Barajas de Melo hizo del Calvache una ribera de veintidós molinos y batanes
La ribera del Calvache llegó a dar vida a veintidós molinos y batanes, de los que hoy se conservan tres. El agua que trabajó en Barajas de Melo también dejó una huella en el relieve que permite entender aquel paisaje de actividad.
La plaza y el Ayuntamiento de Barajas de Melo, cuyo núcleo histórico se asienta en la vega del Calvache, a las faldas del cerro de la Iruela.
Los tres molinos y batanes que se conservan en Barajas de Melo son los supervivientes de una ribera que el Ayuntamiento describe como el antiguo «centro industrial» de la localidad. Hasta veintidós instalaciones recibieron vida del Calvache. La cifra cambia la forma de mirar un río cuyo nacimiento, Donace, figura hoy entre los lugares destacados del municipio por la conservación de su ribera.
Antes de ser un paisaje para recorrer, aquel cauce fue un lugar de trabajo. Y su relación con el pueblo no termina en las construcciones: Barajas se asienta en la vega del Calvache, sobre las faldas del cerro de la Iruela. Agua, valle y emplazamiento urbano forman parte de una misma relación territorial.
¿Por qué el trabajo se concentró junto al Calvache?
El antiguo centro industrial de Barajas no estaba definido por una plaza o una calle, sino por una ribera. La descripción municipal sitúa allí los molinos y batanes y atribuye expresamente al Calvache la vida de aquellas instalaciones. El río no era un acompañamiento: era el elemento que vinculaba los lugares de trabajo.
Si miras el pueblo desde esa relación, la vega deja de ser únicamente el terreno que se extiende al pie de las casas. Es el espacio donde coincidían el asentamiento y el curso de agua. La localidad ocupa las faldas de la Iruela; la actividad descrita por el Ayuntamiento seguía la ribera. Esa diferencia entre ladera y cauce permite distinguir dos partes complementarias del paisaje barajeño.
La fuerza de aquella relación se mide en instalaciones.
La expresión «hasta veintidós» comprende molinos y batanes conjuntamente. No conviene convertirla en veintidós molinos ni imaginar que todos funcionaron al mismo tiempo. Lo que sí transmite el recuento municipal es la importancia alcanzada por la actividad ribereña: el Calvache sostuvo algo más que una construcción aislada.
El curso de agua también conecta escalas distintas. Donace es su nacimiento; el Calvache atraviesa el término de Barajas de Melo y es afluente del Tajo. El municipio, por su parte, se extiende desde la sierra de Altomira hasta ese río. La ribera de los molinos pertenece, por tanto, a un territorio más amplio que el casco urbano.
El agua también trabajó sin edificios
Puerta Paredes tiene otro autor: la erosión hídrica. Wikipedia sitúa este lugar a pocos metros de Donace y lo describe como una obra del desgaste producido por el agua. Cerca del nacimiento del río aparece así una huella del mismo agente que dio vida a las instalaciones de la ribera, aunque aquí su acción no dependiera de una construcción humana.
La erosión hídrica es el desgaste del terreno por el agua. Puedes entenderla como un trabajo de retirada de material, no como la colocación de piezas: el relieve adquiere su forma porque una parte se pierde. En Puerta Paredes, esa acción está identificada expresamente; no es necesario imaginar cómo era antes el lugar para reconocer el proceso.
¿Qué permite unir esa forma del terreno con los molinos? El vínculo es el agua, pero sus efectos son distintos. En un caso interviene en la transformación del relieve; en el otro sostiene una actividad humana documentada. La proximidad de Donace y Puerta Paredes permite ver la primera relación, mientras los restos de las instalaciones conservan la segunda.
El valle también cuenta con un lugar de interés geológico registrado por el Instituto Geológico y Minero de España: el «Contacto Cretácico-Terciario en Barajas de Melo». El nombre identifica el encuentro de terrenos correspondientes a dos etapas de la historia de la Tierra. Es una referencia concreta del paisaje local, no una razón para atribuir automáticamente a ese contacto el nacimiento del río o la ubicación de cada molino.
La ficha del IGME enlaza, además, terreno y ocupación humana: señala que el valle del Calvache ha estado habitado desde la antigüedad y menciona restos de molinos, más o menos restaurados, en el cauce.
Las tres Barajas acabaron reuniéndose en la vega
La Barajas actual reunió poblaciones que antes estaban separadas. La historia municipal distingue Barajas de Suso, o de arriba, correspondiente al despoblado de San Bartolomé; Barajas de Yuso, o de abajo, situada en los villares de la Ventosilla; y Barajas del Medio, el emplazamiento actual. Desde el siglo XV, esta última fue asumiendo restos, derechos y propiedades de las tres.
El historiador barajeño Álvaro Piña, en una conferencia recogida por Alcarria Es Más, sitúa la concentración de aquella población dispersa entre los siglos XIV y XVI. Su explicación incorpora el contexto productivo: en el siglo XII, los señores feudales necesitaban repoblar la zona y obtener una producción abundante que generase excedentes y tributos.
Ese contexto no fecha los molinos. Sí ayuda a comprender que el territorio habitado era también un territorio de producción. La concentración de población y la actividad del Calvache pertenecen al pasado del mismo valle, aunque no deban convertirse en una única secuencia de causas sin más pruebas.
Si recorres el núcleo histórico, los nombres del Barranco, la Solana, Barrio Abajo y Cerro Castillo mantienen referencias reconocibles al terreno. El Ayuntamiento los recoge entre sus barriadas, junto con las zonas de cuevas. El pueblo no se describe como una superficie uniforme: su propio callejero histórico conserva diferencias de posición y relieve.
Tres supervivientes cambian la mirada sobre el río
Los restos construidos permiten reconocer el trabajo donde hoy destaca la ribera. El Ayuntamiento cifra en tres los molinos y batanes conservados; el IGME confirma la presencia de restos de molinos en el cauce, algunos restaurados en distinto grado. Ambas descripciones sitúan la huella material de la actividad junto al agua.
¿Qué queda de aquel centro industrial cuando lo miras desde Donace? Queda una relación visible entre el río y las construcciones conservadas, dentro de un valle habitado desde antiguo. También permanece el contraste con Puerta Paredes: allí el agua dejó una forma del relieve; en la ribera, las personas levantaron instalaciones vinculadas a ella.
Donace figura entre las riberas mejor conservadas de la Alcarria Conquense, con árboles centenarios a lo largo del sendero. Esa valoración del paisaje actual no borra su dimensión laboral. El Calvache puede contemplarse por su vegetación y recorrerse por su entorno, pero los restos recuerdan que también fue parte de la actividad productiva de Barajas.
El agua explica por qué aquellos lugares de trabajo se vinculaban a la ribera del Calvache, y la erosión muestra que su acción alcanzó también al terreno. Cuando vuelvas a mirar el valle desde Barajas de Melo, los tres supervivientes darán otra medida de lo que llegó a reunir aquel cauce. La ribera también fue taller.
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