Alfamén, un suelo de muchas voces
Bajo las calles de Alfamén no hay una sola respuesta: los datos geotécnicos dibujan un mosaico de gravas, arenas, limos y rocas. Dos sondeos llevan la mirada mucho más abajo y muestran hasta dónde llega la exploración del subsuelo.
El ayuntamiento de Alfamén, en el centro de la localidad.
En Alfamén, las fachadas, las calles y los edificios ofrecen una imagen familiar del pueblo. El estudio geotécnico cambia la escala de esa mirada: el municipio aparece apoyado sobre materiales diversos, no sobre una única clase de terreno. Gravas y arenas, limos, areniscas, conglomerados y rocas carbonatadas figuran en la clasificación. La historia que se puede seguir aquí es la de un subsuelo que se resiste a caber en una sola etiqueta. Primero lo vemos como una distribución general; después, los sondeos acercan la mirada a decenas de metros de profundidad. Esa combinación permite reconocer tanto la variedad del terreno como el alcance concreto de lo que se ha observado.
Alfamén no cabe en una sola roca
La clasificación geotécnica destaca cuatro grupos. Las gravas y arenas compactas representan el 37,73 %; las areniscas, conglomerados y flysch, el 32,14 %; las arenas finas y limos, el 17,65 %; y las calizas, dolomías y mármoles, el 7,44 %. No son nombres intercambiables. Gravas y arenas describen materiales sueltos de tamaños distintos; las areniscas son arenas consolidadas y los conglomerados reúnen fragmentos gruesos cementados. Los limos son sedimentos de grano fino. Calizas y dolomías son rocas carbonatadas, mientras que el mármol también aparece en el grupo técnico. El término flysch, por su parte, nombra una asociación de materiales sedimentarios.
Leídas juntas, las cifras cuentan una historia de variedad, no de uniformidad. La categoría de gravas y arenas compactas es la más representada entre las enumeradas, pero eso no convierte cada solar, calle o edificio en una muestra de ese material. La clasificación ofrece una vista del término municipal; no señala qué roca hay justo bajo una casa concreta. Para entender Alfamén conviene mantener esas dos escalas a la vez: el mosaico general y los puntos que se han investigado en profundidad. Es una diferencia importante, porque una descripción amplia del terreno explica el carácter diverso del subsuelo, pero no sustituye la información específica que necesita una obra en un emplazamiento determinado.
De la superficie al fondo del sondeo
El estudio recoge dos perforaciones de la serie IGME SondeosIRYDA, identificadas como CARIÑENA 5 y CARIÑENA 5 BIS. Una alcanzó 59 metros; la otra llegó a 114. Juntas dan una profundidad media de 86,5 metros. No es una escala que se perciba al caminar por el pueblo: cada metro perforado abre una ventana estrecha hacia abajo, y los 114 metros del sondeo más profundo equivalen a más de la altura de un edificio de varias decenas de plantas. El dato no describe una pared visible ni una columna completa del municipio. Describe hasta dónde llegó una exploración concreta.
También se anotó agua en ambos registros, pero a profundidades muy diferentes: 21 metros en CARIÑENA 5 y 0,01 metros en CARIÑENA 5 BIS. Esos valores son parte de la historia subterránea medida en los sondeos, no una descripción uniforme de todo Alfamén. No dibujan por sí solos el recorrido del agua ni explican por qué varía el registro. Sí recuerdan que, junto a los materiales sólidos, el agua forma parte de las observaciones geotécnicas que ayudan a caracterizar un lugar. La perforación lleva el relato desde una lista de materiales a dos puntos concretos, con profundidades y mediciones propias.
Una casa del pueblo muestra la escala cotidiana de las construcciones sobre el terreno de Alfamén.
Las arcillas y el cambio de humedad
Entre los procesos señalados para el municipio están las arcillas expansivas actuales o potenciales. La clasificación distingue zonas de sustrato no arcilloso y áreas donde las arcillas expansivas son localmente predominantes. En estas últimas, situadas en zonas climáticas con déficit anual de humedad, el peligro se califica de moderado a alto. La precisión de esa distribución importa: no se presenta como una condición que afecte por igual a todo el término municipal.
Una arcilla expansiva puede cambiar de volumen al variar su contenido de agua. Al humedecerse, algunos materiales arcillosos se hinchan; al secarse, pueden contraerse. Ese movimiento ofrece una explicación sencilla de por qué la composición y la humedad del suelo interesan cuando se proyecta una construcción. No significa que los edificios de Alfamén hayan sufrido daños ni que el proceso se manifieste en cada parcela. Significa que el terreno contiene sectores donde la expansividad debe formar parte de la evaluación. El conflicto geológico aquí no es una escena de derrumbe, sino una condición del subsuelo que puede complicar el encuentro entre una obra y un material sensible a la humedad.
Un registro sísmico discreto
El apartado de sismicidad recoge cinco eventos en un periodo de 30 años, con magnitudes entre 1,5 y 3,3. La magnitud media indicada es 1,88. Son cifras que sitúan el tamaño de los eventos incluidos en el registro; por sí solas no cuentan una historia de daños, ni demuestran que un terremoto haya transformado el pueblo. Su lugar en el relato es más sobrio: recuerdan que la descripción geológica de Alfamén incluye también la actividad sísmica registrada en su entorno, además de los materiales y las condiciones del terreno.
La escala ayuda a mantener la perspectiva. Una perforación muestra qué profundidad alcanzó una investigación; una categoría identifica un tipo de material; una magnitud expresa el tamaño de un evento sísmico. Ninguna de esas observaciones reemplaza a las otras. Juntas construyen una imagen más completa, pero cada una responde a una pregunta distinta. Así, el subsuelo deja de ser un decorado inmóvil y se convierte en un conjunto de materiales y procesos que hay que leer con atención, sin atribuir a una medición un alcance que no tiene.
El pueblo y el terreno, en escalas distintas
Alfamén pertenece a la comarca del Campo de Cariñena. A mediados del siglo XIX tenía contabilizados 245 habitantes; la cifra publicada para 2025 es de 1.470. Esos números marcan la distancia entre dos momentos demográficos, pero no explican por sí mismos cómo se expandió el pueblo ni permiten relacionar ese cambio con una clase concreta de terreno. Sí devuelven la mirada a quienes viven sobre este mosaico: el suelo es parte del lugar cotidiano, aunque las categorías geotécnicas describan el municipio y no cada edificio.
El resultado de la exploración no es una roca vencedora, sino un mapa de materiales diversos, dos sondeos que bajan hasta 59 y 114 metros y registros que incluyen agua, arcillas expansivas y pequeños eventos sísmicos. La fotografía de una casa del pueblo y la del ayuntamiento muestran construcciones reconocibles; el estudio, en cambio, cuenta lo que la vista desde la calle no puede revelar sobre el conjunto del subsuelo. Alfamén queda así definido por dos escalas que se complementan: la vida visible de sus calles y un terreno que, bajo el municipio, habla con muchas voces.
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