Alegría-Dulantzi reunió aldeas en el valle del río Alegría
En 1337, el fuero de Alegría de Dulanci convirtió el núcleo antiguo en destino para vecinos de seis aldeas próximas. El río Alegría había abierto el valle llano donde se asentó la villa, sobre un terreno municipal dominado por rocas carbonatadas.
Vista aérea de Alegría-Dulantzi extendida en la Llanada Alavesa, con el paisaje llano y los relieves del entorno.
En la Llanada Alavesa, el nombre de Ayala sobrevivió donde su población no. Cuando Alfonso XI fundó Alegría de Dulanci en 1337, la nueva villa recibió habitantes de Ayala, Henayo, Larrara, Olga, Ilárraza y Eguileta. Salvo Eguileta, aquellas localidades quedaron despobladas y hoy se consideran mortuorios. ¿Qué hizo que Dulanci se convirtiera en el punto de reunión? La respuesta documentada es un fuero real; el paisaje del valle del río Alegría da a esa decisión un escenario concreto.
En 1337, Dulanci atrajo a seis aldeas
La villa no nació en un vacío. Se fundó sobre la localidad preexistente de Dulanci, un nombre que ya llevaba siglos en uso. En 1025, la Reja de San Millán registró Dullanzi y Gelegieta, hoy identificada con Eguileta, entre los lugares que debían contribuir al monasterio de San Millán de la Cogolla. La Llanada estaba hecha de poblados y relaciones entre poblados mucho antes de que el rey cambiara el rango de uno de ellos.
El fuero dio a Alegría una nueva condición y un nombre nuevo: Alegría de Dulanci. La carta real buscaba atraer pobladores a la villa, según explica la historia local recogida en el dossier. El cambio tuvo una consecuencia visible en el mapa humano: vecinos de aldeas cercanas pasaron a concentrarse en un núcleo que ya existía. No fue simplemente una fundación sobre terreno vacío, sino una reorganización de la vida local.
La lista de localidades permite seguir la transformación sin perderse en una historia abstracta. Ayala, Henayo, Larrara, Olga, Ilárraza y Eguileta aparecen vinculadas al poblamiento de la nueva villa; de ellas, solo Eguileta no quedó despoblada. La población se reunió en Alegría y varias aldeas perdieron su continuidad como núcleos habitados. A algo más de un kilómetro de la villa, el santuario de Nuestra Señora de Ayala ocupa el lugar de la antigua iglesia de aquel poblado.
El río abrió el valle; los habitantes eligieron la villa
El centro del término municipal es llano y forma un valle asociado al río Alegría; al sur destacan las zonas montañosas. Esa diferencia de formas basta para imaginar el cambio de escala: el fondo abierto frente a los relieves que cierran el horizonte. No hace falta atribuir a las rocas una decisión política para reconocer que la villa medieval se asentó en un paisaje físico preciso.
¿Pudo el terreno llano facilitar la concentración de habitantes? Es razonable plantearlo como una posibilidad, no como un motivo histórico probado. La fuente sitúa la fundación sobre Dulanci y documenta el traslado de pobladores, pero no dice que Alfonso XI eligiera el lugar por su geología. El fuero explica la decisión; la llanura y el río explican dónde se desarrolló la historia. Mantener esa diferencia vuelve más nítida la relación entre la obra humana y el relieve.
El subsuelo añade otra escala. El estudio geotécnico municipal clasifica como calizas, dolomías y mármoles el 79.60 % de los materiales considerados; registra también arenas finas y limos, y areniscas, conglomerados y flysch. Las primeras son rocas carbonatadas: el agua puede disolverlas lentamente y abrir huecos o conductos. A ese proceso se le llama karstificación. No ocurre como una excavación rápida, sino como una labor persistente del agua a través de la roca.
El mismo estudio señala formaciones carbonatadas medianamente karstificadas, con karsts importantes dispersos, y áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales. Un karst es el relieve que resulta de la disolución de rocas como la caliza; puede incluir cavidades y depresiones. Es una manera distinta de leer el suelo bajo el valle: no solo como una superficie llana, sino como un terreno cuyo comportamiento también depende de cómo circula el agua por las rocas.
Santuario de Nuestra Señora de Ayala, antigua iglesia vinculada al poblado de Ayala, que quedó despoblado tras la fundación de Alegría.
Ayala perdió su aldea, pero conservó una huella
La antigua iglesia de Ayala no desapareció con el despoblamiento: hoy es el santuario de Nuestra Señora de Ayala. La piedra y el uso religioso mantuvieron un vínculo con el lugar cuando la aldea dejó de ser un núcleo habitado. Desde Alegría, ese santuario permite imaginar la distancia corta —algo más de un kilómetro— entre la villa que crecía y uno de los pueblos que dejó de existir como comunidad.
La geología no explica por sí sola por qué unas localidades se despoblaron y otra concentró a sus vecinos. Sí ayuda a situar la historia: Alegría se desarrolló en la zona central llana de un valle recorrido por su río, dentro de un municipio donde predominan las rocas carbonatadas. Aquel relieve no es un decorado intercambiable; es el suelo local sobre el que se asentaron la villa, las aldeas y las construcciones que aún marcan el paisaje.
En 1484 Alegría pasó al señorío jurisdiccional de Vitoria. En 1579 se creó la Cuadrilla de Alegría, que reunió a las villas de Alegría, Gauna y Erenchun y a los lugares de Eguileta y Alborcoin, dentro de la hermandad de Iruraiz. El nombre y las formas de gobierno cambiaban; el valle seguía siendo el marco común de una red de poblaciones. El antiguo Dulanci había ganado centralidad, pero no borró todos los nombres anteriores.
El mismo valle volvió a ser escenario de una batalla
En octubre de 1834, durante la primera guerra carlista, las proximidades de Alegría y la zona cercana a Chinchetru fueron escenario de la batalla de Alegría. Tomás de Zumalacárregui venció allí al brigadier O'Doyle y a los generales Osma y Figueras. La Llanada, ya conocida por siglos de poblamiento, aparece ahora en otra escala: un campo de guerra que se extendió por las inmediaciones de la villa.
La información disponible no relaciona el desenlace de la batalla con una forma concreta del terreno, y no hace falta adjudicarle ese vínculo para contar el episodio. Basta con reconocer que la historia volvió a concentrarse en el entorno de Alegría. La localidad celebra anualmente una recreación de la batalla, llevando al presente un acontecimiento que ocurrió entre la villa y Chinchetru.
Mucho después, el municipio cambió oficialmente de nombre: el ayuntamiento adoptó Alegría-Dulantzi en 1982 y la denominación apareció en el BOE en 1989. Desde 1995, la población y el espacio residencial se duplicaron, según la historia local recogida en el dossier. La expansión moderna prolongó la vida de una villa que había crecido sobre otra población y atraído a vecinos de aldeas próximas.
¿Qué reunió, entonces, a aquellas aldeas? El fuero de 1337, que convirtió Dulanci en villa y convocó población; el río y el valle explican el marco físico, y las rocas carbonatadas añaden una historia lenta bajo ese paisaje. Cuando pases junto al santuario de Ayala o mires la llanura del río Alegría, verás algo más que la distancia entre dos lugares: el espacio donde una decisión medieval cambió el mapa humano de la Llanada.
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