Historia geológica Localidad Callosa de Segura

Callosa de Segura asentó en la falda caliza su primer gran poblado

En Laderas del Castillo, la primera gran huella de Callosa apareció en la falda de la sierra. ¿Qué hizo de ese encuentro entre roca y llanura el escenario de un poblado argárico?

La sierra de Callosa desciende hacia la población y la llanura; el paisaje reúne el relieve montañoso y las obras visibles en La Rambla.

La sierra de Callosa desciende hacia la población y la llanura; el paisaje reúne el relieve montañoso y las obras visibles en La Rambla.

Foto: Ximonic (Simo Räsänen), CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La falda de Laderas del Castillo guarda el rastro de un asentamiento de la Edad del Bronce. Desde allí, la Sierra de Callosa se alza sobre la llanura de la Vega Baja: un cambio brusco de relieve que todavía organiza el paisaje. Para seguir la historia, hay que mirar primero ese borde. No es solo el telón de fondo del poblado; es el lugar concreto donde empieza el relato de Callosa.

La caliza se encuentra con la huerta

La Sierra de Callosa forma parte de las zonas más meridionales del Sistema Bético. Es un macizo calizo, escarpado, cuyo punto más alto es el Pico del Águila, a 578 metros sobre el nivel del mar. A sus pies se extiende la llanura aluvial de la comarca. Si recorres la localidad, el contraste aparece sin necesidad de buscarlo: una sierra abrupta al oeste y, junto a ella, el núcleo urbano y la huerta.

La diferencia entre ambos paisajes también aparece en los datos del subsuelo. En el registro geotécnico municipal, las arenas finas y los limos representan el 98,06 % de los suelos consignados. Es un dato del estudio disponible, no una descripción de cada parcela. Pero ayuda a reconocer que la ladera de roca y los terrenos más finos de la zona llana no son una sola superficie uniforme.

Un sondeo identificado como El Ramblar de las Rocas llegó a 73 metros de profundidad; en ese punto, el agua se anotó a 24 metros. El dato pertenece a una perforación concreta, no a toda la sierra ni a cada casa de Callosa. Aun así, da escala al paisaje que pisas: bajo el terreno visible, el subsuelo continúa mucho más allá de lo que revela una caminata por la falda.

La roca caliza pertenece a las formaciones carbonatadas. El estudio geotécnico identifica en ellas karstificación: el agua puede abrirse paso por fracturas y agrandarlas, como una gota persistente que ensancha una grieta. También señala posibles hundimientos kársticos. No significa que cada hueco de la montaña sea una cavidad ni que ese proceso explique por sí solo el lugar elegido para vivir; sí añade una dimensión al relieve escarpado que rodea Callosa.

Laderas del Castillo convierte el borde en hogar

En ese paisaje se encuentra la primera evidencia de un poblamiento importante dentro del término municipal: el yacimiento de Laderas del Castillo. Está adscrito a la cultura argárica y a la Edad del Bronce, entre aproximadamente 1800 y 1200 antes de nuestra era. La historia humana de Callosa no comienza con una fecha escrita en un documento, sino con un lugar donde quedaron estructuras y materiales de una comunidad antigua.

La cultura argárica es conocida como una de las primeras civilizaciones metalúrgicas de la península ibérica. En Callosa, el yacimiento ha sido considerado de gran importancia por su extensión, su situación y los restos hallados. Es una manera prudente de leer la evidencia: el enclave destaca por lo que se encontró allí, aunque esos datos no permiten reconstruir cada jornada de quienes lo habitaron.

¿Qué aporta la geología a esa historia? No una explicación automática de las decisiones de sus habitantes, sino el mapa físico del emplazamiento. Laderas del Castillo forma parte del relieve asociado a la sierra, mientras que la población actual se asienta al pie de esta y junto a la llanura. La proximidad entre pendiente y terreno llano es visible; que esa condición determinara la elección argárica sería una deducción, no un hecho documentado.

La geología, por tanto, no suplanta a la arqueología: permite imaginar mejor el escenario en que esta trabaja. La caliza escarpada da forma a la sierra; los suelos finos aparecen en el registro geotécnico; el yacimiento, en la falda, conserva las huellas de un poblamiento antiguo. Son evidencias distintas, pero reunidas en un espacio reducido. Ahí está la fuerza del relato: una comunidad dejó su rastro precisamente en el paso entre dos paisajes.

Las excavaciones dieron al lugar una historia moderna propia. A comienzos del siglo XX lo excavó el jesuita Julio Furgús; en los años treinta volvió a investigarlo Josep Colomines, conservador del Museo Arqueológico de Barcelona. Parte de los objetos hallados se expone en el museo arqueológico local; otros se conservan en el Museo Arqueológico Provincial de Alicante y en el Museo de Arqueología de Cataluña, en Barcelona. La ladera se convirtió así también en un punto de partida para piezas que hoy pueden verse lejos de ella.

Estructuras de piedra en el cauce de La Rambla, en el paraje de La Pilarica, al pie de las laderas de la Sierra de Callosa.

Estructuras de piedra en el cauce de La Rambla, en el paraje de La Pilarica, al pie de las laderas de la Sierra de Callosa.

Foto: Ximonic (Simo Räsänen), CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Qalyusa deja una pista en el nombre

Mucho después del poblado argárico, la historia del lugar asoma en los registros medievales. Callosa aparece consignada geográficamente como Qalyusa en el siglo X, y la primera referencia escrita a la Callosa islámica se atribuye a una crónica del geógrafo andalusí Al-Udri, del siglo XI. La escritura ofrece una nueva clase de huella: ya no son estructuras y materiales excavados, sino un nombre ligado a un lugar reconocible.

¿Puede ese nombre guardar una memoria de la montaña? Una interpretación propone que Callosa deriva del árabe al-qal‘atu, «el castillo», y lawša, «roca». Es una explicación probable, no una certeza definitiva. Pero sugiere una lectura sugerente del paisaje: la fortaleza y la piedra aparecen juntas en la posible etimología, como si la forma del terreno hubiera dejado una marca también en la manera de nombrarlo.

La secuencia no autoriza a afirmar que el asentamiento argárico y la Callosa medieval fueran una misma comunidad sin interrupción. Sí permite seguir dos momentos distintos unidos por la geografía local: primero, un poblado de la Edad del Bronce en Laderas del Castillo; siglos más tarde, una población conocida como Qalyusa. Entre ambos, la sierra y la llanura siguieron siendo el marco físico del territorio.

La Pilarica muestra cómo el agua trabaja la montaña

Para ver de cerca la cara actual de ese relieve, el paraje natural municipal de La Pilarica ocupa la parte media-baja de la sierra. Recibió esa categoría en 2005 y ofrece rutas de senderismo con dificultades diversas. Algunas recorren paredes abruptas; otras conducen hacia el Pico del Águila o la Plana. Desde esos recorridos se abre una panorámica de la provincia de Alicante y de la vecina Región de Murcia.

En las imágenes de La Pilarica, la montaña aparece atravesada por estructuras de piedra asociadas al paso del agua por La Rambla. La escena reúne dos tiempos: el relieve calizo que sostiene la sierra y las obras visibles que ordenan un curso de agua. Es una relación material, no una prueba de que una avenida concreta haya marcado la historia del poblado antiguo. El paisaje actual, sin embargo, hace evidente que la ladera y el agua forman parte de una misma conversación.

La vegetación y la fauna también tienen lugar en este escenario. En la sierra se citan cabras silvestres, zorros, conejos y liebres, además de aves como el águila perdicera y el búho real. En la huerta de Callosa destacan los naranjos y limoneros, junto a cultivos de hortalizas. La montaña y la llanura no son solo formas del terreno: son los paisajes distintos que conviven a pocos pasos de la ciudad.

¿Qué queda, entonces, de la pregunta que abre esta historia? Un emplazamiento real entre la roca y la llanura, y un yacimiento que conserva la huella de un poblado argárico. Cuando vuelvas a mirar Laderas del Castillo desde Callosa, la sierra no será únicamente el límite del horizonte: también será la pendiente donde empezó a hacerse visible la larga historia humana del lugar.

Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Callosa de Segura

Arenas finas y limos 0–5 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE


Riesgo sísmico en Callosa de Segura

Moderado
Magnitud máxima registrada M 3.8 Escala de Richter
MáxM 3.8
MediaM 2.46
Máx Media
Eventos registrados
7
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 3.3) ocurre aprox. cada 30 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.8 2008
  • 2 M 3 2008
  • 3 M 2.9 2008
Último sismo registrado
2011
M 1.9 · hace 15 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).

Tipos de terreno en Callosa de Segura

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

    Ver ficha
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