Historia geológica Localidad Benifairó de la Valldigna

Benifairó, la tierra cambia de manos

Bajo la Serra de les Agulles, Benifairó cuenta una historia escrita en sus tierras: de alquería a señorío monástico, de la caña y la seda al naranjo. El subsuelo aporta otra escala a ese paisaje, con rocas y sedimentos que acompañan la historia sin dictar las decisiones de quienes lo trabajaron.

Vista aérea de la Valldigna, con Benifairó y el monasterio de Santa María de la Valldigna entre parcelas agrícolas. El territorio reúne el paisaje en el que se desarrolló la historia de las tierras del municipio.

Vista aérea de la Valldigna, con Benifairó y el monasterio de Santa María de la Valldigna entre parcelas agrícolas. El territorio reúne el paisaje en el que se desarrolló la historia de las tierras del municipio.

Foto: Vicenç Salvador Torres Guerola, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

Desde la Valldigna, Benifairó se reconoce entre campos y montañas. Pero la tierra que hoy asociamos a los cítricos tuvo otros dueños y otros cultivos. Durante siglos, sus parcelas quedaron ligadas al poder del monasterio de Santa María de la Valldigna; quienes vivían de ellas atravesaron cambios de señorío, repartos y crisis económicas. La historia no consiste en una sola cosecha: es una sucesión de cambios sobre el mismo territorio.

En el término municipal, la geología ofrece un segundo recorrido. Las clasificaciones geotécnicas registran calizas, dolomías y mármoles, además de gravas y arenas compactas y otros materiales. Esa información describe el municipio a escala general; no permite adjudicar una roca concreta a cada campo, muro o ruina. Sí ayuda a imaginar que el terreno bajo Benifairó no es una superficie uniforme, aunque la historia de su agricultura y de su propiedad no pueda deducirse de esa clasificación.

La Valldigna, una tierra que cambia de manos

En 1249, Benifairó aparece en la historia escrita como una antigua alquería árabe. Jaime I la donó primero a Doménech de Teylla, el 11 de mayo, y después a Ferrer Matoses, el 19 de julio del mismo año. En pocas semanas, el lugar quedó unido a dos concesiones. El topónimo antiguo también aparece con varias formas: Beniayroy, Beniayro, Beniargon y Benihayron. La comunidad y el paisaje permanecían; el marco de autoridad, en cambio, podía transformarse.

Tras pasar por la Corona y por la emperatriz Constanza, Benifairó llegó a una nueva etapa en 1298. Jaime II otorgó la alquería a la fundación del Real Monasterio de Santa María de la Valldigna. El monasterio fue señor del lugar hasta el siglo XIX. La Valldigna, por tanto, no era solo el nombre de un territorio compartido: también era el espacio donde una institución ejercía durante generaciones su dominio sobre las tierras y sobre las condiciones de su aprovechamiento.

Mariñén: capas de ocupación en el mismo lugar

El pasado de Benifairó no empieza con las donaciones medievales. En las ruinas del castillo de Mariñén, bajo construcciones de época medieval, se conservan restos de un poblado de la Edad del Bronce. Las dos ocupaciones no son contemporáneas: una quedó debajo de la otra, y esa superposición convierte el paraje en una huella material de distintas etapas humanas. El castillo conserva, entre sus vestigios principales, la Puerta de el Albacar y la Torre del Homenaje.

En el mismo conjunto se han encontrado monedas romanas y un pequeño tesoro de monedas de Jaime I. Son objetos de épocas distintas, no pruebas de que todas esas comunidades compartieran un mismo momento. Leídas junto a los restos del poblado y las construcciones medievales, recuerdan que el territorio ha tenido sucesivas presencias humanas. La leyenda local relaciona una ventana del castillo con la reina mora que, según se cuenta, se precipitó desde allí; la leyenda forma parte de la memoria del lugar, mientras que los restos arqueológicos son las huellas materiales que permanecen.

También el subsuelo municipal guarda una historia de materiales diferentes. El estudio geotécnico clasifica el 58,59 % como calizas, dolomías y mármoles; el 21,13 % corresponde a gravas y arenas compactas. Registra asimismo arenas finas y limos, arcillas y margas sobreconsolidadas y arcillas expansivas blandas. Son categorías del conjunto municipal, no una identificación directa del material del castillo. En las formaciones carbonatadas, la karstificación se describe como poca o casi nula, aunque puede existir algún sistema aislado.

La profundidad también cambia la escala de la mirada. El cuadro de sondeos asociado al estudio reúne cuatro perforaciones: su profundidad media es de 78,8 metros y la mayor alcanza 137 metros; el nivel de agua medio registrado es de 47 metros. Esos datos proceden de exploraciones puntuales, pero muestran que bajo el paisaje visible hay un espesor considerable de materiales distintos. El mismo estudio señala áreas con movimientos actuales o potenciales, de tipo deslizamiento o desprendimiento. No se trata de una crónica de un episodio concreto, sino de procesos que forman parte del terreno municipal.

Benifairó de la Valldigna al pie de la Serra de les Agulles. La vista sitúa el pueblo y las laderas en el paisaje que enmarca el recorrido histórico.

Benifairó de la Valldigna al pie de la Serra de les Agulles. La vista sitúa el pueblo y las laderas en el paisaje que enmarca el recorrido histórico.

Foto: Vicenç Salvador Torres Guerola, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

La carta puebla abre una nueva etapa

En 1336, la carta puebla cedió las tierras de la Valldigna en enfiteusis. La fórmula aparece de nuevo en la historia del municipio porque la relación entre la comunidad y el suelo se fue organizando mediante concesiones. No es necesario convertir esa relación en una imagen de estabilidad: las condiciones políticas podían cambiar, y también lo que se cultivaba. En el siglo XV, la economía de la Valldigna tenía entre sus actividades principales la caña de azúcar, la artesanía textil, la seda y la ganadería.

La producción no se limitaba al consumo local: se registran exportaciones a Castilla, Granada y Berbería. La caña y la seda colocaban la agricultura y los oficios asociados en el centro de la riqueza de Benifairó. El sustrato de la comarca seguía siendo el soporte físico de esa vida, pero las fuentes no atribuyen esos cultivos a una roca particular ni a un tipo concreto de suelo. Lo que sí dejan ver es que el uso de la tierra dependía también de decisiones económicas y de las formas de autoridad que ordenaban su acceso.

La disputa por el poder tuvo momentos de coerción que no pueden reducirse a una cuestión agrícola. En 1519, durante las Germanías, los moriscos de Benifairó fueron bautizados de diez en diez ante la fuerza armada, en la capilla de la Virgen de Gracia del monasterio. El episodio muestra hasta qué punto la vida local estaba sometida a poderes que no se limitaban a gestionar parcelas. La capilla y el monasterio permanecen en el relato como lugares concretos de aquella presión.

En 1609, las parcelas vuelven a repartirse

La expulsión de la población morisca alteró de nuevo la sociedad de Benifairó. La carta puebla de 1609 refleja que el monasterio reforzó sus derechos señoriales y que las tierras se repartieron otra vez en lotes de tres hectáreas, concedidos en enfiteusis. El reparto es una medida concreta dentro de una transformación más amplia: cambió quiénes podían ocupar y trabajar las parcelas, mientras el monasterio consolidaba su posición como señor del lugar.

Durante los siglos XVII y XVIII, la comunidad campesina aparece descrita como relativamente homogénea y, en su mayor parte, empobrecida. La tierra siguió siendo el eje de la economía, pero no garantizaba prosperidad para quienes dependían de ella. Al mismo tiempo, el territorio registraba transformaciones políticas que acabarían por debilitar el dominio monástico. El campo no dejó de trabajarse; lo que cambió fue el marco de poder bajo el que se organizaba esa vida rural.

La ruptura llegó en el siglo XIX, cuando la abolición del régimen señorial y la desamortización eclesiástica acabaron con el dominio del monasterio. Así terminó una relación de siglos entre la institución y Benifairó. No desaparecieron las parcelas ni la necesidad de vivir de la agricultura, pero el señorío que las había gobernado dejó de ser el centro de la organización local. Ese es el desenlace de la larga disputa por quién controlaba la tierra.

De la seda al naranjo

La propiedad cambió y también lo hizo la economía. La sericultura, que había sostenido durante siglos una parte importante de la riqueza local, entró en crisis en el siglo XIX. Desde el siglo XX, la agricultura de Benifairó se basó en el cultivo del naranjo; en la actualidad, los cítricos siguen siendo su actividad agraria principal. No fue un cambio geológico: fue una transformación económica que volvió a colocar el trabajo agrícola en el centro de la vida local, ahora con otro cultivo.

También hay una continuidad menos visible. Las tierras siguen ocupando el valle, entre los materiales diversos registrados bajo el término y las laderas donde el estudio geotécnico señala movimientos actuales o potenciales. Ningún sondeo explica por sí solo el paso de la seda a la naranja, ni la roca decide quién gobierna una parcela. Pero las cifras y las capas recuerdan que la historia se desarrolló sobre un territorio físico concreto, con una superficie aprovechada y un subsuelo que se prolonga muy por debajo de ella.

En Mariñén, las ruinas medievales cubren vestigios de la Edad del Bronce; en los campos, generaciones distintas han trabajado una tierra cuyo control pasó por manos diferentes. Hoy el naranjo ocupa el lugar que dejaron atrás la caña y la seda. La Valldigna sigue reuniendo, en un mismo paisaje, la memoria de esos cambios y el terreno que los sostuvo.

Tipos de terreno en Benifairó de la Valldigna

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)
    Advertencia

    Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras)

    Suelos cohesivos de tacto duro, a veces con apariencia de roca al estar secos (margas grises, facies pre-pirenaicas, cuenca guadalquivir profunda). Tienen un largo historial de compresión geológica en

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  • Arcillas Expansivas Blancas/Blandas
    Peligro

    Arcillas Expansivas Blancas/Blandas

    Las grandes reinas de la patología en edificación civil de España. Se presentan frecuentemente en las tierras de barros cordobesas y badajoz, vegas del Guadalquivir (Mairena, Carmona), cuenca miocena

    Ver ficha

Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Benifairó de la Valldigna

Arenas finas y limos 0–5 m
Gravas y Arenas compactas 5–11 m
Arcillas Expansivas Blancas/Blandas 11–19 m
Arcillas y Margas sobreconsolidadas (Duras) 19–29 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 29–49 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE

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