Historia geológica Localidad Beniarrés

Beniarrés, la ladera en escalones

Cuando decayó la seda, los vecinos de Beniarrés reforzaron el cultivo del olivo construyendo grandes bancales de piedra en las laderas. El cambio dejó una historia de trabajo sobre un paisaje cuyo sustrato, en buena parte, está formado por rocas carbonatadas.

Beniarrés y Benialfaquí en una panorámica del relieve que enmarca la Vall de Perpuchent.

Beniarrés y Benialfaquí en una panorámica del relieve que enmarca la Vall de Perpuchent.

Foto: Joanbanjo, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Beniarrés, las laderas cuentan una transformación hecha a mano: donde la pendiente marcaba el terreno, los bancales abrieron superficies escalonadas para el olivo. No aparecieron de golpe ni por una sola causa. La economía local cambió, y sus habitantes ajustaron la manera de cultivar. Para entender ese recorrido hay que mirar primero el valle que rodea el pueblo, retroceder hasta sus huellas más antiguas y regresar después a las piedras que modificaron sus vertientes.

La Cova de l’Or abre la historia

La Cova de l’Or sitúa a Beniarrés en el V milenio antes de nuestra era. Es el testimonio más antiguo de población conocido en el municipio y está considerada uno de los yacimientos neolíticos más importantes de la Comunidad Valenciana. La cueva no solo guarda objetos: desde su entrada se contemplan la sierra del Benicadell, la sierra de Mariola, el barranco de l’Encantada y el embalse. El paisaje que hoy se recorre reúne, así, lugares y huellas de épocas muy distintas.

El yacimiento fue descubierto por Rafael Pardo Ballester. Entre los hallazgos figuran cucharas de hueso trabajado, adornos, útiles de piedra pulida, cereales carbonizados, restos de animales domésticos y cerámicas neolíticas. La datación por carbono 14 de algunos objetos los sitúa en el 4670 a. C. Son piezas concretas, no una escena reconstruida: bastan para mostrar que el entorno de Beniarrés ya formaba parte de la vida humana hace más de seis milenios.

La colina y la torre de 1259

Mucho después, la historia escrita aparece en otra altura. Beniarrés está asentado en una pequeña colina, a la entrada de la Vall de Perpuchent. Un documento del 5 de abril de 1259 menciona una torre defensiva y unas pocas casas a su alrededor. El núcleo no se extendía como una ciudad amplia: la torre y las viviendas componían un asentamiento reducido, ligado al control del territorio.

En 1273, Teresa Gil de Vidaura vendió la alquería de Beniraehç a Ramón de Riusec, señor de Perpuchent. Dos años más tarde, el 25 de abril de 1275, se concedió una Carta Puebla a diez moradores cristianos. Son fechas de decisiones y cambios de autoridad; también permiten seguir cómo un lugar de larga presencia humana se convirtió en una comunidad documentada. La colina siguió siendo el escenario donde se asentaba el pueblo, mientras la vida cotidiana dependía de los recursos y las condiciones del valle.

Rocas bajo un relieve trabajado

El terreno municipal tiene una base geológica reconocible. El estudio geotécnico de Beniarrés agrupa el 83,86 % de sus categorías de suelo bajo «Calizas, Dolomías y Mármoles». Son materiales de formaciones carbonatadas; el estudio también distingue sectores con grados diferentes de karstificación, desde poco o casi nada karstificados hasta medianamente karstificados. La karstificación describe cambios en rocas carbonatadas que pueden generar formas y huecos.

Esta clasificación habla del término municipal, no identifica por sí sola la roca de cada muro o cada bancal. Sí pone nombre al sustrato que domina la comarca: calizas, dolomías y mármoles. En el mismo registro se contemplan movimientos de ladera y desprendimientos actuales o potenciales, además de posibles hundimientos kársticos. Son procesos asociados a un relieve de pendientes y a un sustrato variable; no una explicación automática de cada obra humana. Sobre ese escenario, las terrazas agrícolas dejaron una forma visible de intervención.

El embalse cambia la escala del valle

Hoy, desde la entrada de la Cova de l’Or, la mirada alcanza también el pantano de Beniarrés. La presa, de 53 metros de altura, almacena agua del Serpis y tiene como objetivo principal el riego. El embalse ocupa 260 hectáreas y puede contener hasta 31 hectómetros cúbicos. Esa lámina de agua, tan integrada en la vista actual, pertenece a una transformación mucho más reciente que la cueva y la colina.

La presa de Beniarrés junto al embalse, una obra que transformó el valle durante el siglo XX.

La presa de Beniarrés junto al embalse, una obra que transformó el valle durante el siglo XX.

Foto: Joanbanjo, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

La construcción del pantano tuvo un gran impacto en Beniarrés durante los años centrales del siglo XX y atrajo a familias de otros lugares que se instalaron en la localidad. Para comprender cómo cambió el paisaje humano, conviene volver a la ladera anterior al embalse: en el siglo XIX, el olivar y los bancales habían dado ya una respuesta propia a los cambios económicos y al trabajo sobre la pendiente.

Del gusano de seda a los bancales de olivo

Durante siglos, los cultivos del término combinaron trigo, uva, aceitunas, almendras y hojas de morera. Estas últimas sostenían una floreciente industria de la seda, que continuó hasta el siglo XIX. Pero aquella economía perdió fuerza. Con la decadencia de la seda, los vecinos potenciaron el cultivo del olivo y construyeron enormes terrazas de piedra en las laderas de las montañas.

El cambio no fue únicamente sustituir un producto por otro. Construir bancales significaba transformar la forma de cultivar una pendiente: las piedras trazaban escalones y habilitaban superficies para el olivar. La fuente municipal destaca la calidad del aceite de Beniarrés, que llegó a alcanzar gran fama. La ladera pasó a expresar una decisión económica colectiva, materializada en piedra y vinculada al cultivo que los vecinos querían reforzar.

El terreno, sin embargo, nunca fue un soporte abstracto. La historia municipal recuerda los problemas derivados de la climatología y el predominio de tierras de secano. El río Serpis atraviesa la Vall de Perpuchent y favorece la agricultura, pero las terrazas se levantaron en las laderas, no como una obra del río. Así se distinguen dos piezas del paisaje local: el valle recorrido por el Serpis y las vertientes trabajadas para ampliar el olivar.

El tren y una nueva vida junto al agua

Al final del siglo XIX llegaron otras señales de cambio. El ferrocarril Alcoy-Gandía se construyó en 1892 y llegó a Beniarrés en 1893, mejorando las comunicaciones. También la electricidad y el telégrafo acompañaron el impulso hacia la modernidad. Para una localidad cuya economía había dependido en gran medida de los cultivos, esos cambios abrieron un horizonte más amplio que el trabajo agrícola, sin borrar la huella de los bancales.

Después, el pantano volvió a alterar el equilibrio. Su construcción atrajo nuevos residentes; con el tiempo, la agricultura, aunque siguió siendo importante, pasó a un segundo lugar y los habitantes buscaron otros medios de vida. No desapareció el pasado del olivar: quedó unido a la historia de las terrazas y al aceite que dio fama al pueblo. Pero Beniarrés ya no se definía solo por el cultivo de sus laderas.

La Cova de l’Or, la colina de la torre, las vertientes escalonadas y el embalse no pertenecen a un mismo momento. Juntos muestran cómo el lugar fue habitado, cultivado y transformado. El desenlace de la historia de los bancales no fue el regreso a la seda, sino el paso del olivar a un paisaje local más diverso, donde la agricultura compartió protagonismo con nuevas formas de vida. En Beniarrés, las piedras de la ladera siguen contando aquella respuesta humana al cambio.

Tipos de terreno en Beniarrés

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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