Alhaurín de la Torre: la sierra que abastece de piedra a la expansión de Málaga
Las canteras abren grandes heridas en la sierra de Mijas y, al mismo tiempo, suministran áridos para construir en la región. La caliza que aflora junto a Alhaurín de la Torre explica por qué esa montaña se convirtió en recurso y por qué su explotación enfrenta a la actividad económica con la conservación del paisaje.
Arcos de Zapata (part of the Fuente del Rey Aqueduct), Alhaurín de la Torre, with an airplane approaching Málaga Airport
Desde las laderas de la sierra de Mijas, la transformación no necesita una explicación abstracta: se ve en las grandes canteras que alteran el relieve. De allí sale caliza que abastece de áridos a la construcción regional; allí también se ha concentrado uno de los conflictos ambientales más persistentes de Alhaurín de la Torre. La misma roca que hace posible extraer un material útil es parte de un paisaje cuya pérdida vecinos llevan años denunciando.
Una montaña junto a la vega
Alhaurín de la Torre ocupa una posición de transición. El municipio se extiende entre la sierra de Mijas y la hoya de Málaga, una depresión aluvial vinculada al río Guadalhorce. A un lado, la montaña; al otro, terrenos más abiertos, regados por el río y ocupados por huertas. El casco urbano se encuentra a unos 99 metros sobre el nivel del mar, mientras que Jabalcuza destaca entre las elevaciones de la sierra dentro del término municipal.
Ese contraste ayuda a entender por qué la montaña tiene más de una historia. Sus laderas ofrecen un paisaje de pinos, encinas y matorral mediterráneo, pero también contienen materiales explotables. En Alhaurín de la Torre, las grandes canteras extraen caliza y la convierten en áridos para la construcción. La geología no determina por sí sola dónde se abre una explotación ni qué decisiones se toman sobre ella; sí pone a disposición una materia prima concreta, y la demanda de obra transforma esa posibilidad en una actividad que modifica físicamente la sierra.
La caliza pertenece a las rocas carbonatadas. Allí donde aflora, puede ser extraída y triturada para obtener áridos, materiales empleados en obras y construcciones. El estudio geotécnico local identifica calizas, dolomías y mármoles entre los terrenos del municipio; esa diversidad también recuerda que el subsuelo no es uniforme. Pero es la presencia de roca carbonatada explotable, y no una propiedad abstracta del conjunto del municipio, la que permite comprender el vínculo entre sierra y cantera.
De la piedra útil a un conflicto por el paisaje
La extracción tiene una lógica directa: los materiales de construcción deben proceder de algún lugar, y una cantera cercana puede suministrarlos a las obras de su entorno regional. En Alhaurín de la Torre, esa utilidad tiene un coste visible en el relieve. La explotación de la sierra mediante grandes canteras de caliza figura entre los principales problemas ambientales del municipio precisamente por la destrucción del paisaje que produce. La cuestión no es solo qué se extrae, sino qué queda después en la montaña.
La disputa alcanzó los tribunales. Según la información recogida sobre el municipio, las canteras fueron declaradas ilegales por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y por el Tribunal Constitucional, que instaron a su cierre. Sin embargo, siguieron abasteciendo de áridos a la región. La distancia entre las resoluciones y la continuidad de la extracción alimentó las movilizaciones de vecinos que piden que cese la actividad.
En 2008 se creó la Plataforma de Defensa de la Salud y la Sierra, encabezada por Juan Piña García, para defender la sierra de Mijas frente a las canteras. La movilización hace visible un cambio de escala: lo que empieza como extracción de roca en un punto de la montaña afecta a la manera en que la comunidad valora el conjunto del paisaje. La caliza se mide en material aprovechable; la sierra, para quienes se oponen a la explotación, no puede reducirse a la suma de los áridos que contiene.
Esta tensión forma parte de una transformación territorial más amplia. La piedra extraída alimenta la construcción regional, mientras que la expansión urbanística también ha generado preocupación en el municipio por la ocupación de espacios y el desvío de arroyos. Son procesos distintos, pero se encuentran en una misma pregunta: cómo se transforma un territorio cuando aumentan las necesidades de construir y se alteran los elementos físicos que lo sostienen.
La montaña y el fondo de la historia
La relación entre roca y actividad humana no comienza con las canteras modernas. Las referencias históricas sobre Alhaurín de la Torre señalan una antigua actividad minera y mencionan minerales como plomo, cobre, grafito y hierro en la zona del Llano de la Plata. También sitúan población en el territorio desde la Edad Antigua. Es un antecedente relevante, pero no autoriza a confundir aquellas extracciones con las actuales: cambian los materiales señalados, las técnicas, la escala y las necesidades que impulsan cada actividad.
Más adelante, el asentamiento se relacionó con otros recursos y formas de ocupar el valle. La historia municipal señala la presencia de la alquería de Laolín durante la época musulmana. Tras la conquista de 1485, los repartimientos reorganizaron la propiedad de la tierra. En el siglo XVIII, el viajero Francis Carter describió Alhaurinejo como un pueblo próximo al mar que suministraba a Málaga un pan excelente. La mención revela una conexión económica con la capital y una producción agrícola que dependía de las tierras de la comarca, no de la cantera contemporánea.
Entre la montaña y la hoya del Guadalhorce se superponen, así, distintas maneras de obtener valor del territorio. En la sierra, el subsuelo ofrece roca y minerales; en la depresión, el río y los terrenos aluviales se vinculan a las huertas y al cultivo. El relieve separa y conecta esos espacios. No hay pruebas en las fuentes consultadas para atribuir a la geología una decisión concreta de los primeros pobladores o de los agricultores; sí se puede reconocer que los recursos y las formas del terreno han hecho posibles actividades distintas en partes diferentes del municipio.
Cuando crece el municipio, la presión cambia de escala
Durante mucho tiempo, Alhaurín de la Torre mantuvo un poblamiento débil, según la historia municipal. El escenario cambia con la expansión del área metropolitana de Málaga: en la década de 1990 la población experimenta un ascenso notable. Desde 1991, además, el municipio alberga la prisión provincial en las afueras. La localidad deja de ser solo un núcleo ligado a la comarca agrícola y se incorpora con más fuerza a las dinámicas metropolitanas.
Ese crecimiento aumenta la demanda de suelo y de materiales, aunque las fuentes no permiten atribuir a una cantera concreta el abastecimiento de una obra determinada. La conexión documentada es más general: las canteras de caliza siguen suministrando áridos a la región, mientras el municipio se expande y la construcción transforma su entorno. La cautela importa, porque convierte una coincidencia amplia en una relación comprensible sin inventar el recorrido de cada carga de piedra.
El estudio geotécnico describe un subsuelo variado: además de materiales carbonatados, registra arenas y limos, pizarras y esquistos, areniscas, conglomerados y flysch, así como gravas y arenas compactas. Esa diversidad aconseja no hablar de «el suelo» como si fuese una superficie uniforme. Tampoco explica automáticamente la forma de cada barrio o la ubicación de cada edificio. Para la historia de las canteras, su valor está en situar la caliza dentro de un mosaico geológico más amplio, mientras la extracción se concentra en la roca que puede convertirse en árido.
La montaña conserva además una dimensión ambiental que no se agota en su valor económico. La información municipal menciona pinares, encinares y matorral mediterráneo en la sierra, y señala que las explotaciones afectan al paisaje y a la fauna. La extracción retira roca y altera la forma del terreno; por eso su impacto no se limita a la parcela de explotación. La escala de la sierra es la que permite entender por qué una actividad localizada puede convertirse en un asunto municipal.
La sierra que se mira y la que se extrae
Hoy conviven dos maneras de mirar la sierra de Mijas. Una la considera fuente de materias primas necesarias para la construcción; otra la defiende como paisaje y espacio natural que no debería seguir perdiéndose. La historia de Alhaurín de la Torre no resuelve esa disputa, pero sí permite precisar qué está en juego: la caliza es una roca aprovechable, y su extracción tiene consecuencias materiales sobre una montaña que forma parte del territorio vivido.
Cuando se contempla la sierra junto al crecimiento del municipio, la cantera deja de ser un asunto aislado de producción. Se vuelve una pregunta sobre qué transformación se acepta en nombre de la construcción y qué parte del paisaje se considera irremplazable. En Alhaurín de la Torre, la respuesta se escribe en la propia ladera: en la roca que sale y en el relieve que permanece, cambiado, a la vista de quienes viven junto a la montaña.
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