Historia geológica Localidad Alhama de Murcia

Alhama de Murcia convirtió la nieve de Sierra Espuña en una actividad de tres siglos

En el Pozo de nieve de Las Ánimas, la nieve de la sierra se guardaba para obtener hielo y venderlo. El relieve de Sierra Espuña ayuda a entender cómo una cosecha del invierno pudo sostener una actividad durante generaciones.

Alhama de Murcia - Ayuntamiento

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Foto: Zarateman, CC0 — commons.wikimedia.org

En el término de Alhama de Murcia, el Pozo de nieve de Las Ánimas convirtió una rareza de la montaña en mercancía: nieve almacenada, hielo obtenido y vendido. ¿Cómo pudo una actividad nacida del frío de Sierra Espuña prolongarse durante tres siglos? La primera pista está en el paisaje: entre las cumbres y el valle del Guadalentín hay un brusco cambio de altura, de clima y de terreno. La montaña ofrecía el invierno; el valle, el contraste que daba valor a aquello que se conservaba.

Las Ánimas guardó el invierno para el verano

El pozo, situado en el término de Alhama, data de los siglos XVII y XVIII. Su función era servir de almacén temporal de nieve. La venta del hielo obtenido de los pozos de Sierra Espuña sostuvo durante trescientos años una de las actividades económicas más importantes de la sierra. No es una leyenda de montaña: es una relación concreta entre el relieve, el frío y el trabajo humano.

La palabra «pozo» sugiere una construcción silenciosa, pero detrás de ella había una operación económica. La nieve no se quedaba como una postal blanca en las alturas: se recogía y almacenaba para que pudiera convertirse en hielo destinado a la venta. El dossier no detalla las jornadas ni las rutas de transporte, pero sí registra el resultado duradero. Durante siglos, la montaña proporcionó un recurso estacional que podía guardarse y comercializarse.

La clave no es solo que Sierra Espuña recibiera nieve en invierno. Es que la sierra se eleva sobre el valle y reúne ambientes muy distintos en un espacio relativamente próximo. Esa diferencia de altura crea el escenario físico para que el frío de las cotas altas tenga un valor práctico para las poblaciones del entorno. En Las Ánimas, la nieve dejó de ser únicamente un fenómeno meteorológico: se convirtió en una reserva.

Del valle del Guadalentín a las cumbres cambia el mundo

Alhama ocupa una posición de umbral. El valle del Guadalentín atraviesa la parte central del municipio; al norte se levanta Sierra Espuña y, al sur, Carrascoy. La población se encuentra junto a las estribaciones de La Muela, mientras que barrancos y ramblas evacuan hacia el valle las lluvias que bajan de las sierras. Basta mirar el perfil del territorio para comprender que no hay un único paisaje, sino una sucesión de escalones.

Ese desnivel importa para la historia del pozo. En las zonas altas de Sierra Espuña se puede disfrutar de nieve durante la temporada invernal, mientras que el núcleo de Alhama se sitúa en un ambiente mediterráneo seco, con veranos muy cálidos y secos. No hace falta atribuir a la nieve una ruta o un método que las fuentes no describen: el contraste documentado entre cumbre y valle ya explica por qué conservar el frío podía tener utilidad económica.

La geología no se lee aquí como una lista de rocas, sino como una arquitectura del terreno. Una sierra con valles interiores profundos, una depresión central y otras elevaciones alrededor ordena el agua y separa ambientes. Las ramblas Celada y de Los Molinos, junto con cauces menores, recogen las lluvias serranas. La misma forma del relieve que dirige el agua permite imaginar la distancia vertical que separa el lugar de la nieve del fondo habitado, sin convertir esa imagen en un itinerario histórico no documentado.

La Muela y Gebas muestran otras caras del terreno

Al norte del casco urbano, La Muela ofrece una superficie distinta: una plataforma de areniscas. La arenisca es una roca formada por granos de arena que quedaron unidos; en términos sencillos, es arena antigua convertida en roca. La Muela tiene una umbría de pendientes suaves y una solana más abrupta, con pequeños escarpes. Sus laderas recuerdan que la forma de una montaña también depende de los materiales que la componen y de cómo estos quedan expuestos a la erosión.

Más allá, el paisaje de los Barrancos de Gebas parece llevar la erosión al primer plano. Cárcavas, barranquizos y cañones se encajan entre Sierra Espuña, La Muela y El Cura, con escasa cubierta arbórea. Allí se señalan formas geológicas y comunidades vegetales sobre yesos. El yeso se relaciona habitualmente con aguas salinas que se evaporan en cuencas cerradas; es una explicación general del material, no una datación precisa de las capas de Gebas. En el terreno actual, lo visible es el relieve recortado por la erosión.

También los saladares próximos al Guadalentín cuentan otra historia del agua y del suelo. En esa franja se combinan olivares, cultivos de cereal, barbechos y extensas superficies salinas, junto a plantas como el almarjo y la sosa jabonera. Estas fueron utilizadas hasta hace no muchos años en la fabricación de jabón y vidrio. El paisaje municipal enlaza así procesos y usos: la altura retiene nieve en invierno; la depresión reúne cauces y terrenos salinos; y las comunidades humanas han aprovechado recursos diferentes en cada ambiente.

La montaña no solo almacenó nieve

La historia de Las Ánimas pertenece a un paisaje que también ha cambiado por acción humana. A finales del siglo XIX comenzaron trabajos de repoblación forestal en Sierra Espuña, cuyo principal artífice fue Ricardo Codorníu y Stárico. Hoy, desde 1992, la sierra cuenta con la categoría de parque regional. La nieve almacenada y los bosques actuales pertenecen a capítulos distintos, pero ambos hacen visible la relación prolongada entre las personas y una montaña de relieve marcado.

La información geotécnica municipal añade una perspectiva de conjunto sobre los materiales: recoge arenas finas y limos (43,27 %), calizas, dolomías y mármoles (28,15 %), y areniscas, conglomerados y flysch (7,18 %). Son categorías del término municipal, no una descripción específica del Pozo de Las Ánimas. Sí ayudan a reconocer que Alhama reúne materiales variados bajo un relieve igualmente diverso, desde la plataforma de La Muela hasta el valle y los terrenos serranos.

La montaña que hizo posible aquella actividad no es un decorado inmóvil. El agua baja por barrancos y ramblas; la erosión abre cárcavas en Gebas; las laderas de La Muela alternan pendientes y escarpes. Son transformaciones que siguen dibujando el territorio que se contempla desde Alhama. El pozo de nieve pertenece a una economía histórica, pero su escenario sigue ahí: una sierra alta frente a un valle bajo, unidos por el mismo desnivel.

¿Qué hizo posible que la nieve de Sierra Espuña se convirtiera en una actividad de tres siglos? La respuesta está en la combinación de invierno, altura y almacenamiento que registra el Pozo de Las Ánimas. Cuando mires desde Alhama hacia la sierra, verás algo más que una cumbre: también el origen de un recurso que durante generaciones bajó convertido en hielo.

Tipos de terreno en Alhama de Murcia

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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