Historia geológica Localidad Brazatortas

Brazatortas protegió con una fortificación romana la entrada al Valle de Alcudia

En Cruz de Mayo, bajo los vestigios de una fortificación, aparecieron herramientas y cerámicas de quienes vivieron aquí mucho antes de Roma. La posición del enclave, junto a la entrada del Valle de Alcudia, ayuda a entender por qué este relieve tuvo valor para comunidades de épocas distintas.

Brazatortas y el paisaje de valles y sierras que enmarca el acceso al Valle de Alcudia.

Brazatortas y el paisaje de valles y sierras que enmarca el acceso al Valle de Alcudia.

Foto: Javier martin / Wikimedia Commons / Public domain

Una fortificación romana se levantó sobre restos de ocupación mucho más antiguos en Cruz de Mayo, en Brazatortas. La estructura tenía una misión concreta: proteger la entrada al Valle de Alcudia. En ese punto, la historia militar no se explica solo por quienes construyeron el recinto, sino también por el paisaje que daba sentido a su ubicación.

Un valle que daba acceso

El relieve del municipio alterna sierras y valles. En la parte donde se encuentra la localidad, la sierra del Talaverano queda al norte del valle del río Ojailén; al sur se alza la sierra de Cabezarrubio. El Ojailén, precursor del Jándula, atraviesa esa franja y comparte el paisaje con humedales como la laguna de Retamar y el embalse de Carboneras. No es un terreno uniforme: las elevaciones y los pasos entre ellas organizan el territorio.

La fortificación de Cruz de Mayo fue destinada a defender la entrada al valle. Ese vínculo está documentado; atribuirle una estrategia más detallada —qué rutas controlaba o qué movimientos buscaba impedir— iría más allá de lo que permiten afirmar los datos disponibles. Aun así, la función declarada muestra que el relieve no era un simple telón de fondo: el acceso a un valle delimitado por sierras tenía importancia suficiente para justificar una posición militar.

Dehesa y pastos de Brazatortas, en el paisaje rural del Valle de Alcudia.

Dehesa y pastos de Brazatortas, en el paisaje rural del Valle de Alcudia.

Foto: Javier martin / Wikimedia Commons / Public domain

La escala del término municipal ayuda a situar ese contraste. El pueblo está a 729 metros sobre el nivel del mar, mientras que el valle del Tablillas desciende hasta los 630 metros y Peña Rodrigo alcanza los 1.267. Son cotas de distintas partes del municipio, no medidas del propio yacimiento. Pero expresan una característica esencial del entorno: entre valles y elevaciones, el paisaje ofrece pasos, bordes y corredores naturales. Para entender Cruz de Mayo hay que mirar esa geografía de conjunto, no aislar el cerro de su entorno.

Antes de Roma, otras vidas en Cruz de Mayo

La fortificación no inauguró la ocupación del lugar. Bajo ella se han identificado restos atribuidos a la Edad del Cobre: abundante industria lítica, cerámicas y otros enseres cuya antigüedad se cifra aproximadamente en cuatro mil años. Son objetos cotidianos en el sentido más amplio: huellas materiales de personas que vivieron y trabajaron en este territorio mucho antes de la presencia romana.

La superposición de vestigios cambia la lectura del enclave. No se trata únicamente de una construcción defensiva que aparece aislada en la historia local, sino de un lugar con evidencias de ocupación en momentos distintos. La información publicada no permite reconstruir cómo vivían las comunidades de la Edad del Cobre, cuánto tiempo permanecieron allí ni qué relación tuvieron con quienes llegaron después. Sí permite afirmar que la posición ya había sido ocupada y que la construcción romana se asentó sobre restos anteriores.

Entre esas huellas antiguas y la fortificación, Cruz de Mayo también figura como un yacimiento de la Edad del Hierro. Los hallazgos atribuidos a esa fase amplían la secuencia arqueológica del enclave. No deben confundirse automáticamente con los objetos de la Edad del Cobre ni con los materiales romanos: son referencias a etapas diferentes, y el valor del sitio reside precisamente en que reúne indicios de una historia prolongada.

Proyectiles que vuelven a poner el lugar en primer plano

Entre los hallazgos recientes se cuentan casi un centenar de proyectiles de plomo y piedra de origen romano. La Junta de Castilla-La Mancha anunció que serían expuestos en «Atempora Ciudad Real. Un legado de más de 3.500 años» y los vinculó al yacimiento de la Edad del Hierro de Cruz de Mayo. Su presencia añade una evidencia concreta a la interpretación militar del lugar: además de una fortificación, el enclave ha proporcionado objetos relacionados con la actividad armada.

Conviene no hacer decir a esos proyectiles más de lo que dicen. Por sí solos no identifican a los contendientes, no fechan una batalla concreta y no explican cómo se produjo un enfrentamiento. Su procedencia romana, junto con la atribución militar de la fortificación, hace que sean piezas relevantes para comprender el carácter del sitio, pero no basta para reconstruir una escena bélica específica.

La relación entre geografía e historia resulta más firme en otro punto: la fortificación se construyó para proteger la entrada al Valle de Alcudia, en un término donde las sierras y los valles estructuran el territorio. Es razonable entender que la configuración del relieve contribuyó a que ese acceso importara. Lo que no puede asegurarse con estas fuentes es la forma exacta en que se vigilaba o defendía, ni qué recursos concretos se pretendían proteger desde el recinto.

Un yacimiento que sigue abierto

Cruz de Mayo continúa siendo objeto de excavación. En diciembre de 2024 se informó del cierre de la quinta campaña de investigación, acompañada de una jornada de puertas abiertas para que el público visitara el enclave tras una charla. El Ayuntamiento anunció entonces la continuidad de las campañas y visitas periódicas, además del establecimiento de un mirador. La excavación no solo recupera objetos: permite poner en relación los restos con el lugar donde aparecieron y con las distintas fases de ocupación.

Los materiales recuperados tenían como destino previsto el Museo Provincial de Ciudad Real, aunque también se planteó la posibilidad de habilitar un espacio expositivo en Brazatortas. Esa divulgación acerca el yacimiento a los vecinos, pero la clave sigue estando en el propio emplazamiento: una altura asociada a la entrada de un valle, ocupada en épocas distintas y elegida para una función defensiva en tiempos romanos.

En Cruz de Mayo, las piezas de piedra y cerámica recuerdan que hubo vida antes de la fortificación; los proyectiles romanos, que el enclave tuvo una dimensión militar. Y el Valle de Alcudia, encajado entre sierras y atravesado por el Ojailén, permite comprender por qué ese acceso importó. El relieve que hoy contemplas fue también parte de la decisión de ocupar y defender este lugar.

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