Historia geológica Localidad Santovenia de la Valdoncina

Santovenia, el altiplano que entrega sus aguas

Entre el alto de Las Naves y los arroyos que bajan hacia el Bernesga, Santovenia se organiza sobre un paisaje de suaves diferencias. Bajo ese relieve, arenas, gravas, areniscas y arcillas dan forma a un terreno donde el agua encuentra distintos caminos.

Una calle de Santovenia de la Valdoncina, uno de los cinco núcleos del municipio asentado sobre el altiplano.

Una calle de Santovenia de la Valdoncina, uno de los cinco núcleos del municipio asentado sobre el altiplano.

Foto: David Perez, CC BY 4.0 — commons.wikimedia.org

En Santovenia de la Valdoncina, la historia del paisaje se lee en las alturas y en los cursos de agua que las atraviesan. El término municipal ocupa un altiplano, interrumpido por páramos y elevaciones aisladas; entre ellas, el cerro Las Naves alcanza 890 metros al norte. Hacia el este, un arroyo discurre a 820 metros. El pueblo se encuentra a 841 metros sobre el nivel del mar. Son cotas que ponen escala a una transformación todavía visible: la superficie relativamente elevada convive con una red de arroyos que conduce sus aguas hacia el Bernesga.

El altiplano de Santovenia marca las alturas

La primera protagonista es esa superficie alta, no como una mesa perfectamente plana, sino como un conjunto de altiplano, páramos y relieves aislados. El terreno municipal oscila entre los 890 metros al norte-noroeste y los 820 metros junto a un arroyo al este. La diferencia entre esos extremos es de 70 metros. El núcleo de Santovenia, a 841 metros, queda entre ambos valores. Las cifras no dibujan por sí solas una pendiente uniforme, pero permiten reconocer el contraste: las elevaciones del término se alzan sobre los cursos bajos que lo recorren.

Las Naves da una referencia concreta a ese relieve. El cerro, en el norte, comparte el punto más alto señalado para el municipio. En el otro extremo, la cota de 820 metros está asociada a un arroyo oriental. Entre ambos, el altiplano ofrece el marco en que se distribuyen los pueblos y los cauces. No hace falta imaginar una montaña abrupta para que el agua tenga trabajo: cuando llueve, parte del agua corre sobre la superficie y puede desgastar y transportar partículas; otra parte se infiltra por los poros del terreno. Qué camino domina depende, entre otras cosas, de los materiales que encuentra.

El Oncina reúne las líneas del agua

En la red local, el arroyo de Oncina es el eje orográfico más importante. Los cursos del municipio son tributarios del Bernesga: el Oncina organiza la referencia principal, mientras que el arroyo del Valle llega desde La Virgen del Camino y se une al Oncina a la altura de Onzonilla. Al norte, el arroyo de Fontanillas discurre por las proximidades de Villacedré. No son nombres aislados en un mapa: juntos permiten seguir cómo se conectan distintos sectores del término con una red de drenaje mayor.

La acción del agua tiene dos caras. Al desplazarse por la superficie puede arrastrar partículas; al infiltrarse puede avanzar por los espacios entre granos y alimentar acuíferos. Un cauce, además, concentra agua en una franja reconocible del paisaje. En Santovenia, las fuentes describen los arroyos y su relación con el Bernesga, pero no asignan una edad a esos cursos ni explican cuándo se establecieron. Lo que sí muestran es el resultado actual: el altiplano no es una superficie cerrada, sino un territorio enlazado por cauces tributarios.

Ese contraste entre superficie alta y arroyos es el conflicto que mantiene en movimiento el paisaje: el agua busca salida y los materiales ofrecen distintas resistencias y vías de paso. El relieve municipal, con elevaciones aisladas y cursos a menor cota, deja ver esa organización. No es necesario convertirla en una historia de grandes barrancos. Aquí el hilo se sigue en la escala de un arroyo, una elevación y una red que conduce las aguas hasta el Bernesga.

Arenas y areniscas en el terreno municipal

El estudio geotécnico clasifica los materiales del término en tres grupos. A las areniscas, conglomerados y flysch les asigna el 41,93 %; a las gravas y arenas compactas, el 40,03 %; y a las arenas finas y limos, el 17,14 %. Son categorías de alcance municipal, no una identificación de la roca bajo cada casa, camino o iglesia. En conjunto, sin embargo, describen un subsuelo variado: materiales de grano grueso y fino, junto a rocas sedimentarias, aparecen en la clasificación del terreno de Santovenia.

Los nombres cuentan diferencias que importan al agua. La arena está formada por granos; la grava reúne partículas más gruesas; el limo es más fino. Una arenisca es una roca compuesta por granos de arena unidos, mientras que un conglomerado contiene fragmentos de mayor tamaño cementados entre sí. Flysch nombra una sucesión de capas sedimentarias. El estudio no precisa aquí la edad ni el ambiente en que se originaron estos materiales, así que no cabe situarles un mar o un clima concreto. Sí permite reconocer que el municipio no está hecho de un único material uniforme.

La iglesia de San Juan Evangelista en Santovenia. El edificio sitúa la mirada en el núcleo local, dentro del paisaje municipal descrito.

La iglesia de San Juan Evangelista en Santovenia. El edificio sitúa la mirada en el núcleo local, dentro del paisaje municipal descrito.

Foto: Raulito85, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La variedad también ayuda a entender por qué el comportamiento del agua no se resume en una sola respuesta. La ficha geotécnica asigna a la permeabilidad la clase 1, litología A-1, y describe acuíferos generalmente extensos, muy permeables y productivos. En términos sencillos, la permeabilidad expresa la facilidad con que el agua puede atravesar los espacios conectados de un material. La clasificación apunta a condiciones favorables para la circulación subterránea en las áreas a las que se refiere; no identifica pozos concretos ni permite atribuir un caudal a un arroyo determinado.

Las arcillas plantean otra resistencia

En el mismo terreno aparece otra posibilidad: la expansividad de las arcillas. El estudio registra procesos potenciales de expansión de arcillas actuales o potenciales, y distingue dos situaciones. Cuando las arcillas son subordinadas o se emplazan en zonas climáticas sin déficit anual de humedad, el riesgo se califica de bajo a moderado. Si son localmente predominantes y se emplazan en zonas con déficit anual de humedad, el riesgo se considera moderado a alto. La ficha no ubica aquí esas situaciones en parcelas concretas; son categorías que describen comportamientos posibles, no daños que deban darse por ocurridos.

La explicación está en la respuesta de ciertos materiales arcillosos a los cambios de humedad: pueden aumentar o reducir su volumen. Esa variación puede influir en el terreno y en las obras que lo ocupan, aunque la clasificación municipal no basta para anticipar el comportamiento de un edificio particular. El estudio también señala movimientos actuales o potenciales, principalmente deslizamientos en formaciones blandas. La advertencia completa el retrato del subsuelo: junto a materiales que permiten el paso del agua, hay formaciones cuya respuesta puede cambiar con la humedad o cuya consistencia ofrece menos resistencia.

Así, el agua se encuentra con un terreno de contrastes. Una parte puede infiltrarse en materiales muy permeables; en otros lugares, las arcillas pueden responder a la humedad y las formaciones blandas pueden ser susceptibles a movimientos. Estos procesos están recogidos como posibilidades geotécnicas, no como un episodio local fechado. Su importancia para el relato está en la relación entre superficie y subsuelo: mientras los arroyos reúnen el agua en cauces, las propiedades del terreno condicionan cómo puede atravesarlo o afectar a sus laderas.

Villacedré y los pueblos del mismo altiplano

La red de arroyos da cohesión a un municipio compuesto por cinco núcleos: Santovenia, Quintana de Raneros, Ribaseca, Villacedré y Villanueva del Carnero. Fontanillas sitúa uno de esos cursos cerca de Villacedré; el Oncina y el arroyo del Valle articulan otras referencias del entorno. La geología disponible se expresa para el término municipal, de modo que no permite asignar a cada pueblo una categoría distinta de materiales. Lo que sí hace visible es un escenario compartido: varios núcleos se encuentran dentro de un mismo paisaje de altiplano, elevaciones y cauces tributarios.

También la vida cotidiana ha trazado conexiones sobre ese relieve. El término está atravesado por la Autovía Ruta de la Plata, la N-630 y la carretera CL-622, además de caminos locales que enlazan con los municipios vecinos. Santovenia se encuentra a nueve kilómetros de León. Las carreteras no explican el origen geológico de la superficie, pero añaden una capa humana al mapa: los cauces ordenan el drenaje y las vías conectan los pueblos que comparten ese terreno. La descripción municipal pone así en relación escalas distintas, desde los materiales del subsuelo hasta las rutas entre localidades.

La dimensión humana también ha cambiado con el tiempo. A mediados del siglo XIX se contabilizaban 98 habitantes en el lugar de Santovenia; en 2025 el municipio reunía 2.058 habitantes y comprendía los cinco núcleos. Son cifras de ámbitos que no deben confundirse: la primera se refiere al lugar y la segunda al municipio. En 1916, además, el nombre municipal pasó de Santovenia a Santovenia de Valdoncina. El relieve permaneció como escenario de esa historia administrativa y demográfica, aunque el nombre y la escala de la comunidad registrada cambiaran.

El Oncina y el mapa que permanece

El desenlace de este recorrido no es la desaparición de una elevación ni un cauce que haya vencido al terreno. Es la organización que hoy puede reconocerse: un altiplano con páramos y cerros aislados, un punto alto en Las Naves, cotas menores junto a los arroyos y varios cursos que tributan al Bernesga. El Oncina conserva su papel de eje orográfico; el arroyo del Valle se le une en Onzonilla y Fontanillas pasa cerca de Villacedré. Ese es el estado documentado de la red y de sus relaciones.

El agua sigue encontrando caminos entre materiales distintos, mientras el estudio geotécnico describe un subsuelo de areniscas, conglomerados, flysch, gravas, arenas, limos y arcillas. Así se cierra el recorrido: no con un paisaje inmóvil, sino con un equilibrio reconocible entre alturas, cauces y terreno. Desde el pueblo a 841 metros, Santovenia queda en medio de ese mapa: no aislada sobre el altiplano, sino enlazada por sus arroyos con el Bernesga.

Tipos de terreno en Santovenia de la Valdoncina

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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