Historia geológica Localidad Santo Tomé

Santo Tomé, una tierra de muchas vidas

Mucho antes de la torre de la iglesia, hubo cabañas circulares en las inmediaciones de Santo Tomé. A través de sus huellas se descubre cómo distintas comunidades ocuparon y trabajaron este valle, mientras el terreno ofrecía recursos y también imponía sus condiciones.

La iglesia de Santo Tomás y su torre, una construcción defensiva del siglo XIV que más tarde se incorporó como campanario.

La iglesia de Santo Tomás y su torre, una construcción defensiva del siglo XIV que más tarde se incorporó como campanario.

Foto: Veinticuatro de Jahén, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

La torre del campanario de Santo Tomás destaca hoy entre las construcciones antiguas de Santo Tomé. Pero la historia de quienes buscaron un lugar para vivir aquí empezó mucho antes de que existiera el pueblo. En el valle del alto Guadalquivir, las herramientas y los restos de cabañas acercan al lector a comunidades que cultivaron, pastorearon y levantaron viviendas junto a un terreno que no era solo escenario: de él dependía buena parte de su vida cotidiana.

Las primeras cabañas buscan suelo en Santo Tomé

Los vestigios más antiguos hallados en el término municipal corresponden, por ahora, al Neolítico final. Hay cerámica hecha a mano y útiles de piedra: puntas de flecha, dientes de hoz y machacadores. No cuentan una escena completa, pero sí revelan actividades y materiales trabajados por personas que ya habitaban este entorno. Después, entre finales del IV milenio y los primeros siglos del III milenio antes de nuestra era, un pequeño asentamiento se estableció en las inmediaciones de Santo Tomé.

Sus habitantes buscaban tierras para cultivar y pastorear, y su modo de ocuparlas dejó una huella concreta. Levantaron cabañas circulares, algunas sin cimentación y otras ligeramente excavadas. En la base colocaron piedras pequeñas; por encima, cañas y ramas trabadas con barro. Eran construcciones ligeras, asentadas directamente sobre el terreno o apenas hundidas en él. La forma de las casas respondía a una necesidad inmediata: hacer un lugar habitable con los materiales descritos para sus paredes y con poca obra bajo el suelo.

El cultivo también tenía un coste. El relato arqueológico recoge que aquellas comunidades quemaban bosque y aprovechaban las cenizas como fertilizante; después explotaban el suelo hasta agotarlo. Así, la búsqueda de tierras fértiles contenía su propio conflicto: la tierra permitía producir, pero su uso podía acabar empobreciéndola. No se trata de atribuir a estas personas una decisión moderna de conservación o de abandono; lo documentado es una práctica de cultivo y el agotamiento del suelo que seguía a su explotación.

El sustrato que sostiene el valle

Debajo de esa historia humana hay un mapa geológico más amplio que las cabañas. El estudio geotécnico de Santo Tomé clasifica como calizas, dolomías y mármoles el 82,11 % de los materiales del municipio; las areniscas, conglomerados y flysch representan el 4,25 %. Son categorías de materiales del término municipal, no una identificación de la roca bajo cada vivienda antigua. La distinción importa: permite describir el sustrato local sin convertir un dato municipal en una afirmación sobre un punto concreto.

Las calizas y dolomías pertenecen a las formaciones carbonatadas que el estudio señala con grados distintos de karstificación. La karstificación es el cambio que produce la disolución gradual de rocas carbonatadas por el agua; allí donde actúa puede originar conductos y cavidades, y el informe incluye también zonas con posibles hundimientos kársticos. No es una explicación del emplazamiento de las cabañas, que las fuentes no relacionan con ese proceso. Sí completa el retrato del terreno: bajo un paisaje utilizado para vivir y cultivar, hay materiales que pueden responder al agua de maneras diferentes.

La Casa Grande, junto a la torre de la iglesia, muestra otro de los edificios históricos que forman parte del núcleo de Santo Tomé.

La Casa Grande, junto a la torre de la iglesia, muestra otro de los edificios históricos que forman parte del núcleo de Santo Tomé.

Foto: Veinticuatro de Jahén, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

Montiel: las cabañas vuelven a aparecer

A unos dos kilómetros del núcleo urbano se encuentra la Agrupación de Santo Tomé, conocida también como Montiel. Cerca de allí hay un yacimiento de la Edad del Cobre. En 1983, un equipo de arqueólogos del entonces Colegio Universitario de Jaén abrió dos catas para estudiar su estratigrafía, es decir, la disposición de los niveles excavados. Las excavaciones confirmaron un asentamiento con varias cabañas circulares y la superposición de sucesivas culturas.

La superposición da a Montiel una fuerza especial: no es una sola comunidad detenida en el tiempo, sino un lugar donde distintas ocupaciones dejaron niveles sucesivos. Las cabañas circulares recuerdan las viviendas del asentamiento próximo a Santo Tomé, aunque los datos no autorizan a convertir ambos emplazamientos en una sola historia continua. Lo que sí muestran es que la forma de construir con plantas circulares reaparece en restos de distintos momentos. La tierra que recibió aquellas casas conserva huellas de más de una etapa de ocupación.

En la actualidad, la Agrupación es un núcleo de alrededor de un centenar de casas, creado como consecuencia de la colonización agraria en Andalucía. Su iglesia y su escuela están cerradas; el bar es el único servicio señalado para sus habitantes, que deben desplazarse para acudir, entre otros lugares, al colegio, la iglesia o el centro médico. La proximidad entre el núcleo actual y el yacimiento pone en contacto dos historias de vida rural, separadas por milenios pero reunidas en el mismo entorno.

Las Graveras y el Cerro de las Albahacas

Las huellas de ocupación no se limitan a la prehistoria. Durante el dominio romano hubo numerosas villas rústicas en la zona, entre ellas la de Las Graveras. También se conservan referencias a una lápida funeraria de época visigoda, hoy en el Museo Arqueológico Provincial. Cada una pertenece a un tiempo distinto: nombrarlas juntas no significa que sus habitantes convivieran, sino que el territorio siguió formando parte de paisajes rurales habitados en épocas sucesivas.

El Cerro de las Albahacas añade otro capítulo, aunque su identificación histórica continúa en discusión. Desde 2002, prospecciones del Centro Andaluz de Arqueología Ibérica de la Universidad de Jaén han señalado ese cerro, en las cercanías de Santo Tomé, como el lugar donde pudo librarse la batalla de Baecula, durante la segunda guerra púnica. La atribución se mantiene debatida. Aun con esa cautela, el episodio sitúa la comarca en una historia de movimientos y disputas mucho más amplia que la de sus asentamientos agrícolas.

La torre acompaña la fundación del pueblo

En época musulmana, la zona fue una de las alquerías del entorno y contaba con una torre para protegerla. Tras la conquista cristiana, la torre aparece mencionada en crónicas y más tarde fue reutilizada como campanario. La torre que hoy se considera la construcción más antigua de Santo Tomé tiene origen cristiano y data del siglo XIV; había servido como atalaya, un puesto elevado de vigilancia. El edificio cambió de función: de construcción defensiva pasó a integrarse en la iglesia parroquial.

En 1438, el arzobispo de Toledo autorizó a Pero Díaz de Toledo a fundar la población. Según su propio relato, al llegar encontró solo un cortijo y una vieja torre. La diferencia entre ese pequeño núcleo y el pueblo que crecería alrededor muestra una nueva etapa en la historia del lugar: las referencias a viviendas dispersas y torres dieron paso a una fundación reconocida. Junto a la iglesia se conserva también la Casa Grande, construcción civil del siglo XVI, rehabilitada en 2006 como residencia para personas mayores.

El terreno sigue formando parte de la vida local, ahora en un paisaje agrícola donde predominan el olivar y también se cultivan cereales y hortalizas; el espárrago gana presencia en la vega del Guadalquivir. Cada 15 de mayo, la romería de San Isidro lleva a los tomeseños hasta el río. La torre continúa en pie, pero ya no vigila como atalaya: acompaña a un pueblo fundado junto a una vieja construcción, en un valle que ha sostenido asentamientos, cultivos y nuevas formas de vivir.

Tipos de terreno en Santo Tomé

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

    Ver ficha
  • Areniscas, Conglomerados y Flysch
    Advertencia

    Areniscas, Conglomerados y Flysch

    Rocas sedimentarias formadas por la cementación de fragmentos de otras rocas preexistentes. Incluyen areniscas (arena cementada), conglomerados (gravas cementadas) y la alternancia rítmica de arenisca

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Riesgo sísmico en Santo Tomé

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.1 Escala de Richter
MáxM 2.1
MediaM 1.68
Máx Media
Eventos registrados
5
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.6) ocurre aprox. cada 10 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.1 2024
  • 2 M 1.7 2022
  • 3 M 1.6 2008
Último sismo registrado
2024
M 2.1 · hace 2 años
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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