Camporrobles, la laguna en retirada
El caserío histórico de Camporrobles se extendió al poniente de una laguna que también forma parte del paisaje de El Molón. En el siglo XX, la desecación y la construcción de instalaciones deportivas cambiaron el entorno; bajo ese recorrido humano hay un término municipal de relieves y materiales diversos.
Vista general de Camporrobles, con el relieve que acompaña al núcleo en el horizonte.
En el Camporrobles del siglo XVIII, el caserío compacto se alzaba al poniente de la laguna. El agua quedaba junto a un pueblo que, mucho antes, había tenido un gran asentamiento ibérico entre la solana y la cima de El Molón. Esas dos escenas, separadas por siglos, comparten un paisaje donde la laguna fue una referencia persistente, aunque su relación exacta con cada asentamiento no pueda reducirse a una sola causa.
La historia local no se detiene en la orilla. El poblado antiguo, las calles del núcleo y los usos más recientes muestran cómo cambió el entorno. Al mismo tiempo, las sierras, los materiales del subsuelo y el arroyo Madre dibujan un término más variado de lo que su aspecto predominantemente llano podría sugerir.
El Molón, entre la cima y la laguna
Las huellas de ocupación alcanzan la Edad del Bronce. Se conocen restos en el cerro Cardete, la cueva de la Campana y el Picarcho, y destaca el poblado con necrópolis de las Hoyas. Más tarde, el gran asentamiento ibérico ocupó el espacio entre la solana y la cima de El Molón. La laguna desecada se ha señalado como un posible factor que favoreció aquel emplazamiento; la relación se expresa como probable, no como explicación única de por qué se estableció allí.
El Molón volvió a ser ocupado en época andalusí. Sobre el poblado prerromano se levantó un hisn, un asentamiento fortificado en altura, aunque ocupaba un espacio algo menor. Se conserva prácticamente todo su entramado urbano y entre sus edificios destacó la mezquita. No eran la misma comunidad de la etapa ibérica: lo que persistió fue el valor de aquel lugar elevado, escogido de nuevo para vivir y fortificarse.
Un término llano, pero no uniforme
Camporrobles se encuentra en el extremo noroeste de la altiplanicie de Utiel. El relieve municipal es predominantemente llano, pero lo enmarcan elevaciones reconocibles: la sierra de la Bicuerca, al este, con el cerro Cardete a 1.129 metros; relieves meridionales como Cagarruta y el cerro del Castillete, y la sierra de Mira, al oeste, que supera los 1.100 metros en esta zona. El pueblo se sitúa a 903 metros de altitud.
También el agua tiene su recorrido. Al este del término nace el arroyo Madre, que pasa por Caudete de las Fuentes y confluye con el río Magro cerca de Utiel. La altura desciende desde los 1.129 metros de Cardete hasta unos 820 metros en el extremo nororiental. No es una llanura sin matices: es una altiplanicie atravesada por diferencias de relieve y por cursos de agua que la conectan con el territorio vecino.
El estudio geotécnico describe, a escala municipal, materiales distintos: calizas, dolomías y mármoles; areniscas, conglomerados y flysch; y gravas y arenas compactas. Esa clasificación habla del término en conjunto, no identifica por sí sola la roca de El Molón ni la que hay bajo cada calle. Las formaciones carbonatadas, como las calizas y dolomías, pueden disolverse con el agua y desarrollar formas kársticas; el estudio señala zonas con karstificación y áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales.
Los sondeos del término permiten asomarse a otra escala del paisaje: nueve perforaciones alcanzan una profundidad media de 219 metros y una llega a 371. En esos registros, el nivel de agua aparece a una media de 44,2 metros. Son datos del subsuelo, muy por debajo de los cambios visibles en la superficie; no describen por sí mismos el origen ni la desecación de la antigua laguna.
La montaña donde se encuentra el yacimiento de El Molón, un lugar ocupado desde la Antigüedad.
El caserío creció al poniente del agua
El núcleo actual tiene origen bajomedieval. Los primeros testimonios fiables y el topónimo Camporrobles aparecen en el siglo XIV, cuando era un pequeño caserío ligado a dehesas y carrascales que pertenecían al Concejo de Requena. A mediados del siglo XVI alcanzó la categoría de aldea y contaba con 90 vecinos. En 1699 rondaba los 500 habitantes, y ya era uno de los principales núcleos de la comarca.
La vida del pueblo no se limitaba a cultivar. La abundancia de ganado lanar favoreció las manufacturas de lana: según Larruga, en 1740 funcionaban once telares, donde se tejían lienzos y se fabricaban cordellates, estameñas y albornoces. A la vez, aumentaba la presión por disponer de grano y de tierra. El Concejo de Requena parceló y sorteó entre los vecinos 567 almudes de la dehesa del Carrascal, unas 200 hectáreas.
En 1782 Camporrobles obtuvo la segregación de Requena y la delimitación de un término propio. Para entonces, el caserío se extendía al oeste de la laguna: empezaba junto al Pozo del Concejo y la calle del Sol, hoy Dos de Mayo, y terminaba en una ronda que corresponde a las actuales calles de Pelayo y Cervantes. El camino real de Requena a Cuenca entraba junto a la ermita de Santa Ana, hoy lavadero, y seguía por la calle de Santiago.
Los caminos llevaron el pueblo hacia fuera
En el siglo XIX, Camporrobles salió de aquel contorno compacto. A mediados de siglo había 368 casas en el municipio, además de siete diseminadas y veinte en La Loberuela. El núcleo se extendió hacia el noroeste siguiendo el camino de Mira y la calle de Santiago, y también por las actuales calles de San Isidro y García Berlanga, la plaza del Maestro Cañada y la calle de la Fuente. Al sur se formó la calle de la Tejería. Dos posadas atendían a quienes transitaban por la población.
A comienzos del siglo XX, la nueva carretera de Utiel a Mira atrajo crecimiento hacia el norte. Otra carretera, construida desde Camporrobles para las obras y el mantenimiento de la central hidroeléctrica de Víllora, inaugurada en 1913, abrió un eje hacia el oeste. El ferrocarril tardó más: las obras se habían detenido en Utiel en 1885 y la línea no enlazó con Cuenca hasta 1947.
La estación acabó transformando ese borde del pueblo en un nuevo centro de actividad. En las décadas de 1940 y 1950 aparecieron allí industrias y bodegas, entre ellas Bodega Miró, la Resinera y el Molino de Piensos. El paseo de la Estación —hoy avenida de la Purísima— se convirtió en eje de crecimiento; en 1952 se diseñó un plan de ensanche que ordenó buena parte de la expansión posterior. Al sur, la línea ferroviaria quedó como barrera para el crecimiento urbano.
La antigua laguna cambió de entorno
En la década de 1970, la antigua laguna se fue desecando. En su entorno se construyeron instalaciones deportivas. El cambio puso otro uso junto al lugar que había quedado al poniente del caserío histórico y que, en la memoria del poblamiento antiguo, se había relacionado de forma probable con el asentamiento de El Molón. El paisaje no se explica como una línea sencilla entre agua y pueblo: también entraron en juego las calles, las carreteras, el ferrocarril y las decisiones sobre el suelo.
Así se entiende el resultado que dejó esa transformación. El Molón conserva las huellas de un poblado ibérico y de una ocupación fortificada posterior; Camporrobles creció desde su núcleo junto a la laguna hasta extenderse hacia nuevos caminos y la estación. En el siglo XX, la desecación cambió el entorno de la antigua lámina de agua y llegaron las instalaciones deportivas. La laguna sigue siendo una pieza de la historia local: primero, en el paisaje que acompañó a sus pobladores; después, en la forma en que el pueblo reorganizó su alrededor.
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