Peñamellera Baja, la capital en movimiento
En apenas veintiún años, el centro administrativo del valle bajo pasó de Abándames a Panes. El cambio se entiende mejor al seguir la historia del territorio que los reúne: dos cuetos, el río Deva y un sustrato de rocas muy distintas.
Panes, actual capital de Peñamellera Baja, entre las laderas del valle.
En 1869, Peñamellera Baja se separó administrativamente del cueto alto y Abándames quedó como capital del valle bajo. La decisión no fijó el centro para siempre: en 1890 la capitalidad se trasladó a Panes, que aumentaba su población. Entre ambos cambios, un territorio acostumbrado a encajar en jurisdicciones distintas encontró una nueva forma de organizarse. El valle no se movió, pero sí el lugar desde el que se gobernaba.
La Loja conserva una huella paleolítica
La historia de Peñamellera Baja se remonta mucho más allá de sus divisiones administrativas. En Panes y sus alrededores, la cueva de La Loja guarda útiles líticos y un conjunto de arte parietal atribuido al Magdaleniense. Entre los grabados aparecen caballos y bisontes. Son huellas de presencia humana que sitúan el paisaje local en una escala temporal muy anterior a los primeros documentos escritos del concejo.
La cueva aporta una imagen concreta para abrir ese recorrido: marcas de animales y herramientas en un lugar reconocible del valle. El dosier no precisa la edad de cada objeto ni identifica la roca de la cueva, así que esas huellas no permiten adjudicarle una litología particular. Sí muestran que la historia de estas tierras no empieza con los nombres de sus capitales: antes de que hubiera un concejo llamado Peñamellera Baja, Panes y su entorno ya formaban parte de una historia humana mucho más antigua.
Un valle entre poderes y jurisdicciones
La primera prueba documental de Peñamellera data de 1032. En ese año, los condes Piniolo y Aldonza cedieron la mitad del territorio al rey leonés Bermudo III en un intercambio. Más tarde, la incorporación total al reino llevó a Fernando II a apartar estas zonas de Asturias para incluirlas en León, aunque la dependencia eclesiástica siguió vinculada al obispado de Oviedo. La pertenencia del valle, por tanto, no siempre coincidió en los mapas políticos y religiosos.
En 1340, Alfonso XI concedió un fuero que permitía a las gentes del concejo nombrar representantes sin acudir a los emplazamientos de la Merindad de Asturias de Santillana. En la Baja Edad Media aparecieron poderes señoriales, entre ellos el de los marqueses de Aguilar de Campoo. Las torres de Colosia y Siejo recuerdan esa presencia señorial; también se patrimonializaron cargos públicos. Y fue entonces cuando comenzó a expresarse la idea de separar el valle en dos unidades: el alto y el bajo.
La división tampoco borró los vínculos con territorios vecinos. En la Edad Moderna, Peñamellera formó parte de la mancomunidad de los cinco valles de la comarca de Burgos. Entre 1514 y 1522 compartió una jurisdicción independiente con San Vicente de la Barquera; en 1749 quedó agregada a la intendencia de Burgos y al Bastón de Laredo, y participó en la formación de la provincia de Cantabria en 1778. La agricultura y la ganadería siguieron presentes en la vida del valle, y un privilegio concedido por Carlos II eximió a sus habitantes de impuestos derivados de la venta de ganado.
El Deva, bajo vigilancia
En 1809, el río Deva entró en otra clase de historia. Durante la guerra de la Independencia, el valle sufrió la ocupación de las tropas francesas: el coronel Gauthier rompió la vigilancia establecida en el río e invadió el concejo. Las tropas regresaron en 1810. El dato no convierte al Deva en una frontera permanente, pero sí muestra que el río era una línea que los habitantes vigilaban en un momento de guerra.
El Deva conserva su lugar en la vida del concejo. La población se concentra sobre todo en sus alrededores, al norte, mientras el sur está más despoblado, con la excepción de la parroquia de Cuñaba. El río es así una referencia geográfica que ayuda a situar el valle y sus poblaciones. La fotografía del puente actual en Panes acerca esa presencia cotidiana; no representa la incursión francesa, sino el río que aparece en el episodio de 1809.
El puente actual cruza el Deva en Panes. El río aparece en el episodio de 1809 como una línea cuya vigilancia fue rota.
En 1833, Peñamellera y Ribadedeva volvieron a integrarse en Asturias. La relación con Asturias nunca se había perdido del todo: aunque administrativamente el territorio pertenecía a Castilla, eclesiásticamente dependía de la diócesis de Oviedo y formaba parte de la Asturias de Santillana. Con el cambio reapareció una pregunta más local: dónde debía situarse la capital. Las discusiones enfrentaron a Alles y Abándames, dos nombres del valle, mientras la organización histórica de los cuetos alto y bajo seguía pesando en la administración.
Abándames gana y pierde la capital
La resolución llegó en 1869, cuando los dos cuetos se separaron administrativamente. Abándames pasó a ser la capital del valle bajo, un papel que había tenido el cueto bajo en la organización anterior. La decisión dio un centro propio a la unidad recién diferenciada, pero su duración fue limitada: en 1890 la capitalidad se trasladó a Panes. La imagen de Abándames permite reconocer el lugar asociado a aquella primera etapa de la Peñamellera Baja separada.
Vista de Abándames, capital del valle bajo tras la separación administrativa de 1869.
El paso de Abándames a Panes no fue una nueva división del terreno, sino un cambio de centro administrativo dentro del mismo valle. La población de Panes había aumentado progresivamente y el traslado dejó allí la capital. En esa secuencia se resuelve la disputa sobre dónde situar el centro: primero Abándames, después Panes. El mapa político cambió de escala y de sede, mientras los cuetos y el río seguían reuniendo las poblaciones del concejo.
Calizas, pizarras y un sustrato variado
Bajo el concejo no hay una sola clase de roca. El estudio geotécnico identifica calizas, dolomías y mármoles, que representan el 23,04 % de las categorías recogidas; pizarras y esquistos, el 15,77 %; y areniscas, conglomerados y flysch, el 4,92 %. Son datos referidos a Peñamellera Baja en conjunto, no una identificación de la roca que forma La Loja, el puente de Panes o cada edificio. El valle político comparte un marco geológico diverso, no un único material uniforme.
Las formaciones carbonatadas aparecen descritas como muy karstificadas en conjunto, y otras como medianamente karstificadas. La karstificación puede expresarse en hundimientos: el estudio registra áreas con hundimientos kársticos actuales o potenciales en formaciones carbonatadas. También contempla movimientos actuales o potenciales, como deslizamientos y desprendimientos, incluidos desprendimientos en formaciones rocosas. Son procesos y posibilidades de escala territorial; no describen un suceso concreto en Panes o Abándames.
El informe añade que algunas formaciones, generalmente poco permeables, pueden albergar acuíferos superficiales cuando la alteración o la fisuración abre vías al agua. En general serían poco extensos y de baja productividad, aunque localmente podrían tener interés. Así, las rocas carbonatadas, las pizarras y los demás materiales no son solo nombres de una clasificación: componen el soporte físico del valle y condicionan, de formas distintas, cómo circula el agua y qué procesos pueden afectar a las laderas. Ninguno de esos datos, por sí solo, explica por qué una localidad fue capital.
Panes, el centro que permanece
La vida económica del concejo mantiene una relación estrecha con el campo. La ganadería y la agricultura han sido importantes, y más del 60 % del territorio se destina a uso ganadero, frente a un 2,21 % utilizado para cultivos. En Panes se produce queso Monje; en San Esteban, queso de Peñamellera, y en Buelles, queso chivita. Son actividades distintas de las antiguas disputas de jurisdicción, pero prolongan una historia en la que el valle ha sido, además de una unidad de gobierno, un lugar habitado y trabajado.
Desde 1890, Panes conserva la capitalidad que antes tuvo Abándames. La separación de los cuetos quedó hecha y el centro administrativo encontró su sitio en la localidad que crecía. Al mirar el puente sobre el Deva, el valle ya no aparece como una línea de vigilancia ni como dos unidades que buscan representación: aparece como el paisaje común que sigue enlazando sus pueblos.
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