Bellvís, dos texturas bajo tierra
El estudio geotécnico de Bellvís distingue gravas y arenas compactas de un conjunto de areniscas, conglomerados y flysch. Ese contraste ofrece una pista para leer el terreno bajo la localidad y entender por qué el agua y la expansividad se describen con matices.
La creu de terme de Bellvís, fotografiada por Josep Salvany i Blanch en 1922, aparece junto a las construcciones del pueblo.
En Bellvís, el subsuelo no se deja resumir en una sola roca. El estudio geotécnico distingue dos grandes grupos: gravas y arenas compactas, por un lado; areniscas, conglomerados y flysch, por otro. La tabla asigna al primero el 62,50 % y al segundo el 37,50 %. Es el retrato de una composición diversa, no una descripción idéntica de cada parcela.
Dos familias en la tabla de Bellvís
El calificativo «compactas» acompaña a gravas y arenas en el resumen. Reunidas en una categoría, constituyen el grupo mayoritario. Frente al 37,50 % de areniscas, conglomerados y flysch, la diferencia es de 25 puntos porcentuales. En otras palabras, el cuadro dibuja una mayoría granular compacta y una segunda familia que combina tres nombres de materiales.
Una arenisca, un conglomerado y un flysch no son sinónimos; aquí el estudio los reúne en una sola familia estadística. Con las gravas y arenas compactas forman las dos grandes familias del resumen. Así, el porcentaje mayoritario no borra la presencia de la segunda categoría: casi dos quintas partes del cuadro corresponden a ella.
Una permeabilidad baja, con excepciones
El resumen geotécnico asigna a la permeabilidad la clase 9 y la litología D-2. Su descripción caracteriza las formaciones como generalmente impermeables o de permeabilidad muy baja. La misma ficha señala una posibilidad importante: pueden albergar acuíferos superficiales cuando la alteración o la fisuración abre vías en el material.
Según esa descripción, esos acuíferos suelen ser poco extensos y de baja productividad, aunque pueden tener interés local. La idea no es contradictoria: una formación puede dejar pasar poca agua en conjunto y, a la vez, permitir circulación o acumulación somera allí donde se altera o se fractura. El comportamiento descrito es general; no fija el caudal de un punto concreto.
El pedró junto a un camino de Bellvís, en una fotografía de Josep Salvany i Blanch de 1922.
La expansividad tiene dos escenarios
En la tabla de expansividad aparecen dos situaciones. Una se describe como «sustrato no arcilloso», con peligrosidad 0. La otra contempla arcillas expansivas subordinadas o emplazadas en zonas climáticas sin déficit anual de humedad; su peligrosidad se clasifica como 2, de riesgo bajo a moderado. Son categorías diferentes, no una etiqueta única para todo el terreno.
El contraste no es una etiqueta única: la tabla separa el sustrato no arcilloso, con peligrosidad 0, de la presencia subordinada de arcillas expansivas en las condiciones climáticas indicadas, clasificada con peligrosidad 2. En esta última situación, el propio resumen califica el riesgo como bajo a moderado. Así, la expansividad aparece como una condición acotada dentro del retrato geotécnico.
Bellvís queda retratado, entonces, por una mayoría de gravas y arenas compactas junto a una segunda familia de rocas, con un comportamiento del agua generalmente poco permeable y excepciones vinculadas a fracturas o alteración. Es una lectura del subsuelo a escala de clasificación: el terreno no cabe en una sola palabra, ni en una respuesta idéntica para cada lugar.
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