Historia geológica Localidad Purullena

Purullena, vidas bajo el altiplano

Sobre el barranco que domina el Fardes, una comunidad levantó un poblado fortificado hace casi cuatro mil años. Mucho después, las casas cueva dieron otra forma a la vida de Purullena, junto a un paisaje de ríos, llanos y cárcavas.

Vista aérea de Purullena, con el núcleo urbano entre las formas del relieve que desciende hacia el entorno del Fardes.

Vista aérea de Purullena, con el núcleo urbano entre las formas del relieve que desciende hacia el entorno del Fardes.

Foto: kallerna, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

En Purullena, el terreno no es un fondo inmóvil. El altiplano desciende hacia el Fardes, los barrancos cortan sus bordes y, en algunos lugares, las viviendas se adentran en la tierra. La historia que une esas formas no es una sola obra ni una ocupación continua: es una sucesión de maneras de vivir en un paisaje que ofrece alturas, pasos y refugios. Hace unos 3.800 años, un poblado de la cultura argárica se instaló sobre un barranco con vistas al río. Siglos después, las casas cueva aparecen en los documentos y se multiplican. Entre ambas escenas, el Fardes sigue siendo una referencia física en el mapa local.

El Fardes al pie del altiplano

Purullena se encuentra en la comarca de Guadix, dentro de un relieve de altiplano atravesado por dos ríos. El Alhama, procedente de Sierra Nevada, recorre el municipio y desemboca en el Fardes. Este último se dirige hacia el norte desde el embalse de Francisco Abellán. El pueblo se alza a 935 metros sobre el nivel del mar; en el término, la altitud va desde los 993 metros al sur, cerca del casco urbano, hasta los 800 metros junto al Fardes. Es un desnivel de casi doscientos metros que ayuda a entender por qué el paisaje alterna superficies altas con cauces y barrancos.

El agua pone en relación esos niveles, pero no hace falta imaginar un río que haya creado por sí solo cada forma del relieve. Lo que sabemos es que el Fardes sirve de referencia para varios episodios de la historia local. La Cuesta del Negro se sitúa sobre un barranco que lo domina; al norte del curso del río están las cuevas-refugio acantiladas de los Algarbes del Tablar; y en época andalusí se construyeron torres defensivas sobre el Fardes. En Purullena, la posición respecto al río y a las alturas reaparece una y otra vez, aunque cada comunidad la aprovechó de manera distinta.

Cuesta del Negro vigila el barranco

La primera gran escena documentada se remonta a la prehistoria. La zona estuvo habitada, al menos, entre 3000 y 1800 a. C.; en torno a 1800 a. C. se sitúa el poblado agroganadero argárico de la Cuesta del Negro. El asentamiento ocupaba una posición sobre el barranco y dominaba el Fardes. Allí se han hallado restos de un recinto fortificado y una necrópolis con ajuar funerario. No son solo objetos aislados: juntos hablan de un lugar ocupado y defendido, donde también se enterraba a los muertos.

El poblado encontró un paisaje con recursos distintos a corta distancia. La información histórica sobre la zona registra cultivos de regadío en torno al Fardes y cultivos de secano en el altiplano. También menciona ganadería ovina y caprina y caza en los bosques de la meseta. Esa combinación permite comprender la importancia de ocupar una altura próxima al río: el asentamiento estaba asociado tanto al terreno elevado como a un cauce y a distintos espacios de aprovechamiento. La fortificación y la necrópolis permanecen como huellas de aquella comunidad, aunque no reconstruyan por sí solas cada detalle de su vida cotidiana.

La Cuesta del Negro es uno de los principales yacimientos argáricos de la provincia de Granada, junto al Cerro de la Encina de Monachil. Su cronología lleva la historia local mucho más atrás que los documentos escritos y cambia la escala de la mirada: el municipio actual, con sus núcleos y caminos, descansa en una comarca habitada desde la prehistoria. El primer capítulo no cuenta todavía la historia de las casas cueva. Cuenta cómo una comunidad eligió una posición sobre el barranco y dejó allí defensas y enterramientos.

Un subsuelo de arenas, gravas y roca

¿Qué hay bajo ese paisaje? El estudio geotécnico de Purullena distingue arenas finas y limos, que representan el 51,28 % de las categorías consignadas, y gravas y arenas compactas, con un 25,41 %. También registra calizas, dolomías y mármoles, con un 17,53 %, además de una categoría de masa de agua del 3,79 %. La relación describe materiales distintos, no una única superficie uniforme: arenas y limos son sedimentos de grano fino; las gravas son fragmentos más gruesos; y las calizas, dolomías y mármoles son rocas.

La diferencia importa porque los materiales no responden todos igual. Una formación blanda puede deformarse o desplazarse con más facilidad que un material compacto; por eso el estudio señala áreas con movimientos actuales o potenciales, principalmente deslizamientos en formaciones blandas. No presenta una sucesión estratigráfica del municipio ni explica el origen de cada material, así que no cabe convertir esas categorías en una historia única de formación. Sí permiten reconocer un sustrato variado y una condición relevante del relieve: en algunos terrenos blandos, la estabilidad puede ser un problema. Esa advertencia ofrece un contrapunto geológico a las alturas y los barrancos que aparecen en la historia local.

En la superficie, los ríos y el altiplano sitúan los lugares; bajo ella, el mosaico de sedimentos, gravas y rocas recuerda que el suelo municipal no es idéntico en todas partes. Esta lectura ayuda a no confundir escalas: una clasificación geotécnica describe materiales del ámbito estudiado, pero no asigna automáticamente una composición concreta a una torre, una casa o una cueva. La trayectoria de las viviendas subterráneas se sostiene en otra evidencia: su presencia documentada en Purullena y su crecimiento a lo largo del tiempo.

El paisaje de badland de Purullena muestra los barrancos y relieves que dan forma al escenario local.

El paisaje de badland de Purullena muestra los barrancos y relieves que dan forma al escenario local.

Foto: Emiliojbm, CC BY-SA 4.0 — commons.wikimedia.org

De 25 casas cueva a 600

En 1554 aparece la primera mención conocida a viviendas trogloditas en Purullena. Los Libros de Apeo y Repartimientos citan entonces veinticinco casas cueva. No es aún la cifra de una población entera viviendo bajo tierra, pero sí prueba que esta forma de vivienda ya estaba presente y era reconocible en la localidad. La palabra “cueva” aquí nombra una casa, no solo un refugio natural: el registro la incorpora al recuento de viviendas del pueblo.

Durante el siglo XVIII, el uso de casas cueva aumentó notablemente. El Catastro de la Ensenada describió 600. La distancia entre las veinticinco casas citadas en 1554 y las seiscientas del siglo XVIII muestra una expansión importante, aunque las dos cifras pertenecen a recuentos de épocas distintas. En vez de atribuir ese cambio a una causa no documentada, basta con seguir lo que revelan: durante generaciones, la vivienda excavada formó parte de la manera de habitar Purullena. El paisaje de cuevas no es un apéndice pintoresco de su historia; aparece en los documentos como parte de su tejido doméstico.

En el municipio también se encuentran las cuevas de los Algarbes del Tablar, descritas como un conjunto de cuevas-refugio acantiladas al norte del Fardes, y las cuevas de Almagruz, dentro del cortijo del mismo nombre. Estas últimas podrían corresponder a un conjunto rupestre ocupado en la Alta Edad Media por comunidades eremíticas. Son lugares con historias propias: no conviene confundirlos con las viviendas mencionadas en el siglo XVI ni atribuirles la misma función. En conjunto, muestran que la relación local con espacios excavados tuvo más de una forma y más de un momento.

El río se convierte en frontera

La posición junto al Fardes tuvo también un papel defensivo en época andalusí. Sobre el río se construyeron torres para impedir la penetración de los caballeros cristianos acampados en Jaén. La frontera adquirió especial protagonismo durante la última etapa islámica, bajo el Reino nazarí de Granada. A diferencia del poblado de la Cuesta del Negro, estas torres pertenecen a otro tiempo y a otro conflicto: aquí la altura y el curso del río se integran en una línea de defensa.

El episodio llegó a un cambio de poder en 1489, cuando la zona cayó en manos de los Reyes Católicos y fue cedida a Don Juan de Benavides. Poco después, Purullena pasó a ser una pedanía de Marchal. En el siglo XVI recibió el título de Villa Real, que todavía forma parte de su denominación municipal; en 1627 Felipe IV concedió el título de Marquesa de Villa Real de Purullena a María de Benavides de la Cueva y Sandoval. La frontera dejó de organizarse del mismo modo, pero las torres y los nombres patrimoniales conservaron la huella de aquella etapa.

La vida cambia, las huellas permanecen

A mediados del siglo XX, el éxodo rural llevó a habitantes de Purullena al extranjero y a zonas industriales o turísticas de España. El cambio alteró la relación entre población y vivienda que había quedado registrada en los siglos anteriores. La localidad siguió vinculada a la cerámica: a mediados de ese siglo funcionaba el alfar de Francisco Ortiz Plaza, donde trabajó el alfarero accitano Miguel Cabrerizo López. Allí se trabajaban técnicas, modelos y ornamentos que en ocasiones procedían de época nazarí. La tradición material encontraba así otra continuidad, esta vez en objetos de barro y en el trabajo alfarero.

Hoy, la memoria de Purullena se reparte entre lugares y vestigios de distintas épocas: el recinto fortificado y la necrópolis de la Cuesta del Negro, las torres asociadas al Fardes y las casas cueva que aparecen en los registros históricos. No forman una sola historia ni responden a una misma causa geológica. Juntas, sin embargo, hacen visible cómo las comunidades ocuparon un territorio de ríos, alturas y materiales variados, y cómo transformaron sus formas de habitarlo.

Vuelve al barranco sobre el Fardes: allí la altura que servía de escenario al poblado argárico abre una perspectiva distinta sobre Purullena. Las casas cueva pertenecen a una historia posterior, pero también hablan de una vida moldeada por el terreno. En el altiplano, la tierra no fue únicamente el suelo bajo los pies: fue lugar de defensa, de vivienda y de permanencia.

Tipos de terreno en Purullena

Suelos característicos de la zona, ordenados por relevancia.

  • Arenas finas y limos
    Peligro

    Arenas finas y limos

    Suelos granulares finos a muy finos de compacidad media a floja. Típicos en llanuras de inundación y litorales. Aunque soportan viviendas ligeras, son suelos traicioneros ligados a procesos de agua: p

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  • Gravas y Arenas compactas
    Neutro

    Gravas y Arenas compactas

    Depósitos granulares de alta compacidad, típicamente asociados a terrazas fluviales antiguas (ríos Ebro, Duero, Tajo, Guadalquivir) y glacis pleistocenos. No tienen cohesión (no son arcillas) pero su

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  • Calizas, Dolomías y Mármoles
    Advertencia

    Calizas, Dolomías y Mármoles

    Rocas sedimentarias carbonatadas (y sus equivalentes metamórficos) de componente rígida. Típicas de los macizos montañosos de la Cordillera Cantábrica, Pirineos, Cordilleras Béticas y Baleares. Aunque

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  • Masa de agua
    Peligro

    Masa de agua

    Zona correspondiente a ríos, lagos, embalses, lagunas, marismas permanentes o franjas litorales sumergidas. El punto consultado se encuentra sobre una masa de agua identificada cartográficamente por e

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Riesgo sísmico en Purullena

Bajo
Magnitud máxima registrada M 2.1 Escala de Richter
MáxM 2.1
MediaM 1.85
Máx Media
Eventos registrados
2
Entre 1996 y 2026
Un sismo de magnitud similar al máximo (M ≥ 1.6) ocurre aprox. cada 15 años.
Mayores registrados
  • 1 M 2.1 2013
  • 2 M 1.6 2025
Último sismo registrado
2025
M 1.6 · hace 1 año
Datos orientativos de sismicidad histórica. La magnitud mínima considerada es 1.5. Fuente: Seismic Portal (EMSC/IGN).
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