Brazatortas guardó la puerta de su valle con una fortaleza romana sobre restos de hace 4.000 años
Los romanos levantaron un puesto militar en Brazatortas encima de los restos de gente que había llegado mucho antes, justo donde un valle de sierras viejas abre su puerta. La roca de ese valle, y lo que Roma quiso explotar en él, explican por qué aquel cerro valía una fortificación.
Dehesa con ganado en Brazatortas, en el Valle de Alcudia, con las sierras al fondo.
La jornada de puertas abiertas con la que terminó la quinta campaña de excavaciones en Cruz de Mayo reunió a un gran número de personas interesadas en la historia del enclave. Primero escucharon una charla; después visitaron un cerro que lleva años devolviendo lo que otros dejaron en él: cerámicas, útiles de piedra y casi un centenar de proyectiles de plomo y piedra de origen romano.
Un cerro habitado antes de que llegara Roma
Los primeros restos del yacimiento se remontan a la Edad del Cobre. Allí aparecieron grandes cantidades de industria lítica, es decir, útiles tallados en piedra, junto a cerámicas y otros enseres datados aproximadamente hace 4.000 años. Son los primeros vestigios de presencia humana que se conocen en Brazatortas.
Conviene una precisión sobre el calendario, porque las instituciones no emplean el mismo marco. El portal de Cultura de Castilla-La Mancha habla de Cruz de Mayo como un yacimiento de la Edad de Hierro, y la exposición que mostró sus hallazgos en el Museo de Ciudad Real se tituló «Atempora. Un legado de más de 3.500 años». Lo que las fuentes comparten es que el cerro acumula siglos de presencia humana.
Una puerta entre sierras
Para entender por qué ese cerro importaba hay que mirar el relieve. Brazatortas se asienta en el Valle de Alcudia, de orografía suave y altitud en torno a los 700 metros, con el río Tablillas en su parte central. Hacia el norte se alza la Sierra Norte de Alcudia, que en este sector llega a 988 metros en el pico Navalcaballo; hacia el sur, la Sierra Sur de Alcudia, con el Morro de Atalaya (1.174 m) y las Chorreras (1.096 m). El pueblo, a 729 metros sobre el nivel del mar, queda en esa franja baja, como el fondo de una artesa entre dos muros.
Un valle entre sierras funciona como un pasillo.
Ese relieve descansa sobre roca muy antigua. Los datos geotécnicos del municipio sitúan a las pizarras y esquistos como el material dominante, con un 76,09 %. Son rocas deformadas por presión y calor, restos de cordilleras desaparecidas: algo parecido a un libro de páginas finas que hubiera pasado por una prensa caliente. Wikipedia describe un relieve marcado por la alternancia de sierras y valles, «modelados de manera desigual a lo largo del tiempo».
El nombre del pueblo guarda el mismo paisaje. Según la explicación que recoge Wikipedia, Brazatortas es un hidrónimo, un nombre nacido de un río, que llegó del norte con la repoblación medieval. «Braza» sería una palabra prerromana que significaría «valle de río» o «vega amplia», referida al Ojailén, y «tortas» vendría del latín «tortus», torcido, por las curvas o meandros del valle. Un meandro es la curva que dibuja un río cuando avanza despacio por terreno llano, como una serpiente perezosa.
Brazatortas vista desde el campo, con bloques de roca en primer término y lomas al fondo.
Roma sube al cerro
Encima de aquellos restos, los conquistadores romanos edificaron una fortificación de carácter militar. Su misión era proteger la entrada al valle de Alcudia. Es probable que la posición del cerro importara tanto como la propia obra: quien ocupa la entrada de un pasillo entre sierras vigila el paso.
La geología ayuda a entender qué había al otro lado de esa puerta. Rincón Calero destacó la relación del proyecto de Cruz de Mayo con la geología y la historia del Valle de Alcudia, y recordó cómo los recursos naturales y las actividades mineras marcaron el desarrollo del territorio desde épocas romanas. «Conocer lugares como éste ayuda a entender el interés de los romanos en conquistar y explotar estas tierras», explicó.
No hay registro directo de qué recurso concreto protegía el cerro, pero la cadena es coherente: un valle de rocas antiguas, con tierras que Roma quiso conquistar y explotar, y una entrada que convenía guardar.
Casi cien proyectiles de plomo y piedra
La fortificación dejó rastro material. En el yacimiento aparecieron casi un centenar de proyectiles de plomo y piedra de origen romano; la prensa informó de 89 de plomo. Son objetos hechos para lanzarse, la huella más directa de aquel puesto militar. A comienzos de marzo de 2024 se sumaron a la exposición «Atempora» del Museo de Ciudad Real.
La viceconsejera de Cultura, Carmen Teresa Olmedo, el alcalde, Pablo Toledano, y el director de las excavaciones, Alfonso Monsalve, visitaron el museo para ver los nuevos elementos. En la visita se destacó que las excavaciones se han llevado a cabo «gracias al esfuerzo de todo un pueblo».
Un camino que no se ha cerrado
Cruz de Mayo no es el único testimonio de los viajes por el valle. El término conserva la calzada romana del río Tablillas, antiguas ventas del Camino Real y un embarco de ganado que evoca su pasado trashumante. Después llegó la línea férrea de vía estrecha, un hecho que, junto con la emancipación de Almodóvar del Campo en 1867, marcó el destino de la localidad; a mediados del siglo XX, el impulso del ferrocarril llevó a construir la parroquia de la Divina Pastora en La Estación. La carretera N-420 sigue salvando las sierras por los puertos de Niefla (919 m) y Pulido (857 m).
El futuro del yacimiento ya tiene calendario. El Ayuntamiento ha anunciado la continuidad de las campañas, y el alcalde, Pablo Toledano, anunció visitas cada mes. Los materiales recuperados irán, en principio, al Museo Provincial de Ciudad Real, aunque cabe la posibilidad de habilitar un espacio expositivo en Brazatortas. El consistorio trabaja además en un espacio museístico con salas de exposición y conferencias y un laboratorio arqueológico, de 1.200 metros cuadrados y 1,8 millones de euros de presupuesto.
Los romanos plantaron una fortificación sobre los útiles de piedra de gente que llegó antes, a la entrada de un valle entre sierras antiguas. Cuatro milenios después, Brazatortas vuelve a ese cerro con palas, charlas y vecinos curiosos para leer en él cómo se guardaba un paso.
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