Historia geológica Localidad Torreblascopedro

Torreblascopedro, el cauce bajo las calles

En septiembre de 2008, tres días de lluvia intensa inundaron calles y casas de Torreblascopedro asentadas sobre un antiguo cauce. Para entender por qué el agua encontró allí su camino hay que mirar las lomas, los ríos y la historia de cómo se fue ocupando este paisaje.

Torreblascopedro visto desde el norte, con Sierra Mágina al fondo y los campos del término en primer plano.

Torreblascopedro visto desde el norte, con Sierra Mágina al fondo y los campos del término en primer plano.

Foto: Veinticuatro de Jahén, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Entre el 22 y el 24 de septiembre de 2008 llovió con gran intensidad en Torreblascopedro. Varias calles y casas quedaron inundadas: estaban en el antiguo cauce de un río. La escena reúne dos tiempos en el mismo lugar. El agua cayó durante unos días; el corredor que ocupaba, en cambio, pertenecía a una historia más larga del terreno. Siete meses antes ya había ocurrido otra inundación. La repetición convirtió aquel episodio en una de las mayores inundaciones conocidas por el pueblo y dejó clara la tensión entre una ruta natural del agua y el espacio habitado.

El cauce antiguo bajo las calles

Un cauce no desaparece del relieve solo porque deje de llevar agua de manera habitual. Su trazado puede permanecer como una franja baja, una vía que el agua vuelve a ocupar cuando las condiciones lo permiten. En 2008, la explicación local de las calles y casas inundadas fue precisamente su ubicación sobre un cauce antiguo. No se trató de una avenida atribuida a los ríos que limitan el municipio: la descripción del episodio no identifica aquel cauce con el Guadalquivir ni con el Guadalimar.

La lluvia tuvo una fecha concreta; la forma del terreno, no. Al caer con intensidad durante tres días, puso en primer plano una huella que la vida cotidiana podía dejar en segundo plano. Allí donde hubo una ruta fluvial se habían instalado calles y viviendas. El conflicto no exige imaginar una escena más dramática que la documentada: el agua inundó espacios ocupados, y el pueblo ya había vivido un episodio parecido siete meses atrás.

Ese segundo antecedente importa. La inundación de septiembre no quedó como un caso aislado en la cronología local: la repetición, en un intervalo breve, volvió visible la persistencia del antiguo corredor. El episodio de 2008 terminó en calles y casas inundadas, y esa huella quedó asociada a un cauce que seguía presente en el paisaje aunque ya no se reconociera como río activo.

De Cagasebo a la confluencia

El término de Torreblascopedro no es una llanura perfectamente plana. Su relieve es suave y ligeramente alomado, con cotas máximas de 452 metros cerca de Cagasebo. Hacia el límite occidental baja hasta unos 230 metros, en la confluencia del Guadalquivir y el Guadalimar. Entre esas referencias, el paisaje ofrece una sucesión discreta de altos y bajos: no hace falta una montaña abrupta para que el agua encuentre recorridos preferentes.

Los dos grandes ríos forman los límites meridional y septentrional del municipio y son sus principales arterias de drenaje. A ellos vierten sus aguas los arroyos del sector. Esta red ayuda a comprender el marco físico de Torreblascopedro, pero no permite asignar a uno de esos ríos la inundación de 2008. El relato local habla de un antiguo cauce bajo calles y casas; el Guadalquivir y el Guadalimar explican, a otra escala, cómo se organiza el drenaje del término.

También bajo las lomas aparece un mosaico de materiales. La caracterización geotécnica municipal agrupa un 69,85 % en la categoría de calizas, dolomías y mármoles; un 19,03 % en areniscas, conglomerados y flysch, y un 4,43 % en gravas y arenas compactas. Son categorías referidas al término, no una identificación de la roca bajo cada vivienda. Permiten reconocer que el subsuelo local no es uniforme, aunque por sí solas no explican qué material había bajo las calles inundadas.

Los sondeos recopilados para Torreblascopedro alcanzan profundidades muy distintas: seis perforaciones promedian 96,2 metros y la más profunda llega a 171. En esos registros, la profundidad media anotada para el agua es de 8 metros. Son una mirada vertical al subsuelo, distinta de la lectura del relieve que ofrecen Cagasebo y la confluencia occidental. La historia de la inundación se entiende mejor manteniendo juntas esas escalas, sin convertir una medida de sondeo en explicación automática del agua sobre las calles.

Una dehesa disputada entre Baeza y Lupión

Las primeras referencias fiables a Torreblascopedro aparecen en mapas y libros del término de Baeza durante el siglo XVIII. Entonces el poblamiento incluía cortijadas y casas dispersas, en una zona apreciada por sus pastos. Una casa del municipio conserva una moldura trapezoidal con la fecha de 1714, señalada como la construcción más antigua conocida. El nombre del lugar tampoco estaba fijado: los documentos lo llamaban Torre de Blasco Pedro, Torre de Velasco o Blascopedro.

En ese paisaje de casas separadas y tierras de pastoreo, la dehesa boyal llamada Torre de Velasco fue motivo de un pleito por su posesión. La disputa enfrentó el poder de Baeza con Lupión, una población que entonces tenía unos 80 habitantes. Resuelto el pleito, Baeza entregó el municipio al villazgo de Lupión en 1771. La historia local no fue solo la de vivir de la tierra: también fue decidir quién la administraba y a qué comunidad pertenecía.

En 1813 se presentó el primer escrito para solicitar la independencia de Lupión. La petición tardó décadas en convertirse en resultado: Torreblascopedro obtuvo la independencia en 1871 y quedó constituida como villa con su nombre definitivo. Mientras cambiaba su condición administrativa, también cambiaba el modo de aprovechar el suelo. Las huertas y los cereales, importantes en el siglo XVIII, fueron cediendo terreno al olivar.

El Paseo de la Constitución muestra el espacio urbano del núcleo actual, en un municipio cuyo poblamiento pasó de cortijadas dispersas a una villa consolidada.

El Paseo de la Constitución muestra el espacio urbano del núcleo actual, en un municipio cuyo poblamiento pasó de cortijadas dispersas a una villa consolidada.

Foto: Veinticuatro de Jahén, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

El olivar y el regadío cambian el pueblo

A mediados del siglo XIX, el aceite de oliva ya era la principal producción local. La ganadería siguió teniendo peso: se criaban ovejas y vacas, y la descripción histórica destaca la calidad de los pastos. A la vez, muchas familias fueron dejando los cortijos para concentrarse en la villa. La agricultura, el poblamiento y la identidad municipal cambiaban juntos, aunque cada proceso tuviera su propio ritmo.

En la segunda mitad del siglo XIX la población se cuadruplicó y superó ampliamente el millar de personas. El impulso más marcado llegó en la década de 1950. La población pasó de 3.253 a 4.017 habitantes, su máximo registrado, gracias a nuevos cultivos más rentables asociados al regadío y al Plan Jaén, que creó el pueblo de colonización de Campillo del Río.

Campillo del Río se encuentra a ocho kilómetros del núcleo principal. Hoy es conocido por su producción de espárrago blanco, la mayor de la provincia según la descripción municipal, y por la introducción de cultivos alternativos. El crecimiento de los años cincuenta muestra otra relación con el agua: el regadío contribuyó a transformar la economía y atrajo población. Esa expansión agrícola no explica por sí misma la inundación de 2008; pertenece a otra historia del mismo territorio, la de cómo sus habitantes han organizado la producción y el asentamiento.

Después de aquella década de auge, la falta de trabajo y los bajos salarios empujaron a muchas personas a emigrar a Madrid, Barcelona, Francia y Alemania. La tendencia continuó hasta 1980, cuando la población se estabilizó en torno a los 3.000 habitantes. El dato de 2025 es de 2.382 para el municipio, que comprende Torreblascopedro y Campillo del Río. Así, el paisaje que sostiene la vida cotidiana ha visto dispersarse cortijos, crecer una villa y consolidarse un segundo núcleo.

La lluvia vuelve a la huella

En septiembre de 2008, la lluvia intensa llevó la atención de nuevo a la parte más antigua de esa historia física. Varias calles y viviendas se anegaron porque ocupaban el cauce de un río antiguo. Siete meses antes había sucedido algo parecido. Esos son los dos resultados que deja el episodio: la inundación de espacios habitados y la repetición del fenómeno en un intervalo corto.

Torreblascopedro se reconoce en sus lomas suaves, en los ríos que encauzan el drenaje del término y en una historia agraria que dio forma a sus núcleos. Pero bajo las calles, un cauce antiguo conserva otra clase de memoria: la del recorrido que el agua tuvo allí. En 2008, durante tres días de lluvia, esa huella dejó de ser solo una forma del terreno y volvió a hacerse presente en el pueblo.

Tipos de terreno en Torreblascopedro

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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Perfil estratigráfico típico

Corte orientativo del subsuelo en Torreblascopedro

Gravas y Arenas compactas 0–6 m
Areniscas, Conglomerados y Flysch 6–21 m
Calizas, Dolomías y Mármoles 21–41 m+

Perfil orientativo basado en tipos de suelo GEODE y espesores típicos CTE


Riesgo sísmico en Torreblascopedro

Moderado
Magnitud máxima registrada M 3.1 Escala de Richter
MáxM 3.1
MediaM 2.53
Máx Media
Eventos registrados
3
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 2.6) ocurre aprox. cada 15 años.
Mayores registrados
  • 1 M 3.1 2014
  • 2 M 2.7 2014
  • 3 M 1.8 2011
Último sismo registrado
2014
M 3.1 · hace 12 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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