda de Avia, señales bajo el suelo
En Carballeda de Avia, el subsuelo reúne formaciones distintas y un registro de pequeños terremotos. Sus huellas plantean una historia discreta: cómo se lee un terreno que cambia bajo una superficie habitada.
Hórreos de Muimenta, en Carballeda de Avia. Sus soportes elevan las construcciones sobre el terreno.
La superficie ofrece casas, caminos y hórreos; bajo ella, el terreno se ordena en unidades que no se ven de un vistazo. En Carballeda de Avia, dos pistas permiten acercarse a ese mundo: la clasificación geotécnica de los materiales del municipio y una serie de cuatro eventos sísmicos registrados durante un periodo de treinta años. Ninguna cuenta por sí sola toda la historia del paisaje, pero juntas muestran dos escalas de actividad: la composición del sustrato y las sacudidas que alcanza a registrar una red de observación.
Un mosaico bajo Carballeda de Avia
El estudio geotécnico agrupa el 75,16 % del término municipal bajo la categoría «Areniscas, Conglomerados y Flysch». A ella se suman «Pizarras y Esquistos», con un 10,65 %, y «Masa de agua», con un 11,73 %. Son categorías de la cartografía municipal: describen la distribución que recoge ese estudio, no identifican automáticamente el material de una construcción o de una parcela concreta.
Los nombres reúnen materiales con comportamientos distintos. La arenisca se forma cuando granos de arena quedan unidos por un cemento natural; un conglomerado contiene fragmentos de tamaño mayor, también ligados entre sí. El flysch es una sucesión de capas sedimentarias de características diferentes. Pizarras y esquistos, en cambio, son rocas metamórficas: su composición y su estructura se modificaron bajo presión y temperatura. El mapa permite reconocer esta variedad, aunque no ofrece una secuencia estratigráfica ni edades para reconstruir cuándo se formó cada unidad.
La diferencia importa porque el agua no atraviesa todos los materiales de la misma manera. Algunas rocas permiten el paso por poros; otras conducen el agua sobre todo por fracturas o zonas alteradas. El estudio asigna a las formaciones descritas una permeabilidad de clase 9, litología D-2: generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. También señala que pueden albergar acuíferos superficiales por alteración o fisuración, normalmente poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés.
Cabe pensar que, en un conjunto así, las grietas y las zonas alteradas funcionarían como pasos preferentes mientras el material menos permeable limitaría el flujo alrededor. Esa diferencia podría hacer que el agua subterránea se distribuyera de manera desigual. La imagen es una posibilidad física sugerida por la clasificación, no un relato de manantiales concretos: el dato central es que el estudio describe una permeabilidad baja y contempla excepciones locales ligadas a fracturas o alteración.
Muimenta: una superficie habitada
En Muimenta, los hórreos ponen una forma construida en primer plano. Sus cuerpos elevados sobre soportes dejan ver una solución arquitectónica reconocible en la fotografía; el grupo sirve aquí como contrapunto a lo que la clasificación geotécnica no muestra directamente: la vida en superficie frente a la variedad de materiales bajo el municipio. No es posible deducir de la imagen qué roca se empleó ni asociar sus apoyos a una unidad geológica concreta, pero sí observar cómo una comunidad transformó el espacio con construcciones visibles y duraderas.
Otro encuadre de los hórreos de Muimenta, que muestra cómo se agrupan las construcciones en el espacio habitado.
La geología y la arquitectura se encuentran en cada lugar construido, aunque ese encuentro no autoriza a atribuir una piedra a un hórreo sin información específica. El estudio presenta categorías a escala municipal; la fotografía, en cambio, acerca al lector a un rincón de Muimenta. Mantener separadas esas escalas ayuda a entender el paisaje sin convertir una clasificación general en una explicación automática de cada edificio.
Cuatro eventos en el registro sísmico
La otra pista llega desde más abajo. Para un periodo de treinta años, la serie asociada a Carballeda recoge cuatro eventos de magnitud mínima 1,5: una magnitud 2,4, tipo ML, el 4 de diciembre de 2009, a 15 km de profundidad, registrada por EMSC; una de 1,8, tipo ml, el 14 de julio de 2022, a 21 km, registrada por MDD; y dos de 2025, registradas por IGN. La primera de estas últimas tuvo magnitud 1,6, tipo ml, el 3 de agosto, con profundidad indicada de 0 km. La segunda alcanzó magnitud 1,7, tipo ml, el 15 de diciembre, a 15,8 km.
¿Qué cambia cuando un temblor aparece en una tabla? La magnitud expresa el tamaño del evento sísmico; no es una medida directa de los daños ni de cómo se sintió en cada punto. La profundidad y el lugar del registro también importan para interpretar una sacudida en superficie. En esta serie, la magnitud mayor es la de 2009, y los cuatro valores quedan entre 1,6 y 2,4. El resultado conocido es un registro breve y de baja magnitud, con eventos separados por años y nuevas señales en 2025.
Así, las dos pistas no se funden en una única causa. La clasificación de materiales describe el sustrato municipal y su baja permeabilidad general; la serie sísmica reúne cuatro eventos con magnitudes y profundidades distintas. Juntas devuelven una imagen más completa de Carballeda de Avia: bajo los hórreos de Muimenta y las demás construcciones, un terreno diverso; en el registro, señales pequeñas que permiten seguir parte de su actividad. La superficie permanece a la vista. El subsuelo, en cambio, se deja leer por fragmentos.
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