Brazatortas defendió la entrada al Valle de Alcudia desde el Cerro de la Cruz
En lo alto del Cerro de la Cruz han aparecido una torre y un muro junto a vestigios de ocupaciones de distintas épocas. Su posición ayuda a entender por qué este alto y el relieve que conduce al Valle de Alcudia fueron importantes para quienes lo habitaron y defendieron.
Brazatorta, Valle de Alcudia, Spain
En el Cerro de la Cruz, una torre de la Edad del Hierro conserva todavía 1,30 metros de altura y un muro de un metro de espesor separa dos espacios. No es una reconstrucción: son estructuras identificadas en dos sondeos arqueológicos. El cerro se encuentra en Brazatortas, en la entrada del Valle de Alcudia, y su posición enlaza la historia excavada con un hecho decisivo del paisaje: aquí, el terreno organiza el paso entre valles y sierras.
Un alto sobre la entrada del valle
El término de Brazatortas no es una llanura uniforme. En el sector donde está el núcleo, las sierras del Talaverano y de Cabezarrubio enmarcan el valle del Ojailén; más al sur se extiende el Valle de Alcudia, atravesado por el río Tablillas y rodeado de elevaciones. Son formas del relieve que hacen que los recorridos se concentren en determinados pasos y que algunos puntos altos tengan una posición ventajosa para observarlos.
Eso es lo que vuelve significativo el Cerro de la Cruz. La información municipal sobre el yacimiento recoge que el proyecto arqueológico relaciona los recursos naturales y la historia del Valle de Alcudia con las actividades mineras desarrolladas desde época romana. Y la síntesis histórica de Brazatortas atribuye a una fortificación romana levantada sobre restos anteriores la misión de proteger la entrada al valle. La relación entre el lugar y su función no depende de imaginar una batalla concreta: la ubicación del cerro y el propósito defensivo que recoge esa fuente apuntan al control de un acceso.
El relieve no explica por sí solo quién construyó cada estructura ni en qué circunstancias. Sí permite comprender por qué un punto elevado en esta posición pudo tener interés estratégico. El paisaje era parte de la lógica del asentamiento: condicionaba la visibilidad y el paso hacia el interior del valle.
Ocupaciones distintas, no una sola capa de historia
Las primeras huellas citadas en el yacimiento se remontan a la Edad del Cobre. Allí se hallaron abundantes piezas de industria lítica —objetos elaborados en piedra—, cerámicas y otros enseres cuya antigüedad se cifra aproximadamente en 4.000 años. Es una presencia muy anterior a la construcción defensiva que la fuente local atribuye a los romanos.
Pero la excavación reciente ha añadido una etapa que conviene distinguir. En la cima se identificaron estructuras y materiales adscritos a la Edad del Hierro: entre ellos, la torre, el muro y miles de restos arqueológicos. Hay cerámica hecha a mano y a torno, metales —cobre, bronce, hierro y plomo—, huesos de animales y herramientas de piedra. Esta variedad señala actividades y usos diversos, aunque por sí sola no permite asignar una función concreta a cada objeto ni reconstruir la vida cotidiana completa de quienes ocuparon el cerro.
La secuencia importa. Los restos de la Edad del Cobre, las estructuras atribuidas a la Edad del Hierro y la fortificación romana mencionada en la síntesis histórica no deben fundirse en un único episodio. En 2024, la Junta de Castilla-La Mancha informó también del hallazgo en Cruz de Mayo de casi un centenar de proyectiles de plomo y piedra de origen romano. La noticia los sitúa en un yacimiento de la Edad del Hierro; su presencia romana amplía la historia del lugar, pero no convierte automáticamente en romana la torre identificada en los sondeos.
Ese matiz vuelve más interesante el cerro. No fue una escena congelada en un solo momento, sino un punto con evidencias de ocupaciones diferentes. La forma visible del terreno permaneció como referencia, mientras cambiaban las comunidades, los materiales y las funciones que pueden documentarse.
Lo que puede decir un muro
En arqueología, una estructura aporta información no solo por su aspecto, sino por su posición y por su relación con los materiales recuperados. En Cruz de Mayo, los dos sondeos realizados en la cima permitieron reconocer una torre y un muro que divide dos ámbitos. La excavación ofrece datos concretos, pero todavía no autoriza a contar escenas que no estén documentadas: no sabemos a partir de estos fragmentos quién vigilaba desde la torre ni qué ocurrió en cada espacio.
Lo que sí consta es que el yacimiento continúa siendo objeto de investigación. La campaña que precedió a la jornada de puertas abiertas anunciada por el Ayuntamiento fue la quinta; además, el municipio comunicó que las excavaciones seguirían y que se organizarían visitas periódicas. Los materiales recuperados tenían como destino previsto el Museo Provincial de Ciudad Real, aunque también se planteó la posibilidad de habilitar un espacio expositivo en Brazatortas.
Las piezas ayudan a identificar épocas y actividades; el emplazamiento las sitúa en el mapa. La arqueología y el paisaje se completan sin confundirse: los objetos cuentan qué se ha encontrado, y la posición del cerro ofrece una explicación plausible de por qué aquel lugar podía ser útil para controlar la entrada al valle.
El terreno como parte de la explicación
La geología de Brazatortas se expresa en una sucesión de sierras, valles y cursos de agua. El río Ojailén y el Tablillas pertenecen a paisajes distintos dentro del mismo término, y el Valle de Alcudia abre una zona de relieve más suave entre alineaciones montañosas. No hace falta atribuir a una roca determinada la construcción de la torre: las fuentes disponibles no establecen ese vínculo material. La relación demostrable aquí es topográfica, entre un alto concreto, un acceso al valle y una función defensiva atribuida a la fortificación romana.
El paisaje también ha guiado desplazamientos posteriores. La calzada romana junto al río Tablillas, las antiguas ventas del Camino Real y el embarcadero de ganado mencionados entre los elementos patrimoniales de Brazatortas recuerdan que este territorio ha sido recorrido por viajeros y pastores. Son huellas de otras épocas y no pruebas directas sobre Cruz de Mayo, pero ayudan a entender que los pasos y corredores del relieve siguieron importando mucho después de las primeras ocupaciones del cerro.
En Cruz de Mayo, la cima conserva una estructura de la Edad del Hierro y el lugar guarda indicios de una historia más extensa, desde la Edad del Cobre hasta la presencia romana. Mirado desde el valle, el cerro deja de ser solo una elevación: es un punto del relieve donde la posición convirtió el paisaje de Brazatortas en parte de la defensa.
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