Historia geológica Localidad Alcaudete de la Jara

Alcaudete de la Jara, entre fuentes y cauce

El Gévalo recorre Alcaudete de la Jara entre una vega honda y colinas dispersas. En el relieve y hasta en el nombre del pueblo, el agua aparece como una pista para entender este rincón de La Jara.

Flock of sheep grazing. Alcaudete de la Jara, Toledo, Castile-La Mancha, Spain

Flock of sheep grazing. Alcaudete de la Jara, Toledo, Castile-La Mancha, Spain

Foto: LBM1948, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El Gévalo atraviesa el término de Alcaudete de la Jara de sur a noroeste y continúa como afluente del Tajo. A su lado se encuentra el pueblo, en una vega honda rodeada de colinas de elevación mediana. La escena parece sencilla: un cauce, una franja más baja y un caserío próximo. Pero las alturas que la rodean y los materiales que registra el término dibujan un paisaje más variado de lo que su aspecto llano podría sugerir.

El Gévalo y la pista del nombre

El río es una presencia concreta en la geografía local. Alcaudete está situado junto a él, y el cauce organiza una referencia visible dentro de un municipio recorrido de sur a noroeste. La propia historia del nombre podría conservar esa relación. Una explicación propuesta lo vincula con la expresión latina caput aquae, «cabecera de agua», y con el término árabe al; alude al Gévalo y a las fuentes existentes. Otra interpretación lo relaciona con el árabe alcalat, «el castillo», en referencia a la torre del lugar.

La primera propuesta conduce al agua; la segunda, a una construcción. La explicación de «lugar de las fuentes» es la más probable según la síntesis local, pero no convierte el nombre en un registro geológico: es una interpretación toponímica. Lo que sí puede observarse en el mapa municipal es la coincidencia entre el asentamiento, el río y una vega hondamente encajada en el paisaje circundante. Esa vecindad es el punto de partida para recorrer el terreno.

De las alturas del sur a la vega

El término desciende ligeramente de sur a norte y su relieve es predominantemente llano, aunque aparecen cerros dispersos. La altitud va desde los 730 metros en el sur hasta los 370 metros junto a las orillas del Gévalo. El pueblo se encuentra a 412 metros sobre el nivel del mar; el cerro del Burro alcanza los 596. Son cotas que permiten reconocer diferencias dentro del municipio, pero no describen por sí solas una pendiente continua ni explican cómo se formó cada valle o colina.

La imagen local se arma con esas piezas: una superficie mayormente llana, colinas de altura moderada y el cauce en una de las cotas más bajas citadas. La población aparece en la vega, circundada por esas elevaciones. El río, por tanto, no se cuenta aquí como una fuerza a la que se pueda atribuir sin más la creación del relieve, sino como el hilo geográfico que permite situar el pueblo en esa disposición de alturas. Su recorrido y la distancia vertical entre las cotas ayudan a leer la forma actual del término.

Un término de materiales distintos

La clasificación geotécnica municipal confirma que bajo Alcaudete de la Jara no hay una única clase de sustrato. La categoría con mayor proporción es «areniscas, conglomerados y flysch», con el 29,39 %; le siguen «pizarras y esquistos», con el 20,74 %, y «calizas, dolomías y mármoles», con el 16,41 %. También figuran gravas y arenas compactas, con el 14,52 %, y granito, gneis y rocas ígneas, con el 7,86 %.

Estos nombres describen grupos de materiales presentes en la clasificación del término municipal: rocas sedimentarias, metamórficas e ígneas, además de gravas y arenas. No son una columna de estratos bajo el pueblo ni una identificación de la roca de cada edificio. A escala municipal, lo importante para esta historia es la diversidad: el paisaje local se encuentra sobre una combinación de sustratos con comportamientos distintos, no sobre una sola superficie uniforme.

El dosier no ofrece edades ni una secuencia de formación para estos materiales, así que el recorrido no puede retroceder desde las colinas hasta un mar, un clima o un episodio geológico concreto. La diversidad sí puede ponerse en relación con otra característica del terreno que recoge el estudio: su permeabilidad general. Es una conexión útil para entender cómo el agua puede circular por el subsuelo, aunque no permite atribuir a un material determinado el origen de las fuentes o del cauce local.

El agua busca pasos en el subsuelo

La clasificación de permeabilidad describe formaciones generalmente impermeables o de muy baja permeabilidad. En términos sencillos, el agua encuentra dificultad para atravesar una formación intacta. El mismo registro contempla una excepción importante: la alteración o la fisuración pueden alojar acuíferos superficiales, por lo general poco extensos y de baja productividad, aunque localmente de interés. Las fracturas y las zonas alteradas abren así pasos donde el material ofrece resistencia.

Ese comportamiento ayuda a dar forma a una pregunta local: cómo conviven un cauce y unas fuentes con un subsuelo descrito, en términos generales, como poco permeable. La respuesta no es que el estudio demuestre la procedencia de cada manantial. Lo que aporta es un mecanismo posible para el terreno: el agua puede moverse o acumularse en zonas alteradas y fisuradas aun cuando las formaciones circundantes dejen pasar poca agua. Río, fuentes y subsuelo pertenecen al mismo paisaje, pero la clasificación no basta para establecer una relación causal entre ellos.

El estudio también registra áreas con expansividad de arcillas actuales o potenciales. La expansividad alude a cambios de volumen asociados a las arcillas; el dato, sin embargo, no sitúa esas áreas junto a una calle, una ladera o un edificio concreto. Aquí importa como parte del retrato general del terreno: junto a sustratos poco permeables y vías locales de circulación del agua, la clasificación reconoce que las arcillas pueden añadir otra forma de respuesta del suelo. El término contiene, por tanto, más de una condición geotécnica.

La imagen que permanece junto al Gévalo

Al volver al pueblo, el paisaje vuelve a concentrarse en la vega. Alcaudete se alza a 412 metros, junto al río, mientras la cota citada para sus orillas baja hasta los 370. Alrededor, los cerros dispersos rompen la uniformidad del relieve llano. A escala municipal, bajo esa escena hay areniscas, conglomerados, flysch, pizarras, esquistos, rocas carbonatadas, gravas, arenas y materiales ígneos o metamórficos, junto a formaciones de baja permeabilidad y zonas de expansividad arcillosa.

La población también deja una medida del tiempo humano: hacia mediados del siglo XIX se contabilizaban 671 habitantes; en 2025, el municipio tiene 1.720. Las cifras describen dos momentos, no explican por sí mismas qué cambió entre ellos. La geografía presente, en cambio, ofrece una imagen reconocible: el Gévalo recorriendo el término, la vega donde se sitúa el pueblo y las colinas que la acompañan. El nombre quizá recuerde las fuentes; el relieve confirma que el agua sigue siendo una de las claves para orientarse en Alcaudete de la Jara.

Tipos de terreno en Alcaudete de la Jara

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
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    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Pizarras y Esquistos
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    Pizarras y Esquistos

    Rocas metamórficas caracterizadas por su foliación (planos de debilidad paralelos o pizarrosidad). Muy frecuentes en Galicia, Asturias, norte de León, Extremadura y Sierra Morena. Son macizos rocosos

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
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    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Gravas y Arenas compactas
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    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Granito, Gneis y rocas ígneas
    Neutro

    Granito, Gneis y rocas ígneas

    Rocas ígneas y metamórficas de altísima resistencia mecánica. Constituyen el sustrato más competente y estable. Predominan en el Sistema Central, Galicia, y afloramientos del zócalo hercínico. Aunque

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