Almansa cambió de corona sin dejar de ser el paso hacia Valencia
El castillo de Almansa destaca junto al corredor que comunica el interior peninsular con el Levante. Ese paso entre sierras dio valor estratégico al lugar, mientras las fronteras políticas cambiaban a su alrededor.
El castillo de Almansa se alza sobre la ciudad y domina el paisaje de sierras y pasos que caracteriza el corredor.
Al llegar a Almansa por la autovía, el castillo aparece recortado sobre las sierras del Mugrón y de Almansa. La fortaleza señala un paso entre la Meseta y el Levante: un corredor que todavía ordena las comunicaciones y que, durante siglos, situó la villa en un territorio disputado. ¿Cómo convirtió ese paisaje de altiplano y pasillos entre montañas a Almansa en un lugar fronterizo?
Un corredor entre dos paisajes
Almansa se encuentra en el Levante interior, en una zona donde confluyen los sistemas montañosos Ibérico y Bético. El relieve forma un altiplano cercano a los 700 metros, interrumpido por elevaciones que dejan pasos hacia el interior y la costa. El pico del Mugrón alcanza los 1.209 metros; el corredor que da acceso a Villena desciende hasta los 650.
La diferencia se nota al recorrer el término: las sierras delimitan el horizonte, pero entre ellas se abren vías de tránsito. El llamado Corredor de Almansa está considerado uno de los pasos naturales de la península ibérica. No es una puerta estrecha entre paredes continuas, sino una franja de accesos y llanos cuya utilidad se entiende al mirar el mapa del relieve.
Las comunicaciones actuales prolongan esa función. Por el municipio pasan las autovías A-31, que enlaza Albacete con Alicante, y A-35, hacia Játiva y Valencia, además de la N-330 y la CM-412. El paisaje que desde la carretera parece una sucesión de sierras y llanuras es también una ruta de conexión entre regiones.
El terreno no determinó por sí solo las decisiones de reyes y señores. Sí dio a Almansa una posición de paso que hacía valioso el control del territorio. La historia del castillo se entiende mejor sobre ese fondo.
Dos Murcias y una frontera cambiante
La palabra «Murcia» aparece en la historia medieval de Almansa con dos sentidos distintos. Antes de la conquista castellana, el territorio pertenecía a la taifa musulmana de Murcia. En torno a 1244, la Corona de Castilla impuso su dominio sobre la taifa, después del tratado de Alcaraz de 1243. Ese mismo año, el tratado de Almizra fijó límites entre Castilla y Aragón y dejó Almansa del lado castellano.
Un documento de 1257 menciona Almansa como parte del Reino de Murcia. No significa que la villa pasara entonces al poder musulmán: el Reino de Murcia estaba integrado en la Corona de Castilla. El nombre del reino y la soberanía de la corona describían niveles políticos distintos.
La frontera sí volvería a cambiar más adelante. El señorío de Villena, que incluía Almansa, permaneció en la órbita castellana hasta que en 1395 el marquesado pasó a la Corona de Aragón, dentro del Reino de Valencia. En 1444 Enrique, futuro Enrique IV de Castilla, autorizó a Alfonso Téllez Girón a ocupar las villas del señorío. Juan Pacheco, hijo de Alfonso y primer marqués de Villena, recibió después el dominio y dio al castillo la morfología que conserva.
Los Reyes Católicos incorporaron definitivamente el marquesado a la Corona de Castilla en 1476, dentro del Reino de Murcia. En esas idas y vueltas de señoríos y coronas, el corredor no se desplazó. Seguía siendo el paso entre territorios, y la fortaleza hacía visible quién tenía autoridad sobre la villa.
La subida al castillo deja ver su relación directa con el relieve rocoso sobre el que se levanta.
La fortaleza que hizo del relieve un símbolo
El castillo no es solo un punto dominante en el perfil urbano. La página «Monumentos» de almansa.com lo describe como una fortaleza fronteriza medieval entre los reinos cristianos de Castilla y Aragón y el reino musulmán de Murcia, y destaca su posición junto a las sierras y la autovía. Su forma actual está ligada a Juan Pacheco, cuya intervención transformó la fortaleza.
También tuvo una larga vida después de perder su función defensiva. A partir del siglo XVI entró en abandono, a medida que sus cometidos quedaron en desuso. En 1919, el alcalde denunció su estado ruinoso y pidió permiso para demolerlo. Los informes de la Real Academia de la Historia y de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando se opusieron a la petición; en febrero de 1921, el castillo fue declarado Monumento Histórico Artístico Nacional.
La historia de esa amenaza y de su salvación añade otra capa al paisaje. Durante siglos, la altura ayudó a hacer reconocible la fortaleza; en el siglo XX, su presencia histórica y arquitectónica justificó protegerla. Hoy, quienes bordean las sierras por la autovía ven el mismo hito que antes permitía leer el poder desde la distancia.
El subsuelo ofrece otra escala de tiempo
El corredor se reconoce en la superficie; los datos geotécnicos permiten acercarse a los materiales bajo el término. El grupo más representado es el de calizas, dolomías y mármoles, con un 44,47 % de los tipos registrados. Las calizas y dolomías suelen formarse cuando sedimentos se acumulan y consolidan en antiguos fondos marinos poco profundos, un ambiente comparable a una plataforma costera de aguas someras. Esa es una explicación general del origen de estos materiales.
El segundo grupo en importancia, con un 26,93 %, reúne gravas y arenas compactas. También se registran arenas finas y limos, con un 8,98 %, y yesos, anhidrita y sales, con un 3,42 %. La variedad ayuda a imaginar un subsuelo hecho de materiales con comportamientos distintos, no una única capa uniforme bajo todo el municipio.
En las formaciones carbonatadas y yesíferas pueden darse procesos kársticos: el agua disuelve poco a poco ciertos minerales y puede abrir huecos o cavidades en la roca. La cartografía identifica zonas con hundimientos kársticos actuales o potenciales, tanto en materiales carbonatados como yesíferos. Es una característica relevante del terreno local, junto con áreas donde se contemplan movimientos como desprendimientos o deslizamientos.
La roca no explica por sí sola la elección de un emplazamiento medieval ni convierte cada ladera en un caso idéntico. Aporta, en cambio, el trasfondo físico del territorio: un altiplano con sierras, pasos y una composición diversa en profundidad. En la historia de Almansa, ese relieve dio forma a la condición de corredor; las disputas entre coronas y la obra de Juan Pacheco convirtieron una posición estratégica en una fortaleza reconocible.
Antes del castillo, los abrigos pintados
Mucho antes de los tratados, el término ya conservaba huellas humanas. En el Barranco del Cabezo del Moro se descubrieron pinturas rupestres en 1984; la Cueva de Olula, hallada hacia 1990, sumó en 2000 una representación femenina localizada por Alexandre Grimal Navarro. En esos abrigos aparecen arqueros, animales y figuras femeninas, muestras de las creencias de grupos cazadores de hace unos 10.000 años.
Los dos conjuntos fueron declarados Bienes de Interés Cultural en 1997 y quedaron incluidos, al año siguiente, en el arte rupestre del arco mediterráneo de la península ibérica, reconocido como Patrimonio de la Humanidad. Son parte de una historia de Almansa mucho más antigua que sus fronteras medievales. Las pinturas, el corredor y el castillo pertenecen a tiempos muy distintos, pero comparten el mismo escenario: un territorio de sierras y pasos que ha servido de lugar de tránsito y de asentamiento.
¿Qué hizo de Almansa un enclave fronterizo? El relieve abrió el paso; la posición entre territorios convirtió ese paso en un espacio codiciado. Desde la ciudad, el castillo sigue reuniendo ambas escalas: una obra humana levantada en un corredor que ya estaba allí.
¿Necesitas un estudio geotécnico en Almansa?
Solicita un presupuesto sin compromiso. Te asesoramos sobre el tipo de estudio que necesitas.
- Estudios firmados por geólogo acreditado
- Conformes con el CTE y Eurocódigo 7
- Cobertura en toda España
Más de 1000 estudios realizados
Pide presupuesto gratis
Contactamos por Whatsapp, teléfono o email, como prefieras.