Historia geológica Localidad Algámitas

Algámitas se alza donde las capas de roca se doblan

El Peñón y el Terril recortan el horizonte de Algámitas con una silueta que se reconoce desde lejos. ¿Qué movimiento convirtió las capas de una antigua sierra en ese relieve abrupto?

La sierra del Tablón y el Peñón de Algámitas dominan el paisaje donde las capas rocosas forman un gran pliegue.

La sierra del Tablón y el Peñón de Algámitas dominan el paisaje donde las capas rocosas forman un gran pliegue.

Foto: Sergey Ashmarin, CC BY-SA 3.0 — commons.wikimedia.org

En Algámitas, el perfil de la sierra no es una línea tranquila: las laderas suben con brusquedad y las cumbres dominan el paisaje. En 1945, el geólogo Eduardo Alastrué describió la estructura de la sierra como un gran pliegue anticlinal. Dicho sin jerga: las capas de roca se curvaron como las páginas de un libro empujadas desde los lados. La pregunta es cómo se reconoce hoy esa historia en una montaña que forma parte de la vida cotidiana del municipio.

La respuesta empieza en las propias capas. Alastrué identificó calizas grises con margas y, en algunos puntos, nódulos y lajas de sílex. No describía una roca uniforme, sino una sucesión de materiales que permite leer distintos niveles de la sierra. Su observación, publicada en el Boletín de la Real Sociedad Española de Historia Natural, sigue ofreciendo una clave concreta para mirar el relieve: las rocas no están simplemente apiladas; están inclinadas, curvadas y cortadas.

¿Qué hace que una montaña parezca una página doblada?

Un anticlinal es una estructura en la que las capas se arquean hacia arriba. Imagina varias hojas extendidas sobre una mesa: al empujarlas desde ambos lados, pueden levantarse y formar una bóveda. En Algámitas, esa geometría no es una comparación libre, sino la interpretación que Alastrué dio a la sierra. El pliegue se alza frente a una depresión situada al norte, y su relieve permite seguir el cambio de inclinación a través de la montaña.

El recorrido de las capas cambia de un flanco al otro. En el contacto septentrional, los estratos —las capas de roca— se inclinan muy acusadamente hacia el norte; en algunos tramos son casi verticales. Al acercarse al eje del pliegue, su inclinación se suaviza. En el descenso hacia el sur, llegan a estar casi horizontales. La sierra conserva así una especie de sección natural: una misma estructura ofrece paredes inclinadas, una zona de cumbre y capas tendidas hacia el otro lado.

El eje tampoco sigue una línea perfectamente recta. Según la descripción de Alastrué, en el sector oriental mantiene una orientación aproximada de este a oeste y después se curva suavemente hacia el oeste-suroeste. Ese arco apunta al norte. No hace falta imaginar una montaña empujada de golpe hasta su forma actual: basta con mirar cómo la curvatura organiza el conjunto y cómo cada ladera muestra un ángulo distinto de las rocas.

La parte central de esta historia está hecha de caliza margosa, una roca donde la caliza aparece asociada a material arcilloso fino. La presencia de margas y sílex ayuda a reconocer una facies liásica, nombre geológico empleado para ese tipo de sucesión. Las calizas se forman a partir de sedimentos marinos; traducido a una imagen familiar, parte de la sierra conserva materiales nacidos en antiguos fondos marinos, en aguas relativamente poco profundas. El sílex aparece en nódulos o lajas: no como una capa continua, sino como fragmentos duros dentro de la sucesión.

Ese pasado marino es solo el primer capítulo. Las capas que se habían acumulado terminaron dobladas y expuestas en el relieve que Alastrué reconoció. La explicación del pliegue describe la forma de la sierra, pero el dossier no precisa cuándo se produjo cada deformación ni cuánto duró. Lo que sí puede leerse en el terreno es el resultado: estratos casi verticales al norte, más suaves cerca del eje y casi horizontales hacia el sur.

La montaña cambia de gesto al cruzar la cumbre

Hay un detalle que vuelve más singular el corte de Algámitas: la sucesión no se deja ver por igual en toda la montaña. Alastrué explicó que, hacia el sur, las margas cretácicas cubren la unidad y elevan el contacto entre materiales hasta una altura considerable. Por eso, en ese flanco no afloran las capas más antiguas que quedarían por debajo de las calizas del Lias. La cubierta margosa interrumpe la lectura, como una página superpuesta que tapa las anteriores.

Al norte, en cambio, el anticlinal desciende casi verticalmente bajo los materiales terciarios que lo limitan, según la descripción de 1945. Allí aparece también el contraste con la depresión triásica y terciaria que se extiende hacia la línea de Morón y Osuna. Dicho de manera sencilla, la sierra y las tierras más bajas vecinas no están hechas de una única secuencia expuesta de la misma forma: el pliegue queda frente a una depresión y sus contactos marcan el paso entre ambas.

La clasificación geotécnica municipal añade otra perspectiva: agrupa como areniscas, conglomerados y flysch el 94.63% de los terrenos considerados. Son nombres que reúnen materiales formados en ambientes distintos. Las areniscas pueden proceder de arenas depositadas en playas, deltas o ríos tranquilos; los conglomerados, de cantos transportados por corrientes más enérgicas; y el flysch, de alternancias de arena y arcilla acumuladas frente a una plataforma continental. Esa clasificación general no sustituye la descripción concreta de las calizas margosas de la sierra: permite entender que el territorio reúne más de una historia de sedimentación.

El flysch, en particular, se entiende mejor si se imagina una sucesión de capas finas y gruesas: arena y arcilla alternándose, como páginas de distinto grano. En los conglomerados, en cambio, los fragmentos gruesos quedan cementados entre sí. Estas imágenes ayudan a traducir los nombres de la clasificación, pero no autorizan a asignar cada material a un punto concreto de la sierra sin una descripción geológica más detallada. En el paisaje local, la evidencia mejor definida sigue siendo la estructura plegada y la sucesión de calizas y margas que Alastrué observó.

Cuando el relieve también ordena el territorio

Las montañas no solo construyen horizontes; también ofrecen referencias para orientarse. El Peñón de Algámitas, en la sierra del Tablón, es uno de los símbolos de la zona, y cerca se alza el Terril, señalado como el punto más alto de la provincia de Sevilla. Para quien vive aquí, son nombres ligados a un paisaje reconocible. Para la geología, forman parte de un relieve cuya estructura se comprende mejor al seguir el pliegue y los cambios de inclinación de sus capas.

La historia de los asentamientos añade otra escala, aunque con más cautela. Una reconstrucción recogida para el municipio sitúa Algámitas en un territorio de núcleos dispersos de origen túrdulo, entre el Peñón y el Terril y en relación con otros enclaves del entorno. También plantea que el asentamiento romano se habría ubicado cerca del Corbones, mientras que durante la etapa musulmana la población se habría situado junto al arroyo del Membrillar, en la llamada Algameca. Son interpretaciones sobre la ocupación del territorio, no una prueba de que el pliegue determinara por sí solo dónde vivía cada comunidad.

¿Pudo la forma del terreno influir en esas decisiones? Es razonable pensar que un territorio de sierras, depresiones y referencias destacadas condicionaba los desplazamientos y la manera de reconocer el entorno; la reconstrucción histórica también relaciona los límites territoriales con la orografía y los ríos. Pero no hay que convertir esa posibilidad en una causa demostrada para cada asentamiento. La conexión segura es más sencilla y, a la vez, más profunda: las comunidades ocuparon un paisaje cuyo relieve ya estaba organizado por una larga historia de sedimentación, plegamiento y exposición de las rocas.

Algámitas no se entiende como una montaña aislada, sino como un pliegue que hace visible el contraste entre capas inclinadas, cubiertas margosas y tierras bajas. Al mirar el Peñón y el Terril, puedes imaginar las antiguas páginas marinas dobladas en la sierra; el perfil que hoy guía la mirada conserva, a escala de paisaje, la forma de aquel movimiento.

Tipos de terreno en Algámitas

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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